Sep 04

Algunas de las frases que recuerdo de nuestros queridos oficiales y suboficiales del glorioso Ejército Colombiano.

Supongo que ya no las dicen o si no se echan encima a los derechos humanos, a las ONG, y a las feministas:

Primero empezaban con una suave:

Soldados pecuecudos y malolientes, coscos, no merecen ni el aire que respiran ni la comida que comen!

Unos dias después iban subiendo el nivel:

Soldados hijueputas, puras maquinitas de hacer mierda; no sirven pa un culo

Pero insultos más recurrentes venían a la formación: a los suboficiales les ofendía enormemente que los soldados no siguieran correctamente las instrucciones de “orden cerrado”: es decir, como formar y moverse en respuesta a las voces de mando.

Como ejemplo, el famosisimo: “a discreción, atención, FIRMES!!!”. Cada instrucción verbal debía traducirse por unos movimientos precisos y a la voz de FIRMES! todo el mundo debía estar alineadito formando filas e hileras y sobre todo quieto, QUIETO.

Como es normal en una formación de decenas de soldados siempre habrá alguien que se mueve un poquito y esos movimientos se notan instantáneamente porque rompen la simetría.

Esas fallas como ya anoté hacían rabiar hasta la apoplejía sobre todo a los suboficiales, quienes nos rociaban con lo más granado y florido de los insultos castrenses. Es de admirar el nivel de ingenio en la composición de estos insultos, y sobre todo la apelación directa a la santa madrecita de cada soldado:

Se comenzaba suavemente:

Se mueven los semovientes…Van a voltear!!!

En ausencia de resultados las cosas subían de tono:

Mis soldados se mueven en la formación como se mueven sus putas madres cuando pichan…

En casos extremos remataban con finos proverbios como el siguiente:

Mis soldados “nuevos” por no decirles palomas (reclutas triplehijueputas) se mueven en la formación como se movían las putas de sus madres cuando se las culiaban los camioneros de la plaza de mercado a las tres de la mañana para después irse a vender tintos con el niño que ahora es DIZQUE soldado de la patria….

Después de eso ya no quedaba sino voltear, pero ese será tema de otro post…

written by Saudade \\ tags: , ,

Aug 29

—Mi soldado Tamayo pasó por el colegio pero vendiendo empanadas o tirando piedra, no?—dijo el Sargento Viceprimero Reyes
—Si mi sargento, pero… YO PASÉ!
—AHHHHHH, PERO PASÉ, MUY DESCUADRADO MI SOLDADO, VENGA PA CÁ Y ARRANQUE CON 22 DE PECHO!
Vamos a ver si mi soldado coge seriedad mientras hace el turno de las putas*

* Turno de las putas: Dícese del turno de centinela o guardia que se lleva a cabo entre las 0000 y 0300; es decir entre media noche y 3 de la mañana.

Es el horario de guardia más detestado por los soldados: uno termina prácticamente pasando derecho toda la noche, porque se debe estar listo desde antes de comenzar, digamos desde las 11:40 pm, entonces para qué acostarse si uno se va a levantar a las 11 pm.

Pero lo peor viene al terminar el turno de guardia, acostarse a dormir por 2 horitas; y si uno toma café para pasar el turno de guardia, pues después no duerme ni Dios.

En conclusión, uno pasó prácticamente la noche en vela y al otro dia normal como si nada.

Un castigo (tortura?) típico en el ejército era hacer UNA SEMANA el turno de las putas, eso quebraba hasta al más varón, o como me dijeron algunas veces:

—Mi soldado Tamayo va a trasnochar hasta que le salga callo en los ojos

written by Saudade \\ tags: , , ,

May 30

written by Saudade \\ tags:

May 17

En el post anterior comencé con la idea de contar cómo es el proceso a seguir cuando se solicita un permiso a un superior en el Ejército Colombiano.

Todo le sorprende a uno cuando entra al ejército, como les contaba en el post pasado, todo es diferente, es un mundo con sus propias reglas, es como un juego de rol en el que uno comienza nivel 0 y lo sueltan en plena pelea y defiéndase mijo como pueda o si no se lo come el tigre, o mejor aun, lo mordió la vaca, mi lanza.

En el Ejército todo es burocracia, todo tiene un procedimiento. Si usted necesita pedir un permiso por cualquier razón, lo primero que debe saber es que en el Ejército nada se pide, sino que se solicita. Uno nunca dice: “Mi primero, necesito pedirle un favor”, sino “Mi primero, para solicitarle xxxx”, que se abrevia a “Mi primero, pa’tale”. (Primero es la forma de dirigirse a un sargento viceprimero, o primero)

Lo segundo que hay que saber es que, por lo menos cuando uno es cosco (conscripto, recluta, nuevo), uno pide esa clase de permisos al comandante de la compañía, quien suele ser un capitán comemierda a quien uno sólo ve una vez al dia en la formación de la mañana, donde se establece el parte del día y se presentan las novedades.

En ese momento el capitán dice, algún soldado necesita solicitar algo? Uno responde cuadrándose (poniéndose firme) y gritando, “Firme, mi capitán” y corriendo al frente de la compañía para dirigirse directamente al capitán.

Todo eso lo sabíamos porque parte de la instrucción que nos daba el cabo del pelotón consistía en enseñarnos toda esa idiosincrasia castrense, el cabo nos dedicó una mañana completa a que aprendiéramos cómo pedir un permiso:

“Soldados, cuando el capitán pregunte si alguien va a solicitar un permiso, ustedes se cuadran, salen corriendo al frente de la compañía, forman una hilera y ahí el capitán se dirigirá a cada uno de ustedes. Cuando les toque su turno ustedes se cuadran de nuevo y se presentan de la siguiente forma:”

Mi capitán, el soldado XXXXXYYYYYY, que solicita un permiso para ZZZZZZZZZ, se presenta!”

“Y ahí en ese momento, mis soldados, el capitán les podrá hacer más preguntas y conceder o negar el permiso”

A mi me sonaba muy chistosa esa frase. Sonaba muy cortada, para mi sería más natural decir algo así como “Mi capitán, me presento, soy el soldado XXXXX y solicito un permiso para ZZZZZZ”. Pero no, así son las cosas, tocaba hablar en tercera persona y además separar la frase de esa forma tan innatural. Pero bueno, qué se le iba a hacer, así era el Ejército, donde no se conocían precisamente por ser coherentes y lógicos: nos ordenaban hacer aseo y dejar todo pulidito pero no teníamos implementos decentes, ni siquiera una escoba o un trapeador que sirvieran para algo.

Minutos después el cabo nos gritó: “Vamos a ver si entendieron, vamos a hacer una prueba! Quién quiere salir?”. Nadie salió, obviamente, siguiendo una de las normas no escritas del ejército, pero no por no ser oficiales menos sabias: El soldado ni se niega NI SE REGALA.

Quiso mi hado que el cabo me mirara y dijera: “A ver soldado Tamayo, pase al frente y nos muestra como pediría un permiso, PERO MUÉVASE”. Y salgo yo, como no, con las dudas existenciales y gramaticales, sin que se me ocurriera nada digno de pedir permiso, con la incomodidad de hablar en tercera persona y más frente a la horda de tumaqueños que me tocaron como compañeros de curso…

“Permiso mi cabo, el soldado Tamayo… ” (aquí empezó la primera vacilación, no quería decir el soldado Tamayo QUE solicita porque me sonaba horrible, entonces la dudé y cambié el qué por un quien)

“Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, quien solicita un permiso para…” (segunda vacilación, no se me ocurría nada que me llevara a pedir permiso de algo… entonces dije, bueno, si es porque mi mamá se enfermó o algo así si pediría un permiso…)

Lo cual me llevó a terminar la frase así:

Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, quien solicita un permiso para visitar a su madre, se presenta

Me cuadré en posición de firmes y sonreí con la satisfacción del deber cumplido, esperando las felicitaciones del cabo. Pero lo siguiente que escuché fue la risa de los 42 tumaqueños-pastusos (redundancia, lo sé) del pelotón, a quienes les parecía chistosísimo el que yo fuera capaz de mentarle la madre al cabo en plena instrucción.

Tal como lo oyen. Por andar pensando en tercera persona, tampoco me di cuenta de lo que ustedes probablamente tampoco han notado; pero veámoslo más detenidamente

Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, quien solicita un permiso PARA VISITAR A SU MADRE, se presenta

A los soldados les hizo mucha gracia, al cabo, por alguna razón, no. Por más que intenté explicarle porqué dije lo que dije, por mucho que traté de mostrarle que si uno empezaba hablando en tercera persona tenía que seguir así hasta el final, siguió sin hacerle nada de gracia.

Yo voltié mucho en mi año en el ejército, después como buen perroculo aprendí a evadirme y desprenderme de todas las responsabilidades, pero allí estaba todavía demasiado nuevo y pagué mi finesse gramatical con una voltiada de horas y horas y muchas otras de centinela y de aseo.

Tal como la Biblia dice: “las perlas no se deben echar a los cerdos”: en el ejército uno no debe discutir de gramática con los suboficiales.

Por otra parte, tuve mis primeros 15 minutos de gloria en el ejército, mi leyenda se extendió por otros pelotones: yo era el famoso soldado Tamayo, el que se atrevió a arriarle la madre al cabo y burlarse de él en frente de todo el mundo, el que le dijo que quería visitar A SU MADRE.

Yo nunca quise ganar esa inmerecida fama, y créanme que intenté explicarle a todos que gramaticalmente yo no había dicho nada incorrecto y que mi motivación no era burlarme de nadie sino decir las cosas bien. Pero nadie me entendió.

De allí en adelante, siempre que el cabo me decía que pidiera un permiso, decía:

Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, que solicito un permiso para visitar mi mamá, se presenta

Así se me revolviera todo por dentro por el atropello al idioma.

Tiempo después aprendería las artes del perroculo y ya no sufriría por esos detalles: ni siquiera tendría que pedir permiso sino que me lo “tomaría por derecha”.

Evadido mi soldado!
– No mi teniente, estaba ayudándole a mi Coronel a imprimir en el computador…

(continuará)

written by Saudade \\ tags: , , ,

May 05

A finales de 1994 ingresé al Ejército Colombiano como soldado bachiller (historia de la cual conté un poco aquí y aquí también). En el año que estuve allí me pasaron las más variopintas anécdotas, que desafortunadamente ya se me están olvidando poco a poco. Por eso quiero contar algunas, porque este blog es, a la larga, una ayuda para la memoria.

El ejército, como cualquier otra institución, tiene su propio lenguaje, cultura, reglas, procedimientos. Es un submundo que para los de afuera es raro, pero que tiene mucho sentido para los de adentro. Por ejemplo, en el ejército uno no pide nada, sino que solicita; uno nunca se regala, pero tampoco se niega (nunca hay que ofrecerse para nada, pero si un superior le dice algo, se hace); nunca hay que ser el primero, pero tampoco el último; el aseo es lo más importante (cosa en la que estoy de acuerdo, pero que lleva a que nos autonombráramos los “hombres de acero”…. “de ACER OFICIO), y la virtud más importante en un soldado no es la valentía, ni el arrojo, ni la obediencia, sino el ser perroculo.

Perroculo es un término intraducible al español, es como una mezcla entre sagacidad, astucia, pero no para el bien sino para el beneficio personal, y sobre todo, para la pereza. Es realmente difícil definirla, es mejor verla en acción:

  • Un soldado perroculo es aquel que, cuando el sargento de la compañía la lleva a hacer aseo (y les encanta ponerlo a uno a barrer calles, recoger hojas, limpiar baños…), misteriosamente “fue a llevarle una razón a mi coronel y por eso no estaba, mi sargento”.
  • Un perroculo es aquel que cuando la secretaria está armando las listas con los horarios de centinela para la semana, le hace la charla y nadie sabe cómo pero termina en el horario de 1800 a 2100 (6 a 9 pm para los que no quieren pensar), mientras que a los demás les toca de 0600 a 1800 (delicioso estar parado 12 horas bajo el sol) o un turno más coqueto como 0000 a 0300 (el famosísimo turno de las putas). Las ventajas del horario de 1800 a 2100 son bien conocidas: es corto, de noche entonces no hace tanta calor ni toca chupar tanto sol, no se trasnocha, y no toca formar para la “recogida” (última formación del día a las 2000)
  • El soldado perroculo es aquel que termina como estafeta de mi coronel o como coductor de mi teniente… así no tiene que formar, come en la casa, se la pasa aberrojeando a la hija del coronel… ustedes me entienden la idea.

Aclaro que todo esto me lo contaron.

El maestro de los perroculos, esa criatura mítica a quien nadie conoció pero que todos tenían un amigo de un amigo que era primo de él, era aquel soldado que prestó servicio militar, pero que jugaba tenis, o golf, o alguna pendejada de esas, y ESTABA EN COMISIÓN DE DEPORTES representando al glorioso ejército Nacional: nunca formó, ni tuvo uniforme, ni comió la asquerosa comida del rancho, sino que se la pasó viajando compitiendo por las FFAA, y al final tuvo la mismo tarjeta militar de primera categoría que los demás. Ese tipo si era un capo.

Lo que distinguía a un perroculo profesional de un simple perezoso como la horda de tumaqueños con quien me tocó vivir era simplemente su inteligencia: no se puede abusar del sistema, es bueno estar en la zona gris pero uno no puede ganarlas todas. Como en la vida, uno debe elegir cuidadosamente las batallas que va a luchar, porque no todas se pueden ganar.

Un simple perezoso no hacía bien su trabajo, por ejemplo dejaba el aseo a medias; un perroculo conseguía librarse del aseo por unos dias, pero no por siempre; cuando le tocaba limpiar un prado de hojas o lavar una hilera de baños, los dejaba inmaculados. De esta forma el perezoso se ganaba la volteada (ejercicio) mientras que el perroculo quedaba como un príncipe.

Un perezoso llegaba tarde los días de permiso y de una quedaba castigado para el siguiente; el perroculo estaba uniformado y formando fusil en mano media hora antes del fin del permiso para no cagar la vara.

Un perezoso se dormía de centinela, algo gravísimo en el ejército que puede acarrear desde una putiada del sargento de guardia, hasta simplemente 2 años de cárcel en cuatrobolas (la cárcel del ejército); pasando por la humillación de formar una semana con fusil de palo.

En cambio un perroculo se esforzaba por tener horarios decentes de centinela, pero cuando le tocaba el turno de las putas (e inevitablemente le tocaría alguna vez) se aprovisionaba del combo café, aspirinas y cocacola y estaba listo para saludar al sargento que pasaba revista de guardia. Era un centinela ejemplar, de esos que a uno le gustaría que le velaran el sueño.

No quiero con esto dejar la impresión de que un perroculo es un vulgar lamesuelas, todo lo contrario, siente un desprecio visceral por la autoridad ignorante (en su fuero interno los cabos siempre serán QUEPOS y los subtenientes SWICHES) y se sabe mejor las reglas del ejército que los propios oficiales: no se trata de luchar contra el sistema y gritar “maldito ejército” como el pobre negro designado para cargar la M60 (pesa más que el demonio), sino luchar contra el sistema SIGUIENDO RELIGIOSAMENTE las reglas. Antes de Mockus, los perroculo ya hablábamos de la “Legalidad Democrática”: la sociedad debe cumplir las reglas y quien intenta salirse de las normas pierde.

El perroculo es, por lo tanto, un profundo egoísta, y por lo tanto feliz, porque la felicidad se basa en el egoísmo, en el primero yo y me importa un pito el resto de la humanidad. El perroculo es un perfeccionista, porque nadie lo puede acusar de descuidado o perezoso o de que haga sus tareas mal; por el contrario, cuando hace algo lo hace mejor que nadie. El punto es que prefiere no hacerlo y dedicar su tiempo a labores que lo hagan más feliz que limpiar letrinas o perder su sueño en una garita de centinela.

El perroculo es, sobre todo, un sabio. Como dice la famosa oración: “Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; dame fuerza para cambiar las que puedo cambiar, y dame sabiduría para reconocer la diferencia”, lo más importante en la vida es saber cuándo pelear o no; y cuando toque, hacerlo lo mejor que se pueda.

Este post comenzó con la idea de relatar el proceso de pedir un permiso en el Ejército, pero por lo visto sobre eso hablaré otro dia.

written by Saudade \\ tags: , ,

Apr 08

Que la democracia sea “el menos malo de los sistemas de gobierno” ya es un lugar común. Yo preferiría una democracia limitada a los que pagamos impuestos, o sea a los que nos importa el país en algo, y no a la turbamulta de infelices que se dejan comprar por un tamal. Pero bueno, eso no va a ocurrir, así que no discutamos sobre eso, concentrémonos en lo que tenemos a mano, la terriblemente peurca democracia colombiana.

El colombiano sufre de dos males: no soporta “perder” su voto y no soporta un elegido que sea mejor que él. Analicemos estas dos premisas con cuidado.

1. Un colombiano no vota por el candidato que cree más conveniente, un colombiano vota por el que cree que va a ganar. Absurdo, cierto? O sea uno se pone a pensar en que el candidato que el colombiano cree que va a ganar es aquel a quien las encuentas montan de primero.. y luego piensa en quiénes hacen las encuestas… y llega a la conclusión de que este pais es una completa mierda. Lo cual no está lejos de la realidad (es una completísima mierda)

¿Qué puede hacer uno ante esa insensatez?

2. En la antigua Atenas había una práctica llamada “ostracismo”. Los ciudadanos de Atenas podían votar para que una persona se fuera de la ciudad por 10 años. Lo triste es que condenaron a este castigo a muchos de los más importantes políticos de Atenas, a quienes hicieron más por ella: Temístocles, quien ganó la batalla de Salamina a los persas y salvó a la ciudad; Cimón, compañero del anterior; y a Arístides, cuyo caso fue particularmente triste.

Arístides era un político tan, pero tan puro, que todo el mundo sabía que era incorruptible. Era tan justo que lo eligieron para que calculara los impuestos que debía pagar todo el mundo, Y NADIE SE QUEJÓ. Era tan justo, que la gente le decía como sobrenombre: “el Justo”.

Arístides el Justo.

Ese mismo Arístides fue condenado al ostracismo. Cuenta la leyenda que un ciudadano analfabeta se acercó a Arístides el dia de las votaciones y le pidió que le ayudara a escribir un nombre porque quería que le aplicaran el castigo del ostracismo a esa persona.

Este infeliz analfabeta no reconoció a Aristides y le pidio que escribiera ese nombre para que fuera desterrado. Arístides sorprendido le preguntó que porqué quería votar en contra de esa persona y le responde el mentecato: “es que estoy cansado de que le digan el Justo”

Y a Arístides lo desterraron de Atenas.

Cualquier parecido con la realidad Colombiana es pura coincidencia.

Antanas Mockus, el mejor candidato que ha habido en muchos años a la presidencia de Colombia, aquel que inició el proceso de transformación de Bogotá, ahora tiene un buen chance de convertirse en el próximo presidente. Pero mucha gente no vota por él aduciendo dos razones que consideran muy válidas: “no, es que él no va a ganar” o “es que el tipo es muy inteligente”

Y después me preguntan que porqué creo que este país es una completísima mierda y porqué la única salvación para nosotros es un bombardeo con bombas de neutrones.

written by Saudade \\ tags: , , , ,

Nov 12

Si yo no viviera tan lejos de la civilización, usaría transporte público o bicicleta. O mejor aún, si no viviera en Cali. Cuando estuve far away, una de las cosas que me hacía feliz era precisamente esa, el poder usar transporte público e irme tranquilo en el metro escuchando podcasts o leyendo algo. O simplemente viendo la gente y tomándole fotos a las danesas en bicicleta a los edificios y sitios bonitos.

Pero qué se le va a hacer, a mi me toca manejar diariamente 13 kilometros al trabajo y 15 de regreso. La diferencia está en que uso rutas diferentes porque tomar la calle 5 en sentido sur-norte es una tortura gracias al diseño de las calles después del MIO.

Trato de que la manejada siempre sea lo menos estresante posible, llevo un libro para leer en los semáforos, pongo música o las noticias, pero los subnormales que manejan transporte público, especialmente TAXIS hacen que sea casi imposible no alterarse.

Una de sus frecuentes animaladas es no respetar las elementales normas de tránsito, y más aun, romperlas para “ganarle” a los demás. Cosa que me molesta es que haya una fila para un cruce o semáforo y un taxista se salte la fila, con riesgo de causar accidente, sólo para ahorrarse la fila.

Detesto eso, y me molesta que lo dejen meter.

Uno de mis pequeños placeres es hacer todo lo posible para que no puedan cumplir su cometido, acelerar y pegármele al de adelante para que no se puedan meter, frenar cuando se van a meter detrás mio (para que el de atrás se pegue y no se puedan meter), sacar el carro como quien no quiere la cosa para que no les quede ángulo, etc.

Esos pequeños placeres son los que hacen que valga la pena manejar. O si no miren el siguiente gráfico:

El taxi atarbán

El taxi (amarillo) y todos los que estábamos en la fila queríamos girar a la derecha, pero no, él tenía que invadir el carril contrario, saltarse a todo el mundo y meterse a las malas. Afortunadamente manejo un campero, entonces después de pitarle, le atravesé el carro y no dejé que se metiera a la fila, no por lo menos delante mío.

Cuando giramos todos, quedó de último, como correspondía, pero como buen taxista no se iba a quedar con esa e intentó seguir metiéndose en contravía para adelantarnos, yo sólo aceleraba y le sacaba el carro para que no pudiera.

Yo sé que es una estupidez, pero se siente tan bien 🙂 como dije, es un pequeño placer.

El día hubiera sido mejor si por adelantarnos se hubiera estrellado, ahí si hubiera pagado la boleta, tomarle fotos a ese animal con su taxi acabado.

written by Saudade

Oct 01

El problema de quienes sufrimos de wanderlust, lo describió perfectamente Cavafis, el excelso poeta griego hace un siglo:

Dijiste: “Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón – como un cadáver – sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí”.
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

written by Saudade

Sep 30

Los libros me llaman. Yo simplemente me paseo por los estantes de la biblioteca, tomo un libro, y la intuición me dice si debo leerlo o no.

El Último Encuentro, Sándor Márai.

written by Saudade

Sep 28

Es un autor colombiano que me gusta porque su estilo es fresco y natural, y sin ser pretencioso siempre he pensado que más o menos así escribiría yo si alguna vez me decidiera a hacerlo. Además siempre intercala tres temas en sus novelas: el ajedrez, la marcha Radetzky y el tercero que mejor me reservo.

Pues resulta que hoy el aire acondicionado de mi oficina está dañado, como cosa rara, entonces me fui a la biblioteca a leer un ratico y aprovechar que allá si está helado. Busqué sin éxito un libro que llevo acechando por meses, un libro de la historia griega desde el final de la guerra del peloponeso hasta la muerte de Alejandro, libro que algún profesor toma prestado por meses enteros y cuando va a vencerse la fecha lo renueva y me deja viendo un chispero. Yo ya he leído este libro, pero los buenos libros, al igual que otras cosas, se disfrutan más en la cuarta o quinta lectura.

Me pasé por la sección de novelas y pensé en hojear “El Viajero” de Gary Jennings, otro libro buenísimo, pero el sábado ya lo había curioseado y no me sentía con ganas de abordar ese tour de force. Seguí recorriendo el estante y lo vi, un libro del autor colombiano que les comento que me gusta mucho pero que por varias razones me había dicho que nunca jamás leería ese libro.

Pero ahí estaba, el libro me hacía coquitos y lo tomé del estante con la intención de hojearlo ligeramente. Pero a quién engañamos, ese es el equivalente literario de “la puntica no más”, porque a los diez minutos estaba sentado leyéndolo de pe a pa.

Quienes me conocen dicen que leo rápido, y pocas veces han sido tan rápido como hoy, me devoré ese libro en una hora y media más o menos, porque algo me decía que lo que leía se aplicaba directamente a mí, y mis sospechas se confirmaron cuando en la página 296 el autor me habló directamente:

Usted si no es más huevón porque no tiene más tiempo

Así que, a pesar de que no quería empezar el libro, terminé leyéndolo. Y como bonus, una mujer llamada Paula me cantó varias verdades al oído y me hizo sentir un poco (mucho?) mejor.

written by Saudade

Jul 14

Llega un momento en la vida de todo hombre donde no puede ignorar más su destino y debe tomar una decisión trascendental:

¿Acepto la invitación al Facebook que me hace mi papá?

written by Saudade

Jul 06

Aunque el problema grave de los griegos fue el haber confundido la ética con la estética (quien soy yo para juzgarlos? a mi me pasa lo mismo…), indudablemente su sabiduría colectiva era enorme y en ocasiones la usaban en la aplicación de castigos poéticos bastante espectaculares. Recordemos por ejemplo, la historia del templo de Artemisa (Diana) en Efeso: este templo era muy famoso por su belleza, era considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo por su esplendor y por la imagen de la diosa de dos metros recubierta de plata y oro, era un importante centro religioso y de turismo en Jonia.

Una buena mañana estaba un muchacho pensando cuál sería la mejor forma de hacer inmortal su nombre, preocupación muy importante entre los griegos; recuerden la historia del dilema de Aquiles ante sus dos opciones: él podía quedarse en su país, casarse, engendrar muchos hijos y vivir hasta la ancianidad muy feliz y tranquilo, pero nadie se acordaría de él; o podía ir a la guerra de Troya donde moriría muy joven, pero alcanzaría fama imperecedera. Para un griego la virtud (arete) era lo más importante así que la decisión no tená discusión.

Entonces el caso es que estaba este muchacho pensando en cómo emular a Aquiles y ser recordado por siempre, y como no tenía ninguna virtud o habilidad que valieran la pena, se le ocurrió, al mejor estilo colombiano, que la mejor forma de ser famoso sería incendiando el templo de Artemisa, así nadie se olvidaría de él jamás.

El templo de Artemisa ardió en la noche en que nació Alejandro III de Macedonia, llamado el Magno. La sabiduría de los griegos consistió en castigarlo de la forma más cruel: nunca, en ninguna parte, se mencionaría su nombre, de forma que nunca jamás nadie sabría cómo se llamaba este insensato. Creo que tambien lo torturaron ligeramente y probablemente no murió a besitos, pero eso no es muy importante para esta historia.

Desafortunadamente, dos historiadores “incumplieron” el castigo y lo nombraron, y por eso sabemos como se llamaba ese infeliz, incluso es el nombre de un síndrome donde las personas quieren volverse famosas matando a famosos, pero yo no voy a nombrarlo, obviamente. Mi intención con esta introducción era ambientarlos para lo siguiente.

—–

Abro el lector de feeds, como cada mañana, y luego leo las noticias, como cada mañana, y no sé porqué me dió por entrar a un sitio al que no entro nunca y donde encuentro una noticia que casi me hace devolver el desayuno. No les daré el URL, porque no quiero darle incoming links, y les pediría como un favor personal que NO lo buscaran en Google ni hicieran nada que pudiera darle publicidad a este personaje; lo comparto sólo porque es demasiado para una mañana de lunes, misery loves company:

¿Por qué decides el nombre de Alexio Magno?
Cuando se me ocurrió la idea de crear una empresa, dije que el nombre debía ser muy llamativo, entonces una de las ideas era que cuando alguien me entrevistara, poder contarle una historia con sentido.

Inicialmente se me habían ocurrido miles de nombres. Me puse a investigar y leer mucho sobre ángeles porque es un tema que yo diría que ellos me han cuidado mucho. En ocasiones me he salvado hasta de morirme gracias a los ángeles que me ha mandado mi madre.

Entonces de ahí nació la idea de inclinarme por la búsqueda de ángeles hasta que dí con el nombre del ángel Valerio, pero luego descubrí que él no era un ángel sino un escritor (…) luego resultó que él había escrito una obra muy extensa sobre Alejandro Magno (…) en varios escritos empezaban a describirlo como uno de los grandes guerreros de todos los tiempos, el militar más ‘berraco’ que había conseguido derrotar a todos los contrincantes, había formado Alejandría, etc., entonces, más adelante lo describen como homosexual, que se había enamorado de su mejor amigo y él había sido el amor de su vida (…) seguí investigando hasta olvidarme de que debía buscar el nombre de mi empresa (…) me atrajo mucho la forma de cómo él defendió su homosexualidad y qué tanto él amó a Hefestión, que fue su amigo desde los diez años.

Después de todo esto decidí que mi empresa debía llevar el nombre de Alejandro en algún lado. Alejandro en griego es Alexandro y Hefestión de cariño le decía Alexio. De ahí Alexio Magno by (CENSORED)

Yo leo eso y me hierve la sangre, es que no sé ni por dónde empezar, no se si por la ignorancia, no sé si por tomar como modelo al pelmazo de Valerio Massimo Manfredi, quien escribió una trilogía sobre Alejandro al mejor estilo de Corín Tellado, o tal vez por la estupidez del “‘Angel Valerio”, o será que mejor si por el lado del ignorancia?, o por el atrevimiento de usar ese sacrosanto nombre de Alejandro para una marca DE ROPA INTERIOR MASCULINA CON INSPIRACIÓN ARCO IRIS….

Demasiado para una mañana de lunes como ésta….

Disclaimer: Para aclarar el segundo comentario y por si de pronto alguien más lo pueda malinterpretar, lo que me molesta de esa “noticia” ´no tiene que ver con el homosexualismo, tiene que ver con algo que dijo el primer comentario: mi molestia es usar un nombre tan sagrado PARA MI como emblema de una marca de ropa interior masculina.

Me recuerda a una anécdota de Enzo Ferrari: le ofrecieron sacar una línea de ropa “Ferrari” con la idea de ganar mucho dinero con la marca, y él dijo: “el nombre de Ferrari no es para llevarse en una etiqueta pegada del trasero”

Entonces, PARA MÍ, el nombre de Alejandro (ese cuento de que Hefestión le decía de carino ALEXIO es lo más falso y ridículo que he escuchado en la vida) es muy grande para llevarlo estampado en la ropa interior.

El punto es ese: PARA MÍ, además todo lo que pasa en este blog es medio broma medio en serio asi que muy amablemente los remito a leer el About de este blog.

written by Saudade

May 25

Jonathan

La galería completa la pueden ver aquí

written by Saudade \\ tags: , , ,

Apr 30

Cuando presté servicio militar tuve un teniente, un “swiche” para más señas, subteniente recién salido de la escuela, con el corte schuller todavía y con ganas de vengarse en el mundo y poner a voltear al que se le pusiera por delante para vengarse de toda la mierda que había comido a paladas en la escuela de oficiales. Uno nunca le teme a un coronel o a un general, porque ya son señores maduros con la vida de experiencia encima y no se rebajarían tratándolo mal a uno. Igual los suboficiales, un cabo segundo es lo peor que ha parido la madre tierra, mientras que un sargento primero “late echao”.

El subteniente aquel nos echó una perorata el día que empezamos el glorioso servicio militar, discurso que al recordarlo ahora es bien chistoso pero que en su momento no lo fue tanto. Aunque ya alguna vez hablé de eso, lo menciono de nuevo por lo importante que es para esta historia. Resulta que el swiche infeliz nos decía, literalmente:

“reclutas comemierda, yo a ustedes no los puedo coger a tabla y pata como en las buenas épocas porque me caen encima los granmalparidos de derechos humanos, entonces para evitarnos problemas, cada vez que les diga PALOMAS, entiendan que les estoy diciendo TRIPLEHIJUEPUTAS. Por ejemplo, ‘a formar palomas’ significa ‘a formar partida de triplehijueputas’; o ‘venga acá paloma’ significa ‘venga acá soldado triplehijueputa que no sabe como lo voy a poner a voltear hasta que vomite el desayuno…”

Mientras uno escuchaba ese conmovedor discurso y no sabía si tomarlo en serio o no, alguien, siempre había alguien que se movía un poco y cuando uno está formado cualquier movimiento se nota mucho porque rompe la línea, entonces el swiche se emberracaba ahora si de verdad y nos conminaba amablemente a quedarnos quietos:

“quietos soldados malparidos que se mueven en la formación como las putas de sus madres cuando trabajaban a las 3 de la mañana para llevarle la leche del desayuno al niño que dizque ahora es un soldado de la patria, cual soldado, ustedes no son soldados, son reclutas pecuecudos y malolientes que no se merecen ni el aire que respiran ni la papita que se comen, ustedes son unas maquinitas de hacer mierda; tenderse pecho a tierra y arranquen con 22 de pecho…”

Despues de estos tiernos recuerdos indispensables para definir el el término PALOMA, que es casi tan ofensivo como decirle a alguien HONORABLE CONGRESISTA (perdón por escribir estas vulgaridades en mi blog), puedo proceder a copiar verbatim una carta a mi proveedor de servicios de internet, carta escrita un dia y nacida de la desesperación.


 

Señores

EMCALI Telecomunicaciones

La Ciudad

 

Apreciados señores palomos y palomas,

 

Tengo contratado con ustedes el servicio de Internet Banda Ancha desde hace algunos años. No crean que fueron elegidos por su calidad técnica o servicio, sino porque desafortunadamente es la única empresa que tiene cobertura donde vivo. Digo desafortunadamente, porque estoy convencido de que un servicio de internet implementado con mensajes en código morse escritos en papel y amarrados a la pata de una paloma mensajera tendría más velocidad y, sobre todo, más confiabilidad, teniendo en cuenta la experiencia en palomas con que cuenta su ilustre organización.

El servicio que ustedes me prestan en el más caro de todo Cali. Sinceramente no me importaría que cobren más, si funcionara bien. Pero después de contar por varios años con sus servicios puedo decir con conocimiento de causa que su red de internet es un completo palomar, palomas los técnicos, palomas los equipos, palomas el servicio al cliente, y nos quieren ver la cara de palomas a todos los usuarios.

Me duele el pecho del estrés y de la ira causada por el hecho de que su servicio es un asco, es un vómito, es una completa porquería. Funciona cuando se le da la gana, se desconecta a cada 5 minutos y tiene inteligencia artificial: escoge el momento cuando más necesito revisar mi correo o enviar algún trabajo y allí se desconecta religiosamente por horas.

En repetidas ocasiones me he comunicado con las palomas de servicio al cliente quienes siempre me dicen sandeces y me intentar cuentiar, para al final decirme que van a hacer un “reporte de servicio” para “verificar la calidad de mi red”. He perdido la cuenta de cuántas veces me repiten todas las bellezas que le van a hacer a mi línea, que la van a filtrar, que la van a poner linda, que la van a dejar hecha una uva y adivinen qué, siempre vuelve a fallar.

Con todo respeto, me gustaría saber con qué honorable paloma de su empresa toca hablar para ver si algún dia en su paloma vida me arreglan el servicio de banda ancha y me lo dejan funcionando decentemente.

Yo no pido mucho, soy un hombre sencillo: a veces me juego un dotazo, a veces descargo algo, y la mayoría del tiempo sólo quiero navegar por internet buscando cómo terminar mi tesis.

Les juro por su benemérita y paloma madre que como empresa son una de las cosas más horribles que me han pasado en la vida. Por su culpa he tenido que enviar correos desde mi celular, he dejado de enviar trabajos con fecha límite, y he adquirido una fama de lagger y leaver irredento al jugar dota, fama que por su culpa me acompañará hasta el final de mis días.

(lagger es el jugador que hace que toda una partida pare porque su red se pone lenta, leaver es quien daña la partida con una desconexión de internet)

Me tienen tan desesperado que estoy a punto de tomar medidas desesperadas y que ninguna persona sana consideraría, como comprar internet inalámbrico de Comcel. Yo creo que este hecho es prueba suficiente de cuán cerca a la locura me ha llevado su servicio.

Espero su respuesta y sólo les deseo con amabilidad que los viole en repetidas ocasiones una manada de burros locos, ah, y que los privaticen.

Atte.

Su abonado

written by Saudade

Apr 27

A pesar de la advertencia final, mi post pasado causó algún revuelo entre algunas almas piadosas que no se tomaron la molestia de leerlo con cuidado. Por esta razón y para salvaguardar mi honor me veo obligado a hacer énfasis en tres cosas:

a) En la frase inicial se explica que los hechos relatados ocurrieron HACE VARIOS MESES. No fue la semana pasada.

b) En dos partes, especialmente al final, hice énfasis en el hecho de que NO TENGO NINGUNA INFECCIÓN. Esta es tal vez la parte más perturbadora del asunto: recibí comentarios, correos y llamadas de personas que me decían que qué clase de infección tenía y que si ya se me había quitado.

c) Les invito amablemente a que lean el about de este blog.

Fin del disclaimer.

Ahora si continuemos relatando los hechos que, PASARON HACE VARIOS MESES, y que demostraron que NO TENGO NINGUNA INFECCIÓN.

El dia que tuve la entrevista con esa médico salí un poco aburrido para mi casa e inmediatamente comencé a tomar los analgésicos y los antibióticos. Según ella el dolor y la inflamación debían ceder. Al otro día todo amaneció peor. Todo es todo. Es más, me daba unas punzadas que sentía que en ellas se me iba la vida.

Las punzadas me recordaban la idea tibetana-budista de que el alma está pegada al cuerpo por un hilo de plata y que, cuando uno tiene un sueño o viaje astral o algo así, realmente lo que ocurre es que el alma divaga como turista y lo único que la pega al cuerpo es el mencionado hilo; cuando uno muere, se corta definitivamente.

Las punzadas eran tan terribles que no podía dejar de pensar en agregar una idea complementaria a esa teología: en los hombres el famoso hilo de plata que une el alma al cuerpo lo tenemos amarrado literalmente de las pelotas, y esas punzadas eran los tirones en el hilo causados por mi alma en sus intentos por salir.

En cada punzada se sentía el famoso hilo estirándose, templado como una cuerda de guitarra a punto de reventar, mientras yo apretaba nalga y con los dedos me hacía presión como a la izquierda del ombligo. No es que las tuviera ahí del miedo, es que con esa presión a esa altura el dolor se mitigaba ligeramente.

El caso es que el dolor no sólo no se calmo, sino que, como se habrá podido inferir, aumentó. Por eso religiosamente al despertarme fui al médico con la felicidad de poder demostrarle que no tenía ninguna infección, pero con el miedo de ahora si quién sabe qué me pasó.

Es como la historia de uno estar feliz cuando sale de reunión con su tutor de tesis: uno sale feliz porque está jodido; similar a la metáfora que usé alguna vez y que me valió ser owneado: estar feliz porque, aunque te duele una gueva no es una infección, es como estar feliz después del sexo anal porque, a pesar de que te clavaron, por lo menos tuviste sexo.

Para mi fortuna los dioses de la testosterona se apiadaron temporalmente de mí y me tocó un médico hombre, un hombre que sabe lo que se siente y sabe con qué amor uno las quiere. Para esas cosas es mejor un hombre, es que todavía recuerdo mi primera experiencia cercana del tercer tipo: a mis 16 años en el primer examen médico para ingresar al ejército me tocó una doctora negra; a propósito, esas historias que cuentan que si en esos exámenes alguien tiene una erección le pegan con un caucho de oficina son eso, historias, uno con ese susto de que se lo van a llevar al ejército a prestar servicio militar en lo último que puede pensar es en eso. Por el contrario, uno sólo quiere decir: ella normalmente no es así, es el frío, son los nervios, de veras!

La doctora negra nos hizo desnudar a todos e iba pasando uno por uno revisando los ojos, dientes, dedos, columna, pies, etc. El momento más temido era cuando lo revisaba a uno ALLÍ y verificaba que las tuviera completas y en orden. No sé porqué, pero en mi caso las jaló y apretó con una delicadeza propia de su sexo: los hombres conocemos bien esa sensación de sudor frío y dolor de estómago que precede al dolor causado por un golpe o apretón.

Al consultar después con mis compañeros, todos coincidimos en lo mismo, que dolor tan hp en el momento de ese tirón. Todavía no sé por qué pasó eso, pues tuve 3 exámenes más en mi servicio militar y nunca sentí lo mismo. ¿Se estaría vengando atávicamente de un despecho? ¿Su papá no la abrazada de pequeña y odiaba a los hombres? Ni idea.

La cuestión es que así como nosotros los hombres nunca entenderemos un cólico menstrual y nos parecerá una estrategia baja de manipulación, las mujeres nunca entenderán un dolor allí, es algo tan primitivo que debe estar asociado al cerebro reptil, no se puede razonar sobre eso, simplemente duele.

Después de este periplo para ilustrar el porqué prefiero doctores hombres para esos avatares, continúo contando lo feliz que estaba porque probablemente no era una infección lo que tenía.

El doctor me revisó, tomó nota de mi andar cojeante y afortunadamente se preocupó tanto como para enviarme directamente a un ultrasonido.

Yo estaba feliz dentro de lo posible, por fin iban a saber qué tenía, pero no era ninguna masa o protuberancia que pudiera indicar el temido cáncer de testículo.

En eso estaba cuando me llamaron para el ultrasonido y cuando ingresé estaba una señora como en sus 40 años muy delicadamente peinada y maquillada escribiendo en un computador. Tenía un aire tan de mamá o abuela que instintivamente la tomé por una enfermera, y cuando me dijo que me quitara los pantalones pensé que me estaba preparando para el ultrasonido. Pero cuando me fijé en el carnet que tenía en la solapa de la bata, me di cuenta que era la Médico Radióloga.

Holy Mother of God.

Otra doctora.

Puse la mejor cara que pude, me quité la ropa y la doblé cuidadosamente y puse el libro que llevaba al lado de los pantalones. Siempre cargo uno o dos libros conmigo y más cuando voy a hacer alguna vuelta, uno nunca sabe cuándo va a tener que esperar. Muchas personas piensan que es una buena costumbre, y que tan bueno ser como yo que leo rápido. Lo que no saben es que la lectura es un vicio terrible, siempre se tiene que estar leyendo algo, la mente es el peor enemigo, si la dejo sola y quietica 5 minutos se enloquece, por lo menos mientras leo no pienso.

Por más que intento no recuerdo qué libro llevaba ese día, si no estoy mal era algo sobre la Guerra del Peloponeso. Es una lástima porque el título del libro juega un papel importante en la historia, pero qué se le va a hacer, mi memoria es así. El caso es que me acosté sin ropa de la cintura para abajo en una camilla, por cierto preferiría estar completamente desnudo, me parece más humillante quedarse en camisa; pero bueno, quedé acostado allí mientras la doctora se ponía sus gafas de lectura (plop), se me acercaba con una especie de frasquito y a continuación me dice:

—¿Porqué viene?

Dios mío, pensé, otra vez ese interrogatorio? Porqué el médico no me libró de eso explicándole a ella a qué vine hoy? Cómo pude y otra vez tartamudeando le conté lo mejor que pude.

—Por favor abra bien las piernas, tome su pene con la mano derecha y llévelo lo más lejos que pueda.

Nunca entendí porqué, si todos los demás médicos me habían “manipulado” allí de todas las formas posibles y grados de delicadeza, ésta en particular me pedía eso, pero bueh. Hice lo que me pidió mientras sentía como me esparcía la fría gel de ultrasonido de la misma forma como si le estuviera echando bronceador a un cocodrilo.

Luego tomó el aparato del ultrasonido y empezó a pasarlo por el TI, el TD y zonas aledañas. Afortunadamente eso no dolía, porque demoró como unos 10 minutos, miraba, remiraba, me pedía toser, hacer fuerza, relajarme y ella miraba y miraba. Estuve tentado a decirle que si, que para mi también eran lo más hermoso que uno podía ver en la vida.

Después de una eternidad, paró súbitamente y me dijo que habíamos terminado el examen. Se dirigió a la puerta como indicándome la salida al tiempo que me pasaba la toalla de papel más pequeña que se pueda imaginar. Inmediatamente recordé la cafetería vieja de la universidad donde el dueño pasaba sus ratos libres destapando la caja de las servilletas; las tomaba una a una, las abría y cortaba en 4 pedazos para luego doblar por la mitad cada pedazo en un triángulo. Era tan tacaño que en el almuerzo le daba a cada persona uno de esos triángulos y si uno tenía la osadía de pedir más servilletas, con calculada cortesía le daba otro triángulo con los ojos tan llameantes de furia que uno nunca jamás volvía a pedir una más.

Así me sentía mientras la doctora simultáneamente se dirigía a la puerta, me pasaba la minúscula toalla de papel y me decía que el examen había terminado. Sólo me quedaba recoger mi dignidad en pedacitos y salir de allí lo más rápido posible, pero primero debía limpiarme toda la enmelocotonada que tenía en la entrepierna, porque ah generosa si fue con la famosa gel, vestirme como pudiera y salir de allí.

 

Muchos fragmentos de mi vida se han olvidado, algunos para bien, otros para mal, pero nunca olvidaré que a la primera pasada esa toalla se empapó de gel y quedé como la persona que está en el baño y descubre que el papel se acabó. Por la forma en que me dió la espalda quedaba claro que la doctora no quería saber nada de mí y yo no quería pedirle otra toalla, así que la usé y reusé todo lo que pude y, aunque quedé peor que al inicio, me consolé pensando que uno debe elegir las batallas que puede ganar y que no me iba a morir por ir hasta mi casa ligeramente atollado.

El problema es que mi ropa estaba como les conté cuidadosamente doblada en la silla al lado de la entrada, junto al libro y junto a la doctora que me daba la espalda. No tenía otra opción que pararme de la camilla e ir por ella: en camisa de la cintura para arriba y desnudo de la cintura para abajo. ¿Porqué es tan humillante esa situación? porque es igual que estar en bata de hospital, es bata que no abriga ni cubre lo importante y que como estratégicamente cubre lo que no importa y no cubre lo que si, hace que uno se vea incluso más desnudo y desamparado que si no tuviera nada.

Como trataba de acercarme furtivamente, no me di cuenta sino hasta el último momento que, la doctora que me estaba dando la espalda tenía la cabeza abajo y estaba concentradísima leyendo el título del libro y, preciso en el momento en que yo tomaba mi ropa, ella cogía el libro, se volteaba y me decía:

—Está muy interesante el libro, de qué trata?

WTF!

Yo he tenido muchas escenas surrealistas en mi vida, pero es difícil superar el estar desnudo tipo bata de hospital, con todo almidonado “por allá”, con la ropa en la mano izquierda y a medio metro de una doctora que tiene mi libro en su mano y lo ojea mientras me pide su opinión sobre la guerra del Peloponeso. Yo sólo podía pensar cosas como:

¿Qué reglas de urbanidad sigue uno en ese caso? Todas pasaron por mi cabeza en ese momento: ¿será más grosero vestirme como si no la hubiera escuchado, o hablar de historia con todo al aire? ¿Podré ponerme la ropa interior con naturalidad al frente de ella mientras diserto sobre Tucídides? ¿Qué pasa si le interesa lo que digo y se sienta para escucharme mejor? ¿Me le siento al lado, o mejor le doy la espalda?

Todavía no sé cuál era la reacción adecuada para la ocasión, si alguien la sabe por favor ilústreme, a mí la urbanidad de Carreño no me preparó para esta situación.

Mi memoria, afortunadamente, se vuelve borrosa por la vergüenza, sólo sé que salí de allí a esperar el resultado del examen, con el libro en la mano, vestido completamente (gracias a Dios), caminando como si tuviera un cojinete engrasado en la entrepierna (técnicamente lo tenía) y con la toallita de papel empapada de gel en la otra mano.

 

(Continuará)

 

P.D. NO TUVE, NI TENGO, NINGUNA INFECCIÓN, CAPICCI?

written by Saudade \\ tags: , ,

Apr 20

Comenzó hace varios meses, un jueves de madrugada. Me desperté súbitamente, pero como tengo insomnio intermitente, no me sorprende despertar cuando es oscuro todavía, mirar el reloj y darme cuenta de que no voy a poder dormir más así todavía tenga mucho sueño.

Pero esa madrugada fue diferente. Me despertó un dolor en el bajo vientre, un dolor tan punzante en los testículos, algo que sólo podrían comprender quienes lo han sentido alguna vez, algo completamente diferente a los dolores que tenemos los hombres por ese concepto.

No era el dolor típico causado por un golpe bajo, ese dolor que todos los hombres conocemos, ese de cuando uno recibe una patada jugando fútbol (o las más amables versiones cuca-patada o galleta-pata), ese dolor que quita el aire por unos segundos mientras la visión se nubla y uno sabe que va a doler, no todavía, pero vaya si va a doler. Tampoco era el dolor del novio o “calambre llanero” que llaman, ese dolor causado por horas y horas de bluyineo en un sofá sin posibilidad alguna de “realización”; ese dolor que se siente como una mano no muy cariñosa que estruja las pelotas sin piedad. Probablemente sea algo vudú, y esa mano sea la del papá de la niña que cobra su venganza por anticipado y por derecha.

Pero no, no era ninguno de esos dolores, era algo mucho más fuerte, era un dolor (no lo quiero describir así, pero siempre que recuerdo me llega esa imagen a la cabeza), un dolor COMO UN ALFILER HORADÁNDOLA DE LADO A LADO.

Ahora que todos los lectores hombres inconscientemente apretaron todo y se mandaron la mano a ver si todavía las tienen en su lugar, ahora si les puedo describir cómo se sintió. Primero respiren profundamente y tranquilos que no les está pasando a ustedes: todo el bajo vientre izquierdo estaba contraído por el dolor, la ingle tenía un dolor sordo, el cual es mi tipo favorito de dolor porque no es algo directo sino como difuminado a un área. Hasta ahí no pasaría de ser posiblemente el resultado de una mala comida, pero había un detalle que lo hacía único: el testículo izquierdo, TI para los amigos, el pobre TI dolía terriblemente, dolía como si lo atravesaran un par de alfileres en una metáfora absurda de una cruz.

Cualquiera pensaría que uno gritaría desesperado llamando una ambulancia, y cualquier hombre en sus cabales lo haría, pero cada movimiento enviaba olas de dolor y preferí acunarlas en mis manos mientras las arrullaba como a un niño pequeño que no para de llorar e imploraba al cielo que dejara de doler.

Y dejó de doler lo suficiente para que conciliara el sueño.

Unas horas después me desperté, desayuné, y me fui a trabajar, me reí del dolor como se ríe uno en el día de una pesadilla nocturna, imaginé que seguramente dormido me habría golpeado. Pero, al medio día mientras descansaba un poco, volví a sentir la misma punzada, no tan fuerte, pero lo suficiente como para alarmarme y darme cuenta que no había sido algo aislado sino que esto ya tenía un patrón. Llamé el servicio de urgencias de mi EPS para pedir una cita prioritaria; es evidente que su misión es NO dar esa cita sino demorarlo a uno por lo menos un mes, pero cuando el hombre que tomó mi llamada me preguntó los síntomas que tenía, me dijo: “le sirve una cita para los 2 p.m.?” (eran como las 12:30). Gracias a Dios por la solidaridad masculina, sólo le faltó decirme, “lo acompaño en su dolor, fuerza compañero”.

Cuando llegué al médico caminaba con mucha molestia, y mientras pagaba la cita me di cuenta de que quien me iba a atender no era un médico, sino UNA MÉDICO.

No tuve tiempo ni de asimilar este hecho porque al minuto siguiente me llamaron a la cita, y al entrar me di cuenta de que para mi desgracia no era una gorda bigotuda como las sargentos del dispensario en mi servicio militar, al contrario, era una doctora preciosa, ojos negros profundos, pelo negro largo, lentes de marco fino, rostro bonito. Cuando me habló me encantó su suave acento valluno y su voz tan delicada mientras me pedía mis datos de rigor. No, tranquilos que esto no se va a volver porno, no va a llegar una enfermera bi a darme un baño de esponja, tampoco me levanté a la doctora. Pero su voz fue lo suficientemente amable como para cogerme fuera de base cuando me mira a los ojos y me dice:

 

— “cuénteme, ¿porqué vino a consulta?”

 

Mi parte de la conversación la voy a eliminar por simple vergüenza. Tartamudeaba y me sentía como un niño al que su profesora le hace un examen oral del que no sabe absolutamente nada. Me hizo sentar en una camilla y mientras me hacía revisión de presión, ojos, boca y demás iba acribillando con preguntas del cariz de:

 

— “desde cuando le duele?”, “de 1 a 10 cuánto es el dolor?”, “dónde le duele?”, “le había dolido antes?”, “cómo es el dolor?” y luego me suelta el cañonazo de: “párese en la escalerilla y bájese los pantalones y la ropa interior”.

 

Holy Mother of God.

 

Como pude me quité el cinturón y bajé los pantalones. Luego levanté la cara preguntando con los ojos: “Todo? Segura?”. Su expresión al apretar la boca y afilar la mirada mientras se ponía un guante de latex me dió a entender que si, que era todo, que rápido que quería acabar con esto. Hay pocas cosas peores que un médico (o UNA MÉDICO) lo mire a uno con expresión de aburrimiento.

 

Y me bajé todo.

 

Yo creo que no hay posición más humillante para un hombre que estar parado en una escalerilla al lado de una camilla, con los pantalones y boxer en las pantorrillas, la camisa puesta y una doctora con cara de molestia haciendo un examen “allí”. No hay manera de mantener la dignidad en esa facha y en esa pose. Lo mejor es mirar hacia arriba, hacer de cuenta que no es con uno y rogar para que pase rápido. Ahorro los detalles del examen. Sólo puedo comentarles que en algunos momentos el dolor era tan fuerte que hubiera preferido no haber ido, pero a sus preguntas de “le duele”, hacía acopio de toda mi fuerza de voluntad para responderle con mi mejor cara que si, que la “molestia” aumentaba un poco cuando ella la apretaba como cuando una abuela apreta un aguacate en un supermercado para medir su grado de madurez. Y si, cuando me pinchaba con su dedo en la ingle y me hacía toser, me aumentaba la “incomodidad”. Todo esto mientras imploraba que acabara ya o si no no podría soportar más e iba a terminar en el suelo con el pulgar en la boca, posición fetal e implorando piedad.

 

En esos pensamientos estaba cuando me di cuenta que terminó, principalmente porque después de voltearse con desprecio y quitarse el guante y arrojarlo a la basura como si hubiera tocado algo asqueroso, me dijo, tiene una infección en el TI, puede vestirse.

 

¿Infección Doctora? Le dije. WTF! Pensé.

 

Si, infección, me respondió.

 

Si antes me miraba con dureza, ahora me miraba con el odio reprimido de: “claro, otro perro más que lo pringaron y viene a hacer cara de dolor aquí” Doctora, le dije, Doctora, pero como es posible que yo tenga una infección AHÍ en el TI?

 

Al momento de hacer la pregunta me sentí más estúpido (si fuera posible), porque ella ya estaba llenando la receta de antibióticos y yo me sentía como el niño que acaba de preguntarle a su mamá como nacen los bebés y acaba de darse cuenta de que va a recibir más información de la que quiso escuchar nunca jamás. Afortunadamente no me respondió más allá de un murmullo que yo fingí entender y al final si alzó la voz claramente para indicarme que me tomara esas pastillas religiosamente cada 8 horas y que por favor me fuera mientras ella llamaba a control de plagas y les pedía que fumigaran, no, mejor que demolieran su consultorio que había sido profanado por mí.

 

La última parte la inventé.

 

¿Qué podía hacer? Terminar de vestirme y de recoger mi dignidad del piso con una espátula, salir, comprar la droga, e irme a casa a esperar a que se me quitara la infección.

 

(Continuará… y sólo para salvar mi honor, no era una infección)

written by Saudade \\ tags: ,

Jan 25

Quienes debemos manejar un carro diariamente por las calles de Cali sabemos que el tráfico es una completa mierda. Cuando yo llegué a Cali, unos 15 años atrás, todo el mundo hablaba maravillas del civismo y la cordialidad de las gentes, incluso se veía como ejemplo de cultura el que la gente hiciera fila para tomar un bus. Desafortunadamente cuando yo llegué ya estaba en su esplendor la cultura traqueto-lavaperra, entonces para mi ese cuento de la Cali bonita y cívica no pasa de ser una leyenda urbana.

De igual manera para nosotros recién llegados era muy curioso ver que los buses tenían nombres de colorcitos: “Blanco y Negro”, “Azul Plateada”, “Amarillo Crema” y “Papagayo” entre otros. Lo que no sabíamos era que los buses y taxis en Cali son los enviados del averno, los envía Beelzebú desde la séptima paila para delicias de todos los caleños.

No voy a hablar del deterioro evidente de Cali como ciudad en los últimos 4 alcaldes, enfoquémonos específicamente en el tránsito.

Las calles son un asco. En innumerables ocasiones he estallado llantas, doblado rines y afortunadamente nunca me he accidentado por culpa de un hueco pero si lo he visto y oído en otros. Los carros de desajustan y suenan como catre de pobre, no hay amortiguadores ni suspensión que aguante 6 meses en Cali.

Hace infinidad de años, se inventaron el MIO, que es como el Transmilenio en Bogotá con la diferencia de que llevan retrasando su inauguración no se cuántos años, y han tenido que abrir calles, pavimentar, volver a abrir porque se les olvido otra cosa, han hecho puentes con el peralte pal lado que no es (no me lo estoy inventando) y todos felices.

Pero eso es lo de menos, eso tiene arreglo.

Lo que no tiene arreglo es la gente.

Siempre que pienso en Colombia y específicamente en Cali recuerdo un chiste malo que escuché alguna vez, perdonen lo malo pero es esencial para entender el resto de la historia:

“Un ángel le decía a Dios, un poco preocupado por el tratamiento que le daba a Colombia: ‘Señor, pero porqué tantas consideraciones con Colombia’; y procedía a enumerarle todas las cosas esas por las cuales los colombianos sacamos pecho como si nos las mereciéramos, como el café, el petróleo, los pisos térmicos, los dos océanos, y demás estupideces… a lo que el altísimo respondía: ‘Es que espere y verá la clase de hijodeputas que voy a poner a vivir allí'”

Y es que ustedes vieran la clase de hijueputas que le toca ver a uno diariamente manejando.

Empecemos con el transporte público: buses, busetas, colectivos, taxis. Parece que para darles pase la brutalidad es requisito indispensable.

Miren esta belleza, el semáforo en rojo, y el bus donde está?

Ahora miren este video, donde se ve un bus de servicio público que toma una ruta que no debe, se vara (el 90% de los trancones son causados por un vehículo público varado), queda atravesado en plena vía y obliga a que todos tengan que pasarle por el lado, incluyendo al pobre bus de transporte escolar.


 

 

Pero como los conductores particulares no se quedan atrás, miren esta señora, que toma el carril reservado al MIO, pero lo toma EN CONTRAVÍA, sin importarle nada, y cuando llega al semáforo se lo pasa en ROJO y gira a la izquierda, pasando a centímetros de un carro que viene subiendo.


 

 

Pero no le echemos la culpa solamente a la señora, miren un cruce normal en Cali:

 

A mí me dan ganas de ponerle una veladora a San Adolf Hitler, patrón de los que tenemos que vivir con esta sarta de imbéciles. Ven a mi rápido, limpieza racial.

Ah pero Colombia es Pasión, no?

written by Saudade \\ tags: , , ,

Jan 30

Animal

Conducía tranquilamente de mi casa al trabajo y tomé una curva hacia la izquierda. En ese momento veo un Aveo gris parqueado y comenzando a salir en reversa.

Al primer momento ni siquiera le puse cuidado, un carro más en las calles, pero medio segundo después vi que seguía retrocediendo, me pareció un poco imprudente que retrocediera en esa situación porque podría venir alguien por su carril y tendría que frenar bruscamente.

Otro medio segundo después vi que seguía retrocediendo, le pité suavecito como para alertarlo, a veces uno está descuidado y no se fija bien en los espejos, claro que sacar un carro en reversa sin estar concentrado en lo que se hace es buscarle males al cuerpo.

En ese momento el conductor arrancó abruptamente en reversa, invadió mi carril, sólo tuve tiempo de acelerar y mandar mi carro hacia la derecha o si no me hubiera golpeado en mi puerta, ahí sentí el golpe más o menos sobre el guardabarro trasero izquierdo.

Paré el carro unos metros adelante, y del Aveo se baja una señora cuya descripción completa no hago en aras de la amabilidad, pero digamos que era el típico exponente de la barbichona: cara de barbie, cuerpo de lechona.

Pantalón blanco de lycra, blusa escotada, gordos desparramándose por todas las costuras, super maquillada, sandalias de tacón alto, cinturon de material indeterminado muy ancho y con cosas brillantes… es que joder, parece que me lo estuviera inventando no? Parece que estuviera dándole al estereotipo.

La popular moza de traqueto, bueno en realidad era como moza de lavaperro porque estaba como trajinada.

Bueno, volvamos al hecho de que se baja la paciente y me dice a modo de reclamo:

– Ay papi, porqué no te fijasteSSSS

Yo la miré sin darle crédito a mis oídos.

– Pero señora, usted como va a sacar un carro en reversa sin fijarse en quién viene.
– Pero si yo puse la direccional!
– La direccional no es suficiente, usted debía poner las luces de parqueo. Además el poner luces no le da derecho a la vía.
– Pero es que tu venías muy rápido papi!
– No podía venir rápido, señora, porque acabo de girar a la izquierda, además tuve tiempo de pitarle 2 veces al ver sus intenciones.

Quería decirle: “le pité dos veces pero no creí que fuera tan bruta”.

– Ay papi, la próxima vez fíjate bien…
– Bueno, cómo vamos a arreglar, o si quiere llamemos al tránsito, no fue muy fuerte el golpe pero creo que debo pintar esta parte.

En ese momento la tía se fue hacia su carro y abrió la puerta, yo miraba con dolor el golpe al carro (prestado por mi papá) esperando a que la señora llamara al marido, o me diera su teléfono o algo así, cuando escucho un motor arrancar y veo como el Aveo se va.

Si señores, la muy bitch se fue sin decirme nada.

Obviamente la sangre me hirvió y me subí a mi carro a perseguirla, atravesarle el carro y llamar hasta la DEA si era necesario, pero desafortunadamente se pudo volar.

Mañana les pongo las placas de ese carro. Si la llegan a ver, le echan la madre de mi parte, por favor.

Ahora comprenden porqué el tráfico en Cali es una completa mierda?

written by Saudade \\ tags: , , ,

Jan 14

Primer Acto
Acto1

Segundo Acto
Acto2

Tercer Acto
Acto3


Qué nombre le pondrían a la obra?

written by Saudade \\ tags: , ,

Jul 03

Las FARC manifestaron que los 11 diputados asesinados cayeron en el “fuego cruzado”.

Fuego cruzado

Tomado del Blog de mheo. Hosteada en el flickr de mollyparker

La imagen es del diario “El País” de Cali.

written by Saudade

832562 pages viewed, 333 today
376687 visits, 136 today
FireStats icon Powered by FireStats
%d bloggers like this: