Yo creo que uno de los primeros síntomas al dejar la adolescencia es empezar a tener problemas con el sueño. Cuando uno tiene 15 años es capaz de dormir toda la tarde, levantarse a comer y seguir durmiendo hasta el otro día. Y si la ocasión lo amerita, trasnochar dos días seguidos sin problema.

Por ejemplo, cuando yo presté servicio militar, periódicamente nos tocaba hacer guardia, y a mi muchas veces me tocó el llamado “turno de las putas” de 12:00 a 3:00 a.m. (en teoría se llama así porque a esa hora trabajas las mujeres de moral dudosa y después se van a dormir) y no me molestaba, me quedaba vagando hasta las 12, servía como centinela, luego dormitaba un poco y a levantarse que ya empezó el día.

De la misma forma, dormir era una actividad sin ningún problema, así estuviera preocupado o tuviera al otro día un parcial para el cual no hubiera estudiado nada. Me acostaba, cerraba los ojos y el mundo se apagaba en segundos.

Pero ahora, mi significant other no me cree cuando le digo que con luz me es imposible dormir, que el calor de Cali por la tarde no me deja, que si hay ruido no puedo conciliar el sueño. Ahora, no hay nada más agradable que dormir a pierna suelta, pero si no se puede, pues no se puede.

Por eso, soy yo el más sorprendido cuando ella aplica la técnica en la que me abraza y acaricia la cabeza, nuca, y espalda suavemente. Yo pienso: “uhm, estoy incómodo, así no voy a poder dormir, yo necesito estar boca abajo y con una pierna levantada; tengo la ventana de frente y hay mucha luz, son las 3 p.m. es imposible dormir a esta hora… etc” y de un momento a otro se apaga el mundo y estoy soñando.

No sé si alegrarme o asustarme, digo, porque ella tenga esa clase de poderes sobre mí, o porque que tal que me acostumbre…