Nov 02

Lectores desaprensivos de este blog (los 4 gatos) se preguntarán tal vez el porqué de la cuasidesaparación del mismo, máxime cuando quedaron tantas historias por terminar de contar, historias tan interesantes como la de mi dolor de guerras (espero que nadie haya perdido el sueño durante dos años pensando qué sería la vida de mi pobre gueva (el corrector de ortografía de este macbook (tan chicaneo, no?) insiste en cambiarme gueva por guerra (habrá algún *lapsus linguae* pendiente por descubrir allí? (debo dejar de anudar paréntesis, ni los 4 gatos ni yo ya sabemos de qué era que estaba hablando)))) Uf, me sentí como programador cerrando las } al final de cada métodos (no más paréntesis, lo prometo)

Bueno, tal parece que hablábamos de las historias que quedaron por contar, como la conclusión de mi dolor de guerras guerra, como las muchas y muy variadas historia de las locas, como las historias del soldado perroculo en el ejército.

Si algún día se escribirán, no sé, la verdad con la chucha variada del RER parisino no es que le queden a uno muchas ganas de reflexionar en los vericuetos de la vida cotidiana.

Parte del problema lo tiene el epigrama de Tolstoi al inicio de Ana Karenina: “Todas las familias felices…”. NO quiero dar a pensar, ni mucho menos, que ahora “soy feliz” y por eso ya no escribo, digamos más bien que he resuelto el dilema agobiador que me acosaba: la muerte y el miedo.

Muchas noches de mi infancia y lejana juventud las pasé no dedicado al onanismo sino a pensar qué pasaría después de la muerte, y el problema no era tanto el concepto de la muerte sino más bien el de la existencia, o más precisamente, de la consciencia. Frente a la muerte sólo quedan dos posibilidades, o todo se acaba, o nada se acaba.

Ambas para mi eran igual de aterradoras… (continuará si hay público…)

written by Saudade

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