Desde hace mucho tiempo, y cómo parte de mis meditaciones sobre la vida he venido pensando en algunos casos terribles, donde alguien tuvo que sufrir el error de otra persona. Es muy distinto que lo pisen a uno, o que le prometan hacer un favor y luego se les olvide, a que ocurra algo realmente grave.

Algunos ejemplos: las personas que condenan injustamente, leí de un señor llamado Nelson Bonilla Garzón, condenado a 40 años de prisión por uno de los niños asesinados por el tal Garavito. Lo triste del caso es que ya llevaba 10 años de sentencia cumplida.
Otro ejemplo, hace 22 meses en una captura masiva detuvieron a 62 (sesenta y dos!) personas en Risaralda por supuestos vínculos con la guerrilla y ahora la Fiscalía les dijo que qué pena, que ya se pueden ir para sus casas.
O que tal esta otra perla, a dos personas los detuvieron, les pusieron un uniforme y los expusieron como guerrilleros de las Farc hace 12 años, sólo se dieron cuenta del error porque la talla del uniforme no cuadraba. Si no hubiera sido por ese detallito todavía estarían en la cárcel.
Sigamos con otro caso, hace 27 meses fue capturado un capitán del ejército por supuestos vínculos con los paras y parece que, probablemente, el militar lo que estaba haciendo era una buena labor de inteligencia.

Y para que vean que no me quejo sólo de la justicia, el lunes asesinaron a un economista de 60 años que estaba internado en la clínica Shaio por tres coincidencias: estar internado por problemas cardíacos, tener el mismo apellido de un mafioso, y estar en la habitación que no debía. Al parecer el sicario tuvo la decencia de preguntarle si era el señor Ramírez antes de matarlo a él y herir gravemente a su esposa e hijo que le estaban haciendo visita.

¿O que tal el señor que iban a extraditar porque se llamaba igual que otro?

Y se puede quedar uno toda la vida hablando sobre esos casos, donde por un error trágico pueden acabar con la vida de alguien. Y conste que no me estoy quejando del gobierno ni de la justicia, eso pasa en todas partes, miren el caso del brasileño que corrió en Londres y la policía, al pensar que podría tener una bomba como medida preventiva le metieron siete tiros en la cabeza. O pensemos en los soldados que llevan años y años secuestrados por la guerrilla sólo por estar cumpliendo con su deber de prestar el servicio militar.

¿Qué pasaría si mañana yo voy en mi carro y alguien piensa que soy un traqueto y me fumiga? ¿o si voy a renovar el pasado judicial y me quedo retenido unos cuántos añitos por una investigación pendiente?