Apr 27

A pesar de la advertencia final, mi post pasado causó algún revuelo entre algunas almas piadosas que no se tomaron la molestia de leerlo con cuidado. Por esta razón y para salvaguardar mi honor me veo obligado a hacer énfasis en tres cosas:

a) En la frase inicial se explica que los hechos relatados ocurrieron HACE VARIOS MESES. No fue la semana pasada.

b) En dos partes, especialmente al final, hice énfasis en el hecho de que NO TENGO NINGUNA INFECCIÓN. Esta es tal vez la parte más perturbadora del asunto: recibí comentarios, correos y llamadas de personas que me decían que qué clase de infección tenía y que si ya se me había quitado.

c) Les invito amablemente a que lean el about de este blog.

Fin del disclaimer.

Ahora si continuemos relatando los hechos que, PASARON HACE VARIOS MESES, y que demostraron que NO TENGO NINGUNA INFECCIÓN.

El dia que tuve la entrevista con esa médico salí un poco aburrido para mi casa e inmediatamente comencé a tomar los analgésicos y los antibióticos. Según ella el dolor y la inflamación debían ceder. Al otro día todo amaneció peor. Todo es todo. Es más, me daba unas punzadas que sentía que en ellas se me iba la vida.

Las punzadas me recordaban la idea tibetana-budista de que el alma está pegada al cuerpo por un hilo de plata y que, cuando uno tiene un sueño o viaje astral o algo así, realmente lo que ocurre es que el alma divaga como turista y lo único que la pega al cuerpo es el mencionado hilo; cuando uno muere, se corta definitivamente.

Las punzadas eran tan terribles que no podía dejar de pensar en agregar una idea complementaria a esa teología: en los hombres el famoso hilo de plata que une el alma al cuerpo lo tenemos amarrado literalmente de las pelotas, y esas punzadas eran los tirones en el hilo causados por mi alma en sus intentos por salir.

En cada punzada se sentía el famoso hilo estirándose, templado como una cuerda de guitarra a punto de reventar, mientras yo apretaba nalga y con los dedos me hacía presión como a la izquierda del ombligo. No es que las tuviera ahí del miedo, es que con esa presión a esa altura el dolor se mitigaba ligeramente.

El caso es que el dolor no sólo no se calmo, sino que, como se habrá podido inferir, aumentó. Por eso religiosamente al despertarme fui al médico con la felicidad de poder demostrarle que no tenía ninguna infección, pero con el miedo de ahora si quién sabe qué me pasó.

Es como la historia de uno estar feliz cuando sale de reunión con su tutor de tesis: uno sale feliz porque está jodido; similar a la metáfora que usé alguna vez y que me valió ser owneado: estar feliz porque, aunque te duele una gueva no es una infección, es como estar feliz después del sexo anal porque, a pesar de que te clavaron, por lo menos tuviste sexo.

Para mi fortuna los dioses de la testosterona se apiadaron temporalmente de mí y me tocó un médico hombre, un hombre que sabe lo que se siente y sabe con qué amor uno las quiere. Para esas cosas es mejor un hombre, es que todavía recuerdo mi primera experiencia cercana del tercer tipo: a mis 16 años en el primer examen médico para ingresar al ejército me tocó una doctora negra; a propósito, esas historias que cuentan que si en esos exámenes alguien tiene una erección le pegan con un caucho de oficina son eso, historias, uno con ese susto de que se lo van a llevar al ejército a prestar servicio militar en lo último que puede pensar es en eso. Por el contrario, uno sólo quiere decir: ella normalmente no es así, es el frío, son los nervios, de veras!

La doctora negra nos hizo desnudar a todos e iba pasando uno por uno revisando los ojos, dientes, dedos, columna, pies, etc. El momento más temido era cuando lo revisaba a uno ALLÍ y verificaba que las tuviera completas y en orden. No sé porqué, pero en mi caso las jaló y apretó con una delicadeza propia de su sexo: los hombres conocemos bien esa sensación de sudor frío y dolor de estómago que precede al dolor causado por un golpe o apretón.

Al consultar después con mis compañeros, todos coincidimos en lo mismo, que dolor tan hp en el momento de ese tirón. Todavía no sé por qué pasó eso, pues tuve 3 exámenes más en mi servicio militar y nunca sentí lo mismo. ¿Se estaría vengando atávicamente de un despecho? ¿Su papá no la abrazada de pequeña y odiaba a los hombres? Ni idea.

La cuestión es que así como nosotros los hombres nunca entenderemos un cólico menstrual y nos parecerá una estrategia baja de manipulación, las mujeres nunca entenderán un dolor allí, es algo tan primitivo que debe estar asociado al cerebro reptil, no se puede razonar sobre eso, simplemente duele.

Después de este periplo para ilustrar el porqué prefiero doctores hombres para esos avatares, continúo contando lo feliz que estaba porque probablemente no era una infección lo que tenía.

El doctor me revisó, tomó nota de mi andar cojeante y afortunadamente se preocupó tanto como para enviarme directamente a un ultrasonido.

Yo estaba feliz dentro de lo posible, por fin iban a saber qué tenía, pero no era ninguna masa o protuberancia que pudiera indicar el temido cáncer de testículo.

En eso estaba cuando me llamaron para el ultrasonido y cuando ingresé estaba una señora como en sus 40 años muy delicadamente peinada y maquillada escribiendo en un computador. Tenía un aire tan de mamá o abuela que instintivamente la tomé por una enfermera, y cuando me dijo que me quitara los pantalones pensé que me estaba preparando para el ultrasonido. Pero cuando me fijé en el carnet que tenía en la solapa de la bata, me di cuenta que era la Médico Radióloga.

Holy Mother of God.

Otra doctora.

Puse la mejor cara que pude, me quité la ropa y la doblé cuidadosamente y puse el libro que llevaba al lado de los pantalones. Siempre cargo uno o dos libros conmigo y más cuando voy a hacer alguna vuelta, uno nunca sabe cuándo va a tener que esperar. Muchas personas piensan que es una buena costumbre, y que tan bueno ser como yo que leo rápido. Lo que no saben es que la lectura es un vicio terrible, siempre se tiene que estar leyendo algo, la mente es el peor enemigo, si la dejo sola y quietica 5 minutos se enloquece, por lo menos mientras leo no pienso.

Por más que intento no recuerdo qué libro llevaba ese día, si no estoy mal era algo sobre la Guerra del Peloponeso. Es una lástima porque el título del libro juega un papel importante en la historia, pero qué se le va a hacer, mi memoria es así. El caso es que me acosté sin ropa de la cintura para abajo en una camilla, por cierto preferiría estar completamente desnudo, me parece más humillante quedarse en camisa; pero bueno, quedé acostado allí mientras la doctora se ponía sus gafas de lectura (plop), se me acercaba con una especie de frasquito y a continuación me dice:

—¿Porqué viene?

Dios mío, pensé, otra vez ese interrogatorio? Porqué el médico no me libró de eso explicándole a ella a qué vine hoy? Cómo pude y otra vez tartamudeando le conté lo mejor que pude.

—Por favor abra bien las piernas, tome su pene con la mano derecha y llévelo lo más lejos que pueda.

Nunca entendí porqué, si todos los demás médicos me habían “manipulado” allí de todas las formas posibles y grados de delicadeza, ésta en particular me pedía eso, pero bueh. Hice lo que me pidió mientras sentía como me esparcía la fría gel de ultrasonido de la misma forma como si le estuviera echando bronceador a un cocodrilo.

Luego tomó el aparato del ultrasonido y empezó a pasarlo por el TI, el TD y zonas aledañas. Afortunadamente eso no dolía, porque demoró como unos 10 minutos, miraba, remiraba, me pedía toser, hacer fuerza, relajarme y ella miraba y miraba. Estuve tentado a decirle que si, que para mi también eran lo más hermoso que uno podía ver en la vida.

Después de una eternidad, paró súbitamente y me dijo que habíamos terminado el examen. Se dirigió a la puerta como indicándome la salida al tiempo que me pasaba la toalla de papel más pequeña que se pueda imaginar. Inmediatamente recordé la cafetería vieja de la universidad donde el dueño pasaba sus ratos libres destapando la caja de las servilletas; las tomaba una a una, las abría y cortaba en 4 pedazos para luego doblar por la mitad cada pedazo en un triángulo. Era tan tacaño que en el almuerzo le daba a cada persona uno de esos triángulos y si uno tenía la osadía de pedir más servilletas, con calculada cortesía le daba otro triángulo con los ojos tan llameantes de furia que uno nunca jamás volvía a pedir una más.

Así me sentía mientras la doctora simultáneamente se dirigía a la puerta, me pasaba la minúscula toalla de papel y me decía que el examen había terminado. Sólo me quedaba recoger mi dignidad en pedacitos y salir de allí lo más rápido posible, pero primero debía limpiarme toda la enmelocotonada que tenía en la entrepierna, porque ah generosa si fue con la famosa gel, vestirme como pudiera y salir de allí.

 

Muchos fragmentos de mi vida se han olvidado, algunos para bien, otros para mal, pero nunca olvidaré que a la primera pasada esa toalla se empapó de gel y quedé como la persona que está en el baño y descubre que el papel se acabó. Por la forma en que me dió la espalda quedaba claro que la doctora no quería saber nada de mí y yo no quería pedirle otra toalla, así que la usé y reusé todo lo que pude y, aunque quedé peor que al inicio, me consolé pensando que uno debe elegir las batallas que puede ganar y que no me iba a morir por ir hasta mi casa ligeramente atollado.

El problema es que mi ropa estaba como les conté cuidadosamente doblada en la silla al lado de la entrada, junto al libro y junto a la doctora que me daba la espalda. No tenía otra opción que pararme de la camilla e ir por ella: en camisa de la cintura para arriba y desnudo de la cintura para abajo. ¿Porqué es tan humillante esa situación? porque es igual que estar en bata de hospital, es bata que no abriga ni cubre lo importante y que como estratégicamente cubre lo que no importa y no cubre lo que si, hace que uno se vea incluso más desnudo y desamparado que si no tuviera nada.

Como trataba de acercarme furtivamente, no me di cuenta sino hasta el último momento que, la doctora que me estaba dando la espalda tenía la cabeza abajo y estaba concentradísima leyendo el título del libro y, preciso en el momento en que yo tomaba mi ropa, ella cogía el libro, se volteaba y me decía:

—Está muy interesante el libro, de qué trata?

WTF!

Yo he tenido muchas escenas surrealistas en mi vida, pero es difícil superar el estar desnudo tipo bata de hospital, con todo almidonado “por allá”, con la ropa en la mano izquierda y a medio metro de una doctora que tiene mi libro en su mano y lo ojea mientras me pide su opinión sobre la guerra del Peloponeso. Yo sólo podía pensar cosas como:

¿Qué reglas de urbanidad sigue uno en ese caso? Todas pasaron por mi cabeza en ese momento: ¿será más grosero vestirme como si no la hubiera escuchado, o hablar de historia con todo al aire? ¿Podré ponerme la ropa interior con naturalidad al frente de ella mientras diserto sobre Tucídides? ¿Qué pasa si le interesa lo que digo y se sienta para escucharme mejor? ¿Me le siento al lado, o mejor le doy la espalda?

Todavía no sé cuál era la reacción adecuada para la ocasión, si alguien la sabe por favor ilústreme, a mí la urbanidad de Carreño no me preparó para esta situación.

Mi memoria, afortunadamente, se vuelve borrosa por la vergüenza, sólo sé que salí de allí a esperar el resultado del examen, con el libro en la mano, vestido completamente (gracias a Dios), caminando como si tuviera un cojinete engrasado en la entrepierna (técnicamente lo tenía) y con la toallita de papel empapada de gel en la otra mano.

 

(Continuará)

 

P.D. NO TUVE, NI TENGO, NINGUNA INFECCIÓN, CAPICCI?

written by Saudade \\ tags: , ,

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One Ping to “Sobre dolores y doctores (II)”

  1. En la que se habla acerca de solicitar un permiso en el Ejército Colombiano » Disquisitiones WordPress 2.9.2 Says:

    […] finales de 1994 ingresé al Ejército Colombiano como soldado bachiller (historia de la cual conté un poco aquí y aquí también). En el año que estuve allí me pasaron las más variopintas anécdotas, que […]


9 Responses to “Sobre dolores y doctores (II)”

  1. 1. iki Windows Vista Opera 9.64 Says:

    Yo quiero la continuación…

    [Reply]

  2. 2. lapetra Windows XP Mozilla Firefox 3.0.10 Says:

    El que se halla devuelto a preguntarte por el libro solo demuestra el poco o nulo interés que tenia en tu falo, imagínate cuantos falos al día puede ver una doctora, debe haber visto tantos que de seguro el tuyo no fue el mas memorable ( ni lo seria el mió en la misma situación).

    En otros apartes, exijo que publiques la carta a Emcali, tal cual como la redactaste con la furia en la cabeza, es de lo más divertido del mundo, si no lo haces de aquí al jueves, voy a poner como comment la versión que tengo de ella..

    [Reply]

  3. 3. Carolina Windows Vista Mozilla Firefox 3.0.10 Says:

    de acuerdo..me gusta la carta de EMCALI(tengo copia también)..y también quiero la continuación…

    [Reply]

  4. 4. Isaja Windows Vista Mozilla Firefox 3.0.10 Says:

    Tuve que leer ambos para enterarme bien del cuento…. bien extraño por cierto o mas bien incomodo y sin ánimo de ofender.. muy cómico jejeje…

    Si, tienes toda la razón.. es maluco uno mostrarle las intimidades a los doctores :S malditos ginecólogos (esa carrera deberia decir “solo para mujeres”).. una se siente observada, como violada y ultrajada. No dan ganas que ni pregunten “como te fue en el médico?” y uno piensa

    Ya quiero seguir leyendo lo que sigue jejejeje…

    [Reply]

  5. 5. melendex Windows Vista Mozilla Firefox 3.0.10 Says:

    Hola paisano, un saludo desde Londres.
    Y eso no es nada, espera a que te hagan el primer examen de próstata..that’s really embarrasing.

    [Reply]

  6. 6. poupée Windows XP Mozilla Firefox 3.0.10 Says:

    Trop drôle cette histoire, j’étais morte de rire à mon bureau. J’adore comme tu écrives… tu le sais d’ailleurs, j’espère que ça va mieux, mais je veux quand même la continuation…

    [Reply]

  7. 7. Mlpz18 Windows Vista Mozilla Firefox 3.0a8 Says:

    Ay yo te entiendo. Una vez tuve que ir por algo similar. Me atendió un doctor.. que me remitió donde una doctora…
    Es una mezcla entre verguenza, humillación y un no se qué de twiligth zone.
    Sí, ellas con su mestruación, nosotros con el dolor de huevas.

    [Reply]

  8. 8. Ernesto Windows XP Google Chrome 1.0.154.59 Says:

    esperando la continuación…

    [Reply]

  9. 9. Jaime Valle Windows XP Internet Explorer 6.0 Says:

    Al fin que infeccion o no?? jejeje, de acuerdo lo incomodo que se siente que una doctora le manosee los td, ti y el mc (miembro colgante). A mi me paso algo igual pero el h.p doctor, novato por cierto me envio a ponerme hielo sobre ambos T como por 5 dias, estaban mas arrugadas que uva pasa, y nada que se me quitaba, luego al volver donde el medico que si era, le dio con el chiste.

    [Reply]

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