Nov 12

Si yo no viviera tan lejos de la civilización, usaría transporte público o bicicleta. O mejor aún, si no viviera en Cali. Cuando estuve far away, una de las cosas que me hacía feliz era precisamente esa, el poder usar transporte público e irme tranquilo en el metro escuchando podcasts o leyendo algo. O simplemente viendo la gente y tomándole fotos a las danesas en bicicleta a los edificios y sitios bonitos.

Pero qué se le va a hacer, a mi me toca manejar diariamente 13 kilometros al trabajo y 15 de regreso. La diferencia está en que uso rutas diferentes porque tomar la calle 5 en sentido sur-norte es una tortura gracias al diseño de las calles después del MIO.

Trato de que la manejada siempre sea lo menos estresante posible, llevo un libro para leer en los semáforos, pongo música o las noticias, pero los subnormales que manejan transporte público, especialmente TAXIS hacen que sea casi imposible no alterarse.

Una de sus frecuentes animaladas es no respetar las elementales normas de tránsito, y más aun, romperlas para “ganarle” a los demás. Cosa que me molesta es que haya una fila para un cruce o semáforo y un taxista se salte la fila, con riesgo de causar accidente, sólo para ahorrarse la fila.

Detesto eso, y me molesta que lo dejen meter.

Uno de mis pequeños placeres es hacer todo lo posible para que no puedan cumplir su cometido, acelerar y pegármele al de adelante para que no se puedan meter, frenar cuando se van a meter detrás mio (para que el de atrás se pegue y no se puedan meter), sacar el carro como quien no quiere la cosa para que no les quede ángulo, etc.

Esos pequeños placeres son los que hacen que valga la pena manejar. O si no miren el siguiente gráfico:

El taxi atarbán

El taxi (amarillo) y todos los que estábamos en la fila queríamos girar a la derecha, pero no, él tenía que invadir el carril contrario, saltarse a todo el mundo y meterse a las malas. Afortunadamente manejo un campero, entonces después de pitarle, le atravesé el carro y no dejé que se metiera a la fila, no por lo menos delante mío.

Cuando giramos todos, quedó de último, como correspondía, pero como buen taxista no se iba a quedar con esa e intentó seguir metiéndose en contravía para adelantarnos, yo sólo aceleraba y le sacaba el carro para que no pudiera.

Yo sé que es una estupidez, pero se siente tan bien :) como dije, es un pequeño placer.

El día hubiera sido mejor si por adelantarnos se hubiera estrellado, ahí si hubiera pagado la boleta, tomarle fotos a ese animal con su taxi acabado.

written by Saudade

Oct 01

El problema de quienes sufrimos de wanderlust, lo describió perfectamente Cavafis, el excelso poeta griego hace un siglo:

Dijiste: “Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí”.
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

written by Saudade

Sep 30

Los libros me llaman. Yo simplemente me paseo por los estantes de la biblioteca, tomo un libro, y la intuición me dice si debo leerlo o no.

El Último Encuentro, Sándor Márai.

written by Saudade

Sep 28

Es un autor colombiano que me gusta porque su estilo es fresco y natural, y sin ser pretencioso siempre he pensado que más o menos así escribiría yo si alguna vez me decidiera a hacerlo. Además siempre intercala tres temas en sus novelas: el ajedrez, la marcha Radetzky y el tercero que mejor me reservo.

Pues resulta que hoy el aire acondicionado de mi oficina está dañado, como cosa rara, entonces me fui a la biblioteca a leer un ratico y aprovechar que allá si está helado. Busqué sin éxito un libro que llevo acechando por meses, un libro de la historia griega desde el final de la guerra del peloponeso hasta la muerte de Alejandro, libro que algún profesor toma prestado por meses enteros y cuando va a vencerse la fecha lo renueva y me deja viendo un chispero. Yo ya he leído este libro, pero los buenos libros, al igual que otras cosas, se disfrutan más en la cuarta o quinta lectura.

Me pasé por la sección de novelas y pensé en hojear “El Viajero” de Gary Jennings, otro libro buenísimo, pero el sábado ya lo había curioseado y no me sentía con ganas de abordar ese tour de force. Seguí recorriendo el estante y lo vi, un libro del autor colombiano que les comento que me gusta mucho pero que por varias razones me había dicho que nunca jamás leería ese libro.

Pero ahí estaba, el libro me hacía coquitos y lo tomé del estante con la intención de hojearlo ligeramente. Pero a quién engañamos, ese es el equivalente literario de “la puntica no más”, porque a los diez minutos estaba sentado leyéndolo de pe a pa.

Quienes me conocen dicen que leo rápido, y pocas veces han sido tan rápido como hoy, me devoré ese libro en una hora y media más o menos, porque algo me decía que lo que leía se aplicaba directamente a mí, y mis sospechas se confirmaron cuando en la página 296 el autor me habló directamente:

Usted si no es más huevón porque no tiene más tiempo

Así que, a pesar de que no quería empezar el libro, terminé leyéndolo. Y como bonus, una mujer llamada Paula me cantó varias verdades al oído y me hizo sentir un poco (mucho?) mejor.

written by Saudade

Jul 14

Llega un momento en la vida de todo hombre donde no puede ignorar más su destino y debe tomar una decisión trascendental:

¿Acepto la invitación al Facebook que me hace mi papá?

written by Saudade

Jul 06

Aunque el problema grave de los griegos fue el haber confundido la ética con la estética (quien soy yo para juzgarlos? a mi me pasa lo mismo…), indudablemente su sabiduría colectiva era enorme y en ocasiones la usaban en la aplicación de castigos poéticos bastante espectaculares. Recordemos por ejemplo, la historia del templo de Artemisa (Diana) en Efeso: este templo era muy famoso por su belleza, era considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo por su esplendor y por la imagen de la diosa de dos metros recubierta de plata y oro, era un importante centro religioso y de turismo en Jonia.

Una buena mañana estaba un muchacho pensando cuál sería la mejor forma de hacer inmortal su nombre, preocupación muy importante entre los griegos; recuerden la historia del dilema de Aquiles ante sus dos opciones: él podía quedarse en su país, casarse, engendrar muchos hijos y vivir hasta la ancianidad muy feliz y tranquilo, pero nadie se acordaría de él; o podía ir a la guerra de Troya donde moriría muy joven, pero alcanzaría fama imperecedera. Para un griego la virtud (arete) era lo más importante así que la decisión no tená discusión.

Entonces el caso es que estaba este muchacho pensando en cómo emular a Aquiles y ser recordado por siempre, y como no tenía ninguna virtud o habilidad que valieran la pena, se le ocurrió, al mejor estilo colombiano, que la mejor forma de ser famoso sería incendiando el templo de Artemisa, así nadie se olvidaría de él jamás.

El templo de Artemisa ardió en la noche en que nació Alejandro III de Macedonia, llamado el Magno. La sabiduría de los griegos consistió en castigarlo de la forma más cruel: nunca, en ninguna parte, se mencionaría su nombre, de forma que nunca jamás nadie sabría cómo se llamaba este insensato. Creo que tambien lo torturaron ligeramente y probablemente no murió a besitos, pero eso no es muy importante para esta historia.

Desafortunadamente, dos historiadores “incumplieron” el castigo y lo nombraron, y por eso sabemos como se llamaba ese infeliz, incluso es el nombre de un síndrome donde las personas quieren volverse famosas matando a famosos, pero yo no voy a nombrarlo, obviamente. Mi intención con esta introducción era ambientarlos para lo siguiente.

—–

Abro el lector de feeds, como cada mañana, y luego leo las noticias, como cada mañana, y no sé porqué me dió por entrar a un sitio al que no entro nunca y donde encuentro una noticia que casi me hace devolver el desayuno. No les daré el URL, porque no quiero darle incoming links, y les pediría como un favor personal que NO lo buscaran en Google ni hicieran nada que pudiera darle publicidad a este personaje; lo comparto sólo porque es demasiado para una mañana de lunes, misery loves company:

¿Por qué decides el nombre de Alexio Magno?
Cuando se me ocurrió la idea de crear una empresa, dije que el nombre debía ser muy llamativo, entonces una de las ideas era que cuando alguien me entrevistara, poder contarle una historia con sentido.

Inicialmente se me habían ocurrido miles de nombres. Me puse a investigar y leer mucho sobre ángeles porque es un tema que yo diría que ellos me han cuidado mucho. En ocasiones me he salvado hasta de morirme gracias a los ángeles que me ha mandado mi madre.

Entonces de ahí nació la idea de inclinarme por la búsqueda de ángeles hasta que dí con el nombre del ángel Valerio, pero luego descubrí que él no era un ángel sino un escritor (…) luego resultó que él había escrito una obra muy extensa sobre Alejandro Magno (…) en varios escritos empezaban a describirlo como uno de los grandes guerreros de todos los tiempos, el militar más ‘berraco’ que había conseguido derrotar a todos los contrincantes, había formado Alejandría, etc., entonces, más adelante lo describen como homosexual, que se había enamorado de su mejor amigo y él había sido el amor de su vida (…) seguí investigando hasta olvidarme de que debía buscar el nombre de mi empresa (…) me atrajo mucho la forma de cómo él defendió su homosexualidad y qué tanto él amó a Hefestión, que fue su amigo desde los diez años.

Después de todo esto decidí que mi empresa debía llevar el nombre de Alejandro en algún lado. Alejandro en griego es Alexandro y Hefestión de cariño le decía Alexio. De ahí Alexio Magno by (CENSORED)

Yo leo eso y me hierve la sangre, es que no sé ni por dónde empezar, no se si por la ignorancia, no sé si por tomar como modelo al pelmazo de Valerio Massimo Manfredi, quien escribió una trilogía sobre Alejandro al mejor estilo de Corín Tellado, o tal vez por la estupidez del “‘Angel Valerio”, o será que mejor si por el lado del ignorancia?, o por el atrevimiento de usar ese sacrosanto nombre de Alejandro para una marca DE ROPA INTERIOR MASCULINA CON INSPIRACIÓN ARCO IRIS….

Demasiado para una mañana de lunes como ésta….

Disclaimer: Para aclarar el segundo comentario y por si de pronto alguien más lo pueda malinterpretar, lo que me molesta de esa “noticia” ´no tiene que ver con el homosexualismo, tiene que ver con algo que dijo el primer comentario: mi molestia es usar un nombre tan sagrado PARA MI como emblema de una marca de ropa interior masculina.

Me recuerda a una anécdota de Enzo Ferrari: le ofrecieron sacar una línea de ropa “Ferrari” con la idea de ganar mucho dinero con la marca, y él dijo: “el nombre de Ferrari no es para llevarse en una etiqueta pegada del trasero”

Entonces, PARA MÍ, el nombre de Alejandro (ese cuento de que Hefestión le decía de carino ALEXIO es lo más falso y ridículo que he escuchado en la vida) es muy grande para llevarlo estampado en la ropa interior.

El punto es ese: PARA MÍ, además todo lo que pasa en este blog es medio broma medio en serio asi que muy amablemente los remito a leer el About de este blog.

written by Saudade

May 25

Jonathan

La galería completa la pueden ver aquí

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Apr 30

Cuando presté servicio militar tuve un teniente, un “swiche” para más señas, subteniente recién salido de la escuela, con el corte schuller todavía y con ganas de vengarse en el mundo y poner a voltear al que se le pusiera por delante para vengarse de toda la mierda que había comido a paladas en la escuela de oficiales. Uno nunca le teme a un coronel o a un general, porque ya son señores maduros con la vida de experiencia encima y no se rebajarían tratándolo mal a uno. Igual los suboficiales, un cabo segundo es lo peor que ha parido la madre tierra, mientras que un sargento primero “late echao”.

El subteniente aquel nos echó una perorata el día que empezamos el glorioso servicio militar, discurso que al recordarlo ahora es bien chistoso pero que en su momento no lo fue tanto. Aunque ya alguna vez hablé de eso, lo menciono de nuevo por lo importante que es para esta historia. Resulta que el swiche infeliz nos decía, literalmente:

“reclutas comemierda, yo a ustedes no los puedo coger a tabla y pata como en las buenas épocas porque me caen encima los granmalparidos de derechos humanos, entonces para evitarnos problemas, cada vez que les diga PALOMAS, entiendan que les estoy diciendo TRIPLEHIJUEPUTAS. Por ejemplo, ‘a formar palomas’ significa ‘a formar partida de triplehijueputas’; o ‘venga acá paloma’ significa ‘venga acá soldado triplehijueputa que no sabe como lo voy a poner a voltear hasta que vomite el desayuno…”

Mientras uno escuchaba ese conmovedor discurso y no sabía si tomarlo en serio o no, alguien, siempre había alguien que se movía un poco y cuando uno está formado cualquier movimiento se nota mucho porque rompe la línea, entonces el swiche se emberracaba ahora si de verdad y nos conminaba amablemente a quedarnos quietos:

“quietos soldados malparidos que se mueven en la formación como las putas de sus madres cuando trabajaban a las 3 de la mañana para llevarle la leche del desayuno al niño que dizque ahora es un soldado de la patria, cual soldado, ustedes no son soldados, son reclutas pecuecudos y malolientes que no se merecen ni el aire que respiran ni la papita que se comen, ustedes son unas maquinitas de hacer mierda; tenderse pecho a tierra y arranquen con 22 de pecho…”

Despues de estos tiernos recuerdos indispensables para definir el el término PALOMA, que es casi tan ofensivo como decirle a alguien HONORABLE CONGRESISTA (perdón por escribir estas vulgaridades en mi blog), puedo proceder a copiar verbatim una carta a mi proveedor de servicios de internet, carta escrita un dia y nacida de la desesperación.


 

Señores

EMCALI Telecomunicaciones

La Ciudad

 

Apreciados señores palomos y palomas,

 

Tengo contratado con ustedes el servicio de Internet Banda Ancha desde hace algunos años. No crean que fueron elegidos por su calidad técnica o servicio, sino porque desafortunadamente es la única empresa que tiene cobertura donde vivo. Digo desafortunadamente, porque estoy convencido de que un servicio de internet implementado con mensajes en código morse escritos en papel y amarrados a la pata de una paloma mensajera tendría más velocidad y, sobre todo, más confiabilidad, teniendo en cuenta la experiencia en palomas con que cuenta su ilustre organización.

El servicio que ustedes me prestan en el más caro de todo Cali. Sinceramente no me importaría que cobren más, si funcionara bien. Pero después de contar por varios años con sus servicios puedo decir con conocimiento de causa que su red de internet es un completo palomar, palomas los técnicos, palomas los equipos, palomas el servicio al cliente, y nos quieren ver la cara de palomas a todos los usuarios.

Me duele el pecho del estrés y de la ira causada por el hecho de que su servicio es un asco, es un vómito, es una completa porquería. Funciona cuando se le da la gana, se desconecta a cada 5 minutos y tiene inteligencia artificial: escoge el momento cuando más necesito revisar mi correo o enviar algún trabajo y allí se desconecta religiosamente por horas.

En repetidas ocasiones me he comunicado con las palomas de servicio al cliente quienes siempre me dicen sandeces y me intentar cuentiar, para al final decirme que van a hacer un “reporte de servicio” para “verificar la calidad de mi red”. He perdido la cuenta de cuántas veces me repiten todas las bellezas que le van a hacer a mi línea, que la van a filtrar, que la van a poner linda, que la van a dejar hecha una uva y adivinen qué, siempre vuelve a fallar.

Con todo respeto, me gustaría saber con qué honorable paloma de su empresa toca hablar para ver si algún dia en su paloma vida me arreglan el servicio de banda ancha y me lo dejan funcionando decentemente.

Yo no pido mucho, soy un hombre sencillo: a veces me juego un dotazo, a veces descargo algo, y la mayoría del tiempo sólo quiero navegar por internet buscando cómo terminar mi tesis.

Les juro por su benemérita y paloma madre que como empresa son una de las cosas más horribles que me han pasado en la vida. Por su culpa he tenido que enviar correos desde mi celular, he dejado de enviar trabajos con fecha límite, y he adquirido una fama de lagger y leaver irredento al jugar dota, fama que por su culpa me acompañará hasta el final de mis días.

(lagger es el jugador que hace que toda una partida pare porque su red se pone lenta, leaver es quien daña la partida con una desconexión de internet)

Me tienen tan desesperado que estoy a punto de tomar medidas desesperadas y que ninguna persona sana consideraría, como comprar internet inalámbrico de Comcel. Yo creo que este hecho es prueba suficiente de cuán cerca a la locura me ha llevado su servicio.

Espero su respuesta y sólo les deseo con amabilidad que los viole en repetidas ocasiones una manada de burros locos, ah, y que los privaticen.

Atte.

Su abonado

written by Saudade

Apr 27

A pesar de la advertencia final, mi post pasado causó algún revuelo entre algunas almas piadosas que no se tomaron la molestia de leerlo con cuidado. Por esta razón y para salvaguardar mi honor me veo obligado a hacer énfasis en tres cosas:

a) En la frase inicial se explica que los hechos relatados ocurrieron HACE VARIOS MESES. No fue la semana pasada.

b) En dos partes, especialmente al final, hice énfasis en el hecho de que NO TENGO NINGUNA INFECCIÓN. Esta es tal vez la parte más perturbadora del asunto: recibí comentarios, correos y llamadas de personas que me decían que qué clase de infección tenía y que si ya se me había quitado.

c) Les invito amablemente a que lean el about de este blog.

Fin del disclaimer.

Ahora si continuemos relatando los hechos que, PASARON HACE VARIOS MESES, y que demostraron que NO TENGO NINGUNA INFECCIÓN.

El dia que tuve la entrevista con esa médico salí un poco aburrido para mi casa e inmediatamente comencé a tomar los analgésicos y los antibióticos. Según ella el dolor y la inflamación debían ceder. Al otro día todo amaneció peor. Todo es todo. Es más, me daba unas punzadas que sentía que en ellas se me iba la vida.

Las punzadas me recordaban la idea tibetana-budista de que el alma está pegada al cuerpo por un hilo de plata y que, cuando uno tiene un sueño o viaje astral o algo así, realmente lo que ocurre es que el alma divaga como turista y lo único que la pega al cuerpo es el mencionado hilo; cuando uno muere, se corta definitivamente.

Las punzadas eran tan terribles que no podía dejar de pensar en agregar una idea complementaria a esa teología: en los hombres el famoso hilo de plata que une el alma al cuerpo lo tenemos amarrado literalmente de las pelotas, y esas punzadas eran los tirones en el hilo causados por mi alma en sus intentos por salir.

En cada punzada se sentía el famoso hilo estirándose, templado como una cuerda de guitarra a punto de reventar, mientras yo apretaba nalga y con los dedos me hacía presión como a la izquierda del ombligo. No es que las tuviera ahí del miedo, es que con esa presión a esa altura el dolor se mitigaba ligeramente.

El caso es que el dolor no sólo no se calmo, sino que, como se habrá podido inferir, aumentó. Por eso religiosamente al despertarme fui al médico con la felicidad de poder demostrarle que no tenía ninguna infección, pero con el miedo de ahora si quién sabe qué me pasó.

Es como la historia de uno estar feliz cuando sale de reunión con su tutor de tesis: uno sale feliz porque está jodido; similar a la metáfora que usé alguna vez y que me valió ser owneado: estar feliz porque, aunque te duele una gueva no es una infección, es como estar feliz después del sexo anal porque, a pesar de que te clavaron, por lo menos tuviste sexo.

Para mi fortuna los dioses de la testosterona se apiadaron temporalmente de mí y me tocó un médico hombre, un hombre que sabe lo que se siente y sabe con qué amor uno las quiere. Para esas cosas es mejor un hombre, es que todavía recuerdo mi primera experiencia cercana del tercer tipo: a mis 16 años en el primer examen médico para ingresar al ejército me tocó una doctora negra; a propósito, esas historias que cuentan que si en esos exámenes alguien tiene una erección le pegan con un caucho de oficina son eso, historias, uno con ese susto de que se lo van a llevar al ejército a prestar servicio militar en lo último que puede pensar es en eso. Por el contrario, uno sólo quiere decir: ella normalmente no es así, es el frío, son los nervios, de veras!

La doctora negra nos hizo desnudar a todos e iba pasando uno por uno revisando los ojos, dientes, dedos, columna, pies, etc. El momento más temido era cuando lo revisaba a uno ALLÍ y verificaba que las tuviera completas y en orden. No sé porqué, pero en mi caso las jaló y apretó con una delicadeza propia de su sexo: los hombres conocemos bien esa sensación de sudor frío y dolor de estómago que precede al dolor causado por un golpe o apretón.

Al consultar después con mis compañeros, todos coincidimos en lo mismo, que dolor tan hp en el momento de ese tirón. Todavía no sé por qué pasó eso, pues tuve 3 exámenes más en mi servicio militar y nunca sentí lo mismo. ¿Se estaría vengando atávicamente de un despecho? ¿Su papá no la abrazada de pequeña y odiaba a los hombres? Ni idea.

La cuestión es que así como nosotros los hombres nunca entenderemos un cólico menstrual y nos parecerá una estrategia baja de manipulación, las mujeres nunca entenderán un dolor allí, es algo tan primitivo que debe estar asociado al cerebro reptil, no se puede razonar sobre eso, simplemente duele.

Después de este periplo para ilustrar el porqué prefiero doctores hombres para esos avatares, continúo contando lo feliz que estaba porque probablemente no era una infección lo que tenía.

El doctor me revisó, tomó nota de mi andar cojeante y afortunadamente se preocupó tanto como para enviarme directamente a un ultrasonido.

Yo estaba feliz dentro de lo posible, por fin iban a saber qué tenía, pero no era ninguna masa o protuberancia que pudiera indicar el temido cáncer de testículo.

En eso estaba cuando me llamaron para el ultrasonido y cuando ingresé estaba una señora como en sus 40 años muy delicadamente peinada y maquillada escribiendo en un computador. Tenía un aire tan de mamá o abuela que instintivamente la tomé por una enfermera, y cuando me dijo que me quitara los pantalones pensé que me estaba preparando para el ultrasonido. Pero cuando me fijé en el carnet que tenía en la solapa de la bata, me di cuenta que era la Médico Radióloga.

Holy Mother of God.

Otra doctora.

Puse la mejor cara que pude, me quité la ropa y la doblé cuidadosamente y puse el libro que llevaba al lado de los pantalones. Siempre cargo uno o dos libros conmigo y más cuando voy a hacer alguna vuelta, uno nunca sabe cuándo va a tener que esperar. Muchas personas piensan que es una buena costumbre, y que tan bueno ser como yo que leo rápido. Lo que no saben es que la lectura es un vicio terrible, siempre se tiene que estar leyendo algo, la mente es el peor enemigo, si la dejo sola y quietica 5 minutos se enloquece, por lo menos mientras leo no pienso.

Por más que intento no recuerdo qué libro llevaba ese día, si no estoy mal era algo sobre la Guerra del Peloponeso. Es una lástima porque el título del libro juega un papel importante en la historia, pero qué se le va a hacer, mi memoria es así. El caso es que me acosté sin ropa de la cintura para abajo en una camilla, por cierto preferiría estar completamente desnudo, me parece más humillante quedarse en camisa; pero bueno, quedé acostado allí mientras la doctora se ponía sus gafas de lectura (plop), se me acercaba con una especie de frasquito y a continuación me dice:

—¿Porqué viene?

Dios mío, pensé, otra vez ese interrogatorio? Porqué el médico no me libró de eso explicándole a ella a qué vine hoy? Cómo pude y otra vez tartamudeando le conté lo mejor que pude.

—Por favor abra bien las piernas, tome su pene con la mano derecha y llévelo lo más lejos que pueda.

Nunca entendí porqué, si todos los demás médicos me habían “manipulado” allí de todas las formas posibles y grados de delicadeza, ésta en particular me pedía eso, pero bueh. Hice lo que me pidió mientras sentía como me esparcía la fría gel de ultrasonido de la misma forma como si le estuviera echando bronceador a un cocodrilo.

Luego tomó el aparato del ultrasonido y empezó a pasarlo por el TI, el TD y zonas aledañas. Afortunadamente eso no dolía, porque demoró como unos 10 minutos, miraba, remiraba, me pedía toser, hacer fuerza, relajarme y ella miraba y miraba. Estuve tentado a decirle que si, que para mi también eran lo más hermoso que uno podía ver en la vida.

Después de una eternidad, paró súbitamente y me dijo que habíamos terminado el examen. Se dirigió a la puerta como indicándome la salida al tiempo que me pasaba la toalla de papel más pequeña que se pueda imaginar. Inmediatamente recordé la cafetería vieja de la universidad donde el dueño pasaba sus ratos libres destapando la caja de las servilletas; las tomaba una a una, las abría y cortaba en 4 pedazos para luego doblar por la mitad cada pedazo en un triángulo. Era tan tacaño que en el almuerzo le daba a cada persona uno de esos triángulos y si uno tenía la osadía de pedir más servilletas, con calculada cortesía le daba otro triángulo con los ojos tan llameantes de furia que uno nunca jamás volvía a pedir una más.

Así me sentía mientras la doctora simultáneamente se dirigía a la puerta, me pasaba la minúscula toalla de papel y me decía que el examen había terminado. Sólo me quedaba recoger mi dignidad en pedacitos y salir de allí lo más rápido posible, pero primero debía limpiarme toda la enmelocotonada que tenía en la entrepierna, porque ah generosa si fue con la famosa gel, vestirme como pudiera y salir de allí.

 

Muchos fragmentos de mi vida se han olvidado, algunos para bien, otros para mal, pero nunca olvidaré que a la primera pasada esa toalla se empapó de gel y quedé como la persona que está en el baño y descubre que el papel se acabó. Por la forma en que me dió la espalda quedaba claro que la doctora no quería saber nada de mí y yo no quería pedirle otra toalla, así que la usé y reusé todo lo que pude y, aunque quedé peor que al inicio, me consolé pensando que uno debe elegir las batallas que puede ganar y que no me iba a morir por ir hasta mi casa ligeramente atollado.

El problema es que mi ropa estaba como les conté cuidadosamente doblada en la silla al lado de la entrada, junto al libro y junto a la doctora que me daba la espalda. No tenía otra opción que pararme de la camilla e ir por ella: en camisa de la cintura para arriba y desnudo de la cintura para abajo. ¿Porqué es tan humillante esa situación? porque es igual que estar en bata de hospital, es bata que no abriga ni cubre lo importante y que como estratégicamente cubre lo que no importa y no cubre lo que si, hace que uno se vea incluso más desnudo y desamparado que si no tuviera nada.

Como trataba de acercarme furtivamente, no me di cuenta sino hasta el último momento que, la doctora que me estaba dando la espalda tenía la cabeza abajo y estaba concentradísima leyendo el título del libro y, preciso en el momento en que yo tomaba mi ropa, ella cogía el libro, se volteaba y me decía:

—Está muy interesante el libro, de qué trata?

WTF!

Yo he tenido muchas escenas surrealistas en mi vida, pero es difícil superar el estar desnudo tipo bata de hospital, con todo almidonado “por allá”, con la ropa en la mano izquierda y a medio metro de una doctora que tiene mi libro en su mano y lo ojea mientras me pide su opinión sobre la guerra del Peloponeso. Yo sólo podía pensar cosas como:

¿Qué reglas de urbanidad sigue uno en ese caso? Todas pasaron por mi cabeza en ese momento: ¿será más grosero vestirme como si no la hubiera escuchado, o hablar de historia con todo al aire? ¿Podré ponerme la ropa interior con naturalidad al frente de ella mientras diserto sobre Tucídides? ¿Qué pasa si le interesa lo que digo y se sienta para escucharme mejor? ¿Me le siento al lado, o mejor le doy la espalda?

Todavía no sé cuál era la reacción adecuada para la ocasión, si alguien la sabe por favor ilústreme, a mí la urbanidad de Carreño no me preparó para esta situación.

Mi memoria, afortunadamente, se vuelve borrosa por la vergüenza, sólo sé que salí de allí a esperar el resultado del examen, con el libro en la mano, vestido completamente (gracias a Dios), caminando como si tuviera un cojinete engrasado en la entrepierna (técnicamente lo tenía) y con la toallita de papel empapada de gel en la otra mano.

 

(Continuará)

 

P.D. NO TUVE, NI TENGO, NINGUNA INFECCIÓN, CAPICCI?

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Apr 20

Comenzó hace varios meses, un jueves de madrugada. Me desperté súbitamente, pero como tengo insomnio intermitente, no me sorprende despertar cuando es oscuro todavía, mirar el reloj y darme cuenta de que no voy a poder dormir más así todavía tenga mucho sueño.

Pero esa madrugada fue diferente. Me despertó un dolor en el bajo vientre, un dolor tan punzante en los testículos, algo que sólo podrían comprender quienes lo han sentido alguna vez, algo completamente diferente a los dolores que tenemos los hombres por ese concepto.

No era el dolor típico causado por un golpe bajo, ese dolor que todos los hombres conocemos, ese de cuando uno recibe una patada jugando fútbol (o las más amables versiones cuca-patada o galleta-pata), ese dolor que quita el aire por unos segundos mientras la visión se nubla y uno sabe que va a doler, no todavía, pero vaya si va a doler. Tampoco era el dolor del novio o “calambre llanero” que llaman, ese dolor causado por horas y horas de bluyineo en un sofá sin posibilidad alguna de “realización”; ese dolor que se siente como una mano no muy cariñosa que estruja las pelotas sin piedad. Probablemente sea algo vudú, y esa mano sea la del papá de la niña que cobra su venganza por anticipado y por derecha.

Pero no, no era ninguno de esos dolores, era algo mucho más fuerte, era un dolor (no lo quiero describir así, pero siempre que recuerdo me llega esa imagen a la cabeza), un dolor COMO UN ALFILER HORADÁNDOLA DE LADO A LADO.

Ahora que todos los lectores hombres inconscientemente apretaron todo y se mandaron la mano a ver si todavía las tienen en su lugar, ahora si les puedo describir cómo se sintió. Primero respiren profundamente y tranquilos que no les está pasando a ustedes: todo el bajo vientre izquierdo estaba contraído por el dolor, la ingle tenía un dolor sordo, el cual es mi tipo favorito de dolor porque no es algo directo sino como difuminado a un área. Hasta ahí no pasaría de ser posiblemente el resultado de una mala comida, pero había un detalle que lo hacía único: el testículo izquierdo, TI para los amigos, el pobre TI dolía terriblemente, dolía como si lo atravesaran un par de alfileres en una metáfora absurda de una cruz.

Cualquiera pensaría que uno gritaría desesperado llamando una ambulancia, y cualquier hombre en sus cabales lo haría, pero cada movimiento enviaba olas de dolor y preferí acunarlas en mis manos mientras las arrullaba como a un niño pequeño que no para de llorar e imploraba al cielo que dejara de doler.

Y dejó de doler lo suficiente para que conciliara el sueño.

Unas horas después me desperté, desayuné, y me fui a trabajar, me reí del dolor como se ríe uno en el día de una pesadilla nocturna, imaginé que seguramente dormido me habría golpeado. Pero, al medio día mientras descansaba un poco, volví a sentir la misma punzada, no tan fuerte, pero lo suficiente como para alarmarme y darme cuenta que no había sido algo aislado sino que esto ya tenía un patrón. Llamé el servicio de urgencias de mi EPS para pedir una cita prioritaria; es evidente que su misión es NO dar esa cita sino demorarlo a uno por lo menos un mes, pero cuando el hombre que tomó mi llamada me preguntó los síntomas que tenía, me dijo: “le sirve una cita para los 2 p.m.?” (eran como las 12:30). Gracias a Dios por la solidaridad masculina, sólo le faltó decirme, “lo acompaño en su dolor, fuerza compañero”.

Cuando llegué al médico caminaba con mucha molestia, y mientras pagaba la cita me di cuenta de que quien me iba a atender no era un médico, sino UNA MÉDICO.

No tuve tiempo ni de asimilar este hecho porque al minuto siguiente me llamaron a la cita, y al entrar me di cuenta de que para mi desgracia no era una gorda bigotuda como las sargentos del dispensario en mi servicio militar, al contrario, era una doctora preciosa, ojos negros profundos, pelo negro largo, lentes de marco fino, rostro bonito. Cuando me habló me encantó su suave acento valluno y su voz tan delicada mientras me pedía mis datos de rigor. No, tranquilos que esto no se va a volver porno, no va a llegar una enfermera bi a darme un baño de esponja, tampoco me levanté a la doctora. Pero su voz fue lo suficientemente amable como para cogerme fuera de base cuando me mira a los ojos y me dice:

 

– “cuénteme, ¿porqué vino a consulta?”

 

Mi parte de la conversación la voy a eliminar por simple vergüenza. Tartamudeaba y me sentía como un niño al que su profesora le hace un examen oral del que no sabe absolutamente nada. Me hizo sentar en una camilla y mientras me hacía revisión de presión, ojos, boca y demás iba acribillando con preguntas del cariz de:

 

– “desde cuando le duele?”, “de 1 a 10 cuánto es el dolor?”, “dónde le duele?”, “le había dolido antes?”, “cómo es el dolor?” y luego me suelta el cañonazo de: “párese en la escalerilla y bájese los pantalones y la ropa interior”.

 

Holy Mother of God.

 

Como pude me quité el cinturón y bajé los pantalones. Luego levanté la cara preguntando con los ojos: “Todo? Segura?”. Su expresión al apretar la boca y afilar la mirada mientras se ponía un guante de latex me dió a entender que si, que era todo, que rápido que quería acabar con esto. Hay pocas cosas peores que un médico (o UNA MÉDICO) lo mire a uno con expresión de aburrimiento.

 

Y me bajé todo.

 

Yo creo que no hay posición más humillante para un hombre que estar parado en una escalerilla al lado de una camilla, con los pantalones y boxer en las pantorrillas, la camisa puesta y una doctora con cara de molestia haciendo un examen “allí”. No hay manera de mantener la dignidad en esa facha y en esa pose. Lo mejor es mirar hacia arriba, hacer de cuenta que no es con uno y rogar para que pase rápido. Ahorro los detalles del examen. Sólo puedo comentarles que en algunos momentos el dolor era tan fuerte que hubiera preferido no haber ido, pero a sus preguntas de “le duele”, hacía acopio de toda mi fuerza de voluntad para responderle con mi mejor cara que si, que la “molestia” aumentaba un poco cuando ella la apretaba como cuando una abuela apreta un aguacate en un supermercado para medir su grado de madurez. Y si, cuando me pinchaba con su dedo en la ingle y me hacía toser, me aumentaba la “incomodidad”. Todo esto mientras imploraba que acabara ya o si no no podría soportar más e iba a terminar en el suelo con el pulgar en la boca, posición fetal e implorando piedad.

 

En esos pensamientos estaba cuando me di cuenta que terminó, principalmente porque después de voltearse con desprecio y quitarse el guante y arrojarlo a la basura como si hubiera tocado algo asqueroso, me dijo, tiene una infección en el TI, puede vestirse.

 

¿Infección Doctora? Le dije. WTF! Pensé.

 

Si, infección, me respondió.

 

Si antes me miraba con dureza, ahora me miraba con el odio reprimido de: “claro, otro perro más que lo pringaron y viene a hacer cara de dolor aquí” Doctora, le dije, Doctora, pero como es posible que yo tenga una infección AHÍ en el TI?

 

Al momento de hacer la pregunta me sentí más estúpido (si fuera posible), porque ella ya estaba llenando la receta de antibióticos y yo me sentía como el niño que acaba de preguntarle a su mamá como nacen los bebés y acaba de darse cuenta de que va a recibir más información de la que quiso escuchar nunca jamás. Afortunadamente no me respondió más allá de un murmullo que yo fingí entender y al final si alzó la voz claramente para indicarme que me tomara esas pastillas religiosamente cada 8 horas y que por favor me fuera mientras ella llamaba a control de plagas y les pedía que fumigaran, no, mejor que demolieran su consultorio que había sido profanado por mí.

 

La última parte la inventé.

 

¿Qué podía hacer? Terminar de vestirme y de recoger mi dignidad del piso con una espátula, salir, comprar la droga, e irme a casa a esperar a que se me quitara la infección.

 

(Continuará… y sólo para salvar mi honor, no era una infección)

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Jan 25

Quienes debemos manejar un carro diariamente por las calles de Cali sabemos que el tráfico es una completa mierda. Cuando yo llegué a Cali, unos 15 años atrás, todo el mundo hablaba maravillas del civismo y la cordialidad de las gentes, incluso se veía como ejemplo de cultura el que la gente hiciera fila para tomar un bus. Desafortunadamente cuando yo llegué ya estaba en su esplendor la cultura traqueto-lavaperra, entonces para mi ese cuento de la Cali bonita y cívica no pasa de ser una leyenda urbana.

De igual manera para nosotros recién llegados era muy curioso ver que los buses tenían nombres de colorcitos: “Blanco y Negro”, “Azul Plateada”, “Amarillo Crema” y “Papagayo” entre otros. Lo que no sabíamos era que los buses y taxis en Cali son los enviados del averno, los envía Beelzebú desde la séptima paila para delicias de todos los caleños.

No voy a hablar del deterioro evidente de Cali como ciudad en los últimos 4 alcaldes, enfoquémonos específicamente en el tránsito.

Las calles son un asco. En innumerables ocasiones he estallado llantas, doblado rines y afortunadamente nunca me he accidentado por culpa de un hueco pero si lo he visto y oído en otros. Los carros de desajustan y suenan como catre de pobre, no hay amortiguadores ni suspensión que aguante 6 meses en Cali.

Hace infinidad de años, se inventaron el MIO, que es como el Transmilenio en Bogotá con la diferencia de que llevan retrasando su inauguración no se cuántos años, y han tenido que abrir calles, pavimentar, volver a abrir porque se les olvido otra cosa, han hecho puentes con el peralte pal lado que no es (no me lo estoy inventando) y todos felices.

Pero eso es lo de menos, eso tiene arreglo.

Lo que no tiene arreglo es la gente.

Siempre que pienso en Colombia y específicamente en Cali recuerdo un chiste malo que escuché alguna vez, perdonen lo malo pero es esencial para entender el resto de la historia:

“Un ángel le decía a Dios, un poco preocupado por el tratamiento que le daba a Colombia: ‘Señor, pero porqué tantas consideraciones con Colombia’; y procedía a enumerarle todas las cosas esas por las cuales los colombianos sacamos pecho como si nos las mereciéramos, como el café, el petróleo, los pisos térmicos, los dos océanos, y demás estupideces… a lo que el altísimo respondía: ‘Es que espere y verá la clase de hijodeputas que voy a poner a vivir allí’”

Y es que ustedes vieran la clase de hijueputas que le toca ver a uno diariamente manejando.

Empecemos con el transporte público: buses, busetas, colectivos, taxis. Parece que para darles pase la brutalidad es requisito indispensable.

Miren esta belleza, el semáforo en rojo, y el bus donde está?

Ahora miren este video, donde se ve un bus de servicio público que toma una ruta que no debe, se vara (el 90% de los trancones son causados por un vehículo público varado), queda atravesado en plena vía y obliga a que todos tengan que pasarle por el lado, incluyendo al pobre bus de transporte escolar.


 

 

Pero como los conductores particulares no se quedan atrás, miren esta señora, que toma el carril reservado al MIO, pero lo toma EN CONTRAVÍA, sin importarle nada, y cuando llega al semáforo se lo pasa en ROJO y gira a la izquierda, pasando a centímetros de un carro que viene subiendo.


 

 

Pero no le echemos la culpa solamente a la señora, miren un cruce normal en Cali:

 

A mí me dan ganas de ponerle una veladora a San Adolf Hitler, patrón de los que tenemos que vivir con esta sarta de imbéciles. Ven a mi rápido, limpieza racial.

Ah pero Colombia es Pasión, no?

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Jan 30

Animal

Conducía tranquilamente de mi casa al trabajo y tomé una curva hacia la izquierda. En ese momento veo un Aveo gris parqueado y comenzando a salir en reversa.

Al primer momento ni siquiera le puse cuidado, un carro más en las calles, pero medio segundo después vi que seguía retrocediendo, me pareció un poco imprudente que retrocediera en esa situación porque podría venir alguien por su carril y tendría que frenar bruscamente.

Otro medio segundo después vi que seguía retrocediendo, le pité suavecito como para alertarlo, a veces uno está descuidado y no se fija bien en los espejos, claro que sacar un carro en reversa sin estar concentrado en lo que se hace es buscarle males al cuerpo.

En ese momento el conductor arrancó abruptamente en reversa, invadió mi carril, sólo tuve tiempo de acelerar y mandar mi carro hacia la derecha o si no me hubiera golpeado en mi puerta, ahí sentí el golpe más o menos sobre el guardabarro trasero izquierdo.

Paré el carro unos metros adelante, y del Aveo se baja una señora cuya descripción completa no hago en aras de la amabilidad, pero digamos que era el típico exponente de la barbichona: cara de barbie, cuerpo de lechona.

Pantalón blanco de lycra, blusa escotada, gordos desparramándose por todas las costuras, super maquillada, sandalias de tacón alto, cinturon de material indeterminado muy ancho y con cosas brillantes… es que joder, parece que me lo estuviera inventando no? Parece que estuviera dándole al estereotipo.

La popular moza de traqueto, bueno en realidad era como moza de lavaperro porque estaba como trajinada.

Bueno, volvamos al hecho de que se baja la paciente y me dice a modo de reclamo:

- Ay papi, porqué no te fijasteSSSS

Yo la miré sin darle crédito a mis oídos.

- Pero señora, usted como va a sacar un carro en reversa sin fijarse en quién viene.
- Pero si yo puse la direccional!
- La direccional no es suficiente, usted debía poner las luces de parqueo. Además el poner luces no le da derecho a la vía.
- Pero es que tu venías muy rápido papi!
- No podía venir rápido, señora, porque acabo de girar a la izquierda, además tuve tiempo de pitarle 2 veces al ver sus intenciones.

Quería decirle: “le pité dos veces pero no creí que fuera tan bruta”.

- Ay papi, la próxima vez fíjate bien…
- Bueno, cómo vamos a arreglar, o si quiere llamemos al tránsito, no fue muy fuerte el golpe pero creo que debo pintar esta parte.

En ese momento la tía se fue hacia su carro y abrió la puerta, yo miraba con dolor el golpe al carro (prestado por mi papá) esperando a que la señora llamara al marido, o me diera su teléfono o algo así, cuando escucho un motor arrancar y veo como el Aveo se va.

Si señores, la muy bitch se fue sin decirme nada.

Obviamente la sangre me hirvió y me subí a mi carro a perseguirla, atravesarle el carro y llamar hasta la DEA si era necesario, pero desafortunadamente se pudo volar.

Mañana les pongo las placas de ese carro. Si la llegan a ver, le echan la madre de mi parte, por favor.

Ahora comprenden porqué el tráfico en Cali es una completa mierda?

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Jan 14

Primer Acto
Acto1

Segundo Acto
Acto2

Tercer Acto
Acto3


Qué nombre le pondrían a la obra?

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Jul 03

Las FARC manifestaron que los 11 diputados asesinados cayeron en el “fuego cruzado”.

Fuego cruzado

Tomado del Blog de mheo. Hosteada en el flickr de mollyparker

La imagen es del diario “El País” de Cali.

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Jun 28

Ventas de semáforo

Como uno cierra las ventanas para que no le den nada, y le hace gestos desesperados a los que vienen a “limpiarle” el vidrio, entonces el parabrisas se convierte en mostrador…

En mi flickr están las notas que le puse a la foto:

  • Ahí está el libro que hace que las estadísticas de lectura colombiana sean de más o menos un libro al año per cápita… por lo menos leen algo!
  • Alimentación nutritiva para todos
  • Trabajo informal no solicitado

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Jun 06

Aunque ese cuento de que cada gato tiene un blogger por mascota es viejo… es bastante acertado. El gato es el compañero ideal cuando uno está estudiando, leyendo o haciendo cosas en el computador.

Ronronea al lado de uno, no hace bulla, es el compañero de juegos perfecto.

Pero a veces cuando me mira, me pregunto qué estará pensando…

Gato

¿Qué creen que piensa cuando me mira así?

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May 31

Tunel de árboles

Bueno ahi los dejo con una de las fotos chéveres que han salido estos días, es el camino hacia mi casa por la avenida Guadalupe, en un tramo que están repavimentando porque dizque ahí va a pasar el MIO, aunque eso quiero verlo.

Como 50 metros más adelante es donde toca pasar en lancha, en los últimos días ha llovido mucho y se hacen unas lagunas que ni se imaginan (y eso que es subiendo a la montaña), dos veces pasando por ahí me ha tocado apretar nalga y pujar para que no se me apague el carro mientras veo angustiado que el agua se empieza a meter por debajo y quedo con los tapetes inundados…

Loma es loma y lo demás se inunda!

Aprovecho para invitarlos a que cuando quieran se pasen por mi flickr, la verdad me da pereza subir fotos aquí… allá ya sé como subirlas en batch (si, si descubrió el agua tibia)

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May 23

Este post es difícil de entender. Probablemente sólo lo hagan quienes me conozcan personalmente.

Todo empezó cuando un amigo, cuando le dije que abriera su blog, arrancó contando una historia donde soy el personaje principal, y en esa historia soy un chimbo.

¿Qué es ser chimbo? Es difícil definir porque varios comportamientos se denotan con la misma palabra, y aun esos comportamientos es difícil clasificarlos bien.

Digamos que hay dos formas de ser chimbo. Una es deliberadamente hacerle el mal al prójimo para burlarse de él, como en la anécdota que él relata: un día le dije que lo recogía a las 7:30 a.m. para llegar a la universidad temprano, pues su casa me quedaba en la ruta. Quienes me conozcan sabrán que soy muy olvidadizo, soy capaz de ir a cine con alguien y al siguiente día comentarle a esa persona que la noche anterior me había visto tal película. El caso es que el cuento continúa cuando yo iba pasando en frente de la portería donde vivía mi amigo, él me estaba esperando pero a mi se me olvidó completamente y seguí derecho. Me acordé cuando llegué a la Universidad, pero ya no había nada que hacer.

Fue un lapsus terrible, obviamente me sentía muy mal por haberlo dejado esperando, pero a la vez no lo había hecho deliberadamente, así que técnicamente no era culpable.

La segunda forma de ser chimbo es la que menciona en su post: burlarse de alguien por dar papaya. Ahí si no tengo nada que ocultar, lo soy. Me encanta que alguien diga una sandez para caerle con todo el arsenal que pueda. Me acuso, lo soy y lo disfruto.

Lo que me molestaba en realidad es que me dijeran “chimbo”, pensando en la primera definición en situaciones de la segunda. Muchas veces intenté decirles que si, que me burlaba de ellos, pero que al mismo tiempo contaban conmigo para lo que fuera necesario, que el hecho de que los chimbiara como acción libre (definición tomada del rol) no quería decir que no los quisiera.

Máxime cuando ellos se divertían mucho si cogía a alguien entre ojos y le mandaba unas salvas de artillería verbal. ¿Quiénes eran los que se desternillaban de la risa? Ellos. Entonces no es justo que disfrutaran el producto y condenaran el proceso.

Hace unos días estaba jugando cuando un conocido mío miraba el video de Shakira y Beyonce y después de babear alelado por unos minutos comentó: “ah, es que el marido de Shakira si picha muy rico” (sic) . Díganme ustedes… hubo necesidad de decir algo adicional? Él se chimbió sólo!!!!!!

Ese mismo día pensé: a veces ni siquiera tengo que joderlo o buscarle el quiebre, ellos se clavan el puñal solitos… yo simplemente soy un catalizador que no deja que esas cosas pasen impunes. Y si esa es una cosa que hago bien, pues no la escondamos, por el contrario, démosle vía libre y no nos contengamos!

Por eso la determinación está tomada: desde ahora no me refrenaré más, dejaré salir todos los comentarios que antes dejaba para mi fuero interno sin mitigar su acidez ni su alcance.

Recuerden siempre (mis amigos) que si lo son es porque los estimo mucho.

written by Saudade

May 19

Este es el resultado de jugar una dota en GGClient. Llego un sábado a mi casa, no hay mucho que hacer, estoy esperando que sea más tarde porque hoy se casa una amiga mía entonces pues me toca todo el cuento de la ropa y recojer a mi significant other y pues todo eso.

Entonces para mtar el tiempo mientras almuerzo me echo un dotazo en GGClient, me toco en un lane contra el Zeus y desde que vi el famoso replay donde Merlini con ese héroe se viola a 3 en su lane le tengo un respeto ni el berraco. Sali con 4 tangos dispuesto a aguantar.

Obviamente el Zeus me llenó de rayos y me mantenía tojo pero no me mató. Cuando ibamos como en lvl 12 una araña que estaba con nosotros se salió y tenía casi terminado el Hood of Defiance, entonces le empailé los items y quedé perfecto porque así los rayos del Zeus y los misiles del Tinker no me iban a pegar tan feo.

La progresión fue: Boots of Travel, Monkey, Hood of Defiance, Heart of Tarrasque y por último para acabar rápidamente me hice la Divine Rapier.

El resultado es este monstruo:

King Leoric

Ah, y cuando nos estábamos metiendo a la base enemiga, salió el Zeus a tratar de defender, le tire un stun, me acerqué para pegarle y el resultado fue el siguiente (observar el critical):

Pobre Zeus

written by Saudade

May 17

Cali ha tocado fondo.

Recuerdo que hace como 14 años yo vivía en Bogotá, y por cambio de trabajo de mi papá vinimos a vivir a Cali todos. Era como un sueño. En ese momento Bogotá estaba horrible: ciudad fea, trancones, a nadie le importaba lo cívico, etc. Pero comenzando con la alcaldía de Jaime Castro y luego con el combo Antanas Mockus y Peñalosa, se convirtió en la ciudad más bonita de Colombia. En la ciudad de los colombianos.

Por el contrario Cali era “un vividero muy sabroso”. La gente era educada, amable, cívica. El tráfico de ciudad intermedia hacia que para quienes estábamos acostumbrados a los terribles trancones de Bogotá manejar fuera una delicia. No había huecos.

Pero desde esa época estabamos jodidos. Ya apenas llegué me contaban las historias de los traquetos y sus lavaperros. Y la clase política caleña, Dios mío… no recuerdo (y uno me interesa averiguar) como se llamaba el alcalde de esa época, lo vi una vez en 1994 cuando presté servicio militar en la III Brigada, era un tipo alto con pinta de buena gente, pero creo que resultó siendo un corrupto investigado por el proceso 8000.

Luego siguió una racha tan desastrosa, que si no fuera por lo pésima parecería hasta chistosa: Ricardo Cobo, John Maro Rodríguez y Apolinar Salcedo. Es que parece la narración de las plagas de Egipto. Y si es cierto aquello de que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, pues si, hasta cierto punto Cali se merece todo eso. Pero ya no más, ya hemos pagado demasiado, nos merecemos alguien que quiera hacer algo por Cali y que no piense en como armar/aceitar/pagar su empresa electoral.

En el periódico El País se muestra la baraja de candidatos a Alcalde de Cali y Gobernador del Valle del Cauca.

Dan ganas de llorar. Es una desgracia la crisis de liderazgo que tenemos. Una caterva de infelices que no han hecho sino vivir pegados de la teta del estado aprovechando sus periodos como secretarios de lo que sea o concejales para meter sus pezuñas en cuanto contrato haya, ejerciendo su “control político” (léase: como voy yo y que me va a dar para que le apruebe sus planes) a los alcaldes de turno y esperando su momento. Hay unos que se salvan, hagamos la anotación, pero ninguno que uno diga “ese es”.

Por Dios es que nada más mencionar los nombres da grima y por eso no haré comentarios acerca de la mayoría de estos pacientes.

Es que a uno como ciudadano le gustaría tener un detector de mentiras y buscar a una persona decente que quisiera hacer algo bueno por su ciudad/departamento y ponerlo al frente. Que si a mi me gustaría? A veces creo que si, pero la verdad no se si quisiera gastar años de mi única vida tratando de arreglar este arrabal. La vida es una sola.

Y es que para añadir insulto a la injuria, en esta tracamanada de ineptos brillan por su descaro dos perlitas: John Maro Rodríguez quiere ser alcalde de nuevo y, oígase bien, Ricardo Cobo Lloreda quiere aspirar a la Gobernación del Valle.

Dan ganas de llorar.

written by Saudade