Hombre, los que han venido por aquí saben que me gustan los gatos como al que más, pero definitivamente no sería capaz de tomarme donde las semillas han sido sacadas de los excrementos de un felino.
Llámenme de la vieja guardia pero sinceramente eso no me trama. Además me recuerda algo que leí sobre los campos de prisioneros alemanes e italianos en Siberia después de la Segunda Guerra Mundial: Les daban tan poca comida, y además tenían tan mala digestión, que muchas veces el grano que les daban quedaba en las letrinas, donde redes completas de trabajo en equipo se encargaban de buscar los granos de trigo y cebada, limpiarlos, molerlos, hacer harina, etc.
Que pena con ustedes este post escatológico, pero es que esa noticia me recordó esa historia… pensar que lo que antes hicieron por necesidad ahora hay gente que paga 100 dólares por una libra de ese “cafesito”.