Mi significant other dice que yo a veces me quejo mucho. En mi casa cuando era pequeño me decían el pitufo gruñon y hasta me coreaban su frase predilecta: “no lo lograremos, no lo lograremos”.

Acepto muchas de esas críticas, también creo que mi forma de ser incluye no tener el optimismo abstruso de mucha gente que la lleva a pensar que si se está mal no se puede publicar, sino que se tiene que decir “estoy bien, tengo plata, no estoy enfermo, etc” y repetirlo como un mantra y mágicamente las cosas se arreglaran.

Eso no quiere decir que no haya que poner buena cara al mal tiempo, es más yo soy optimista ante la vida, y cuando tengo un problema siempre pienso: “qué es lo peor que puede ocurrir”, y “dentro de 20 años ni me acordaré de esto” y no me estresan los problemas. Lo que me molesta es la actitud de algunas personas de tapar todo y decir que estamos bien y pensar que eso arregla todo.

Pero hoy me quejo. Y lo tenaz es que me quejo de mi mismo. Estoy cansado, tengo abulia (no me dan ganas de hacer absolutamente nada) y vaya si tengo muchas cosas que hacer. Ya no me siento feliz en mi trabajo pero tampoco me sentiría bien dejándolo. Es como una relación de esas aburridoras que llevan años y al final son difíciles de cortar precisamente por lo largas. La verdad son muchos más los momentos descorazonadores que los reconfortantes. Y son tan largos los primeros y tan efímeros los segundos…

Mi vida ideal sería dedicarme únicamente a mi maestría (por ahora), recuperar la alegría de vivir, dormir tranquilo y a pierna suelta, llegar temprano a mi casa y jugar con mi gato, leer muchos libros, hacer ejercicio sin la presión de acabar rápido porque tengo que bañarme y luego almorzar y muévase que la cosa está de afán. Luego al terminar mi maestría no sé. Pero cada día tiene su propio afán.

A veces siento que en muchas vidas la toma de una decision que a la larga fue buena fue causada por un acontecimiento duro de asumir, por ejemplo Babur fue “obligado” a invadir India porque porque dos veces fue expulsado de Samarcanda, su ciudad ideal. Si en ese momento le hubieran preguntado, claro que habría respondido que no, que él quería quedarse en el Turkestán y luchar por la herencia de sus antepasados Tamerlan y Ginggis kan, pero no, la vida fue dura con él y a la larga le fue mucho mejor de lo que le podría haber ido si hubiera luchado por lo que de verdad quería en ese momento.

Aquí es donde viene otro pensamiento constante: “Cuidado con lo que deseas fervientemente, podrías recibirlo” o expresado de otra forma: “En la vida sólo hay dos causas de dolor: no obtener lo que uno desea; y obtener lo que uno desea”.

Hoy estoy más enredado que de costumbre.