La luna escondida

Créanme que lo intenté, muchas veces, y no sé que hacer. La extraño mucho.

Intenté no escribir la tercera versión del haiku (primera, segunda), pero es que ya la tusa me puede, me tiene llevado, fregado.

Ella nunca sabrá lo mucho que la extraño ahora. Ya casi nunca la veo, y menos hablo con ella; pero es mejor así, ya nuestro tiempo pasó y ella es feliz en su nueva vida. Pero me hace una falta terrible, mi celular ya no suena, ya no escucho sus pasos ni su voz… ya no me llama con mi nombre completo.

Ella nunca sabrá que su mirada y su olor me persiguen todo el día. Tampoco sabrá que me encantaba protegerla, y que me hubiera gustado evitarle todos los dolores del alma y del cuerpo; que no me duele tanto sentirme tan mal ahora si sé que por lo menos ella está bien.

Cada lágrima que derramó por mi culpa me quema como ácido.

Me hace falta: ver sus ojos, sus pucheros de niña mimada, sus piernas largas, jugar al zoológico en su espalda, la forma como se acurrucaba cuando iba en el asiento del pasajero, matanga dijo la changa. Me hace falta su compañía, nuestras largas charlas, me hace falta su pereza. Me hace falta hasta su gato.

Pero bueno, ya llevo muchos meses en esto; sobre todo porque se sabía que era una muerte anunciada desde hace rato. Tengo que continuar, move on, ya no puedo seguir más así.

La idea era que cada vez que veía la luna llena escribía un haiku. Pues bien, fue luna llena hace pocos días y por más que le hice cacería nunca le pude tomar una foto. Yo creo que es una metáfora, así que ahí va:

Extraño la luna llena
pero el verano terminó
y las nubes son para siempre

Adiós. Sólo lo entendí yo.