… no hay sino que estar vivo, dice el refrán.

Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi vida es en un paseo a “tierra caliente” cuando tenía unos 4 años. Llegamos a una finca con piscina con mi familia y otras personas más amigas de mi padre. Hacía mucho calor y el sol caía a plomo en pleno mediodía. Los adultos estaban organizando cosas, supongo que la comida y bebida, mientras yo parado al lado de la piscina me preguntaba porqué ellos no eran igual de prácticos a mí y se ponían pantaloneta ya en lugar de ponerse a hacer cosas “de adultos”.

Me arrodillé y metí la mano en el agua y estaba helada, deliciosa. Me daba algo de aprehensión porque no sabía qué tan profunda era pero visto desde arriba el piso de la piscina parecía muy poco profundo, efectos de la refracción que llaman. Pues qué creen que hice, si, lo que están pensando, me tiré al agua.

Un segundo después estaba en el fondo de una piscina que no tengo ni idea qué tan profunda era pero desde abajo la superficie parecía estar muy muy lejos. El brillo del sol hacía más difícil mirar hacia arriba, intenté saltar pero no tenía sentido hacerlo, simplemente no iba a llegar y no sabía nadar y ni siquiera flotaba sino que estaba parado en el piso; me quedaban segundos de aire porque como pensaba que el fondo estaba allí no más ni siquiera había tomado una respiración profunda. Y tenía 4 años, 4 años pero ya era consciente de que iba a morir.

Recuerden que estaba al borde de la piscina así que nadie tenía porqué verme, y todo el mundo estaba ocupado en sus cosas y nade me iba a echar de menos por lo menos por unos minutos más, los suficientes para que … ya saben. Lo siguiente que recuerdo fue un ruido de splash y un burbujeo a mi alrededor: un amigo o primo de mi papá se tiró al agua y me sacó.

Yo creo que todos en la vida hemos tenido experiencias similares, todos hemos visto a la muerte rondar cerca nuestro y casi ni pensamos en eso, yo prefiero no pensar en la ocasión que me caí de un tejado 3 pisos hasta el patio de mi casa, lo que potencialmente hubiese podido ser la muerte o la columna rota no paso de un brazo en cabestrillo por un par de semanas; o el accidente en carretera de Bucaramanga a Bogotá con mi familia donde el BMW de mi papá quedó destrozado por completo; o cuando me estaba ahogando con un trozo de comida y nadie sabía hacerme la maniobra de Heimlich, o cuando por intentar salvar a alguien casi me ahogo en el rio Magdalena un Jueves Santo, etc.

Y cuántas veces no nos habremos salvado sin darnos cuenta.

Por eso cuando pasan cosas como la de anoche, que otra vez vi la muerte cerca, me sorprende mi reacción tan tranquila y calmada. No estoy diciendo que sea el putas que en momentos de crisis es el valiente y salva la situación, simplemente que si lo que se pierde son cosas materiales siempre pienso en que si tuviera la oportunidad de elegir, preferiría como todo el mundo perderlo todo excepto la vida.  El saber eso me da una paz, una calma tan profunda que hace que lo que esté pasando no me importe nada (uno de los tres rasgos de mi personalidad según el perfil psicológico que me hicieron hace muuucho, según la psicóloga a mi no me importa nada en el fondo, y la cosa es incluso patológica).

Como dijo Aquiles cuando fue visitado por Ulises en el Hades después de su muerte y Ulises lo felicitaba por ser el señor de los muertos en virtud de su fama en vida:

No pretendas, Ulises preclaro, buscarme consuelos
de la muerte, que yo más querría ser siervo en el campo
de cualquier labrador sin caudal y de corta despensa
que reinar sobre todos los muertos que allá perecieron

Eso si lo tengo muy claro, y lo siento, las cosas materiales no importan, la vida si. Por eso me gusta tanto el budismo zen, porque le hace entender a uno cosas como esta: (no es exactamente budismo zen sino sufismo pero el sentido es el mismo):

Le preguntaron cierta vez a Uwais, el Sufí: «¿Qué es lo que la Gracia te ha dado?».

Y les respondió:«Cuando me despierto por las mañanas, me siento como un hombre que no está seguro de vivir hasta la noche».Le volvieron a preguntar:«Pero esto ¿no lo saben todos los hombres?».

Y replicó Uwais: «Sí, lo saben, Pero no todos lo sienten»

Estoy seguro que yo lo siento.

Ustedes lo sienten?