Mateo llegó a mi casa porque su primera dueña no lo podía tener con ella. Era un cachorro de raza indeterminada, parecía labrador pero su mamá era boxer. Vivió con mi familia varios años, hasta que murió el jueves 23 de Junio de 2005.
Mateo de noche
¿Qué puede decir uno acerca de su mascota? Yo lo quería mucho, y creo que él a mí también.
Nos acompañaba a las caminatas nocturnas, le encantaba la cerveza (sobre todo la espuma), era el eterno enamorado de las perras del barrio; así que por lo menos puedo decir que disfrutó mucho su vida.
Es el único perro que he conocido que no le temía al ruido de la pólvora, por el contrario le encantaba! Brincaba, le ladraba al humo, jugaba con los “volcanes” apagados y era el más aburrido de todos cuando se acababa.
Mateo esperando su desayuno
Todas las mañanas religiosamente esperaba que compartiera mi desayuno con él, y luego salía a despedirme cuando me subía al carro… y hace años, cuando no tenía y me tocaba caminar para tomar el bus… el iba conmigo y aprovechaba para hacer su recorrido matinal: buscar camorra con otros perros, marcar su territorio y comer sus maticas para la digestión. Recuerdo que varias veces salía corriendo detrás del bus en el que me subía como diciendo: “porqué te vas si la estamos pasando tan bueno!
Mateo posando en el prado
Mateo era un survivor. No se le arrugaba a la hora de pelear con perros mucho más grandes que él, inclusive contra jaurías completas. Nunca lo vi perder, aunque si lo vi herido. Sufrió varias enfermedades, inclusive una que lo dejó ciego, pero nunca perdió su alegría y su cariño por la familia.
Me hace mucha falta. Ojalá esté feliz y tranquilo. R.I.P Mateo.
Mateo esperando su desayuno