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Sobre wakas, tankas y haikus

Posted on June 30th, 2008 in Lecturas, Personal | 2 Comments »

No entiendo la poesía.

O tal vez no comprendo la poesía como normalmente se entiende, palabrería empalagosa tratando de decir algo que ni el autor sabe que es.

Tal vez por mi triste vocación de ingeniero y mi amor por la eficiencia, exactitud y brevedad, casi la única poesía que me gusta es la japonesa. Porque está claramente definida, y es corta. Y recuerden que lo bueno, si breve, dos veces bueno. (No aplica al sexo).

Pongamos el caso de un haiku. Un haiku, siempre son 3 versos, de 5, 7 y 5 sílabas cada uno. Deben estar enmarcardos en una estación, deben hablar de algo físico y deben expresar un profundo sentimiento. Y lo más sorprendente es que lo logran. Además, debe mostrar contraste, mucho contraste.

La idea es que un haiku debe recoger uno de esos momentos “ajá” que uno quisiera no olvidar nunca en la vida, de esos que casi no se pueden expresar con palabras. Y lo logran, porque son muy pocas palabras…

Yo he escrito 4 haikus en mi vida. La verdad ni siquiera son buenos, pero para mí lo son. Debe ser porque me gusta tanto el budismo zen que estoy tan atraído a esa forma de literatura. Comprender un haiku es como llegar al satori.

Se nota que haría lo que fuera por ser un monje budista, no?

Los dejo con algunos tankas, otra forma interesante de poesía japonesa un poco más larga pero no menos impactante. La mayoría son del monje Saigyô, originalmente un samurai al servicio del emperador que dejó posición social y familia para convertirse en un monje y vivir solo… pero feliz. Menos mal yo no quiero eso… no?

Now I understand!
When to remember me
She vowed,
She said she would forget me,
But kindly!

Your face
I cannot forget since
Our parting;
Traces of you
Remain resting on the moon.

So strong were
Our pledges, yet between us
All has changed;
In this world, in her
Did I put my trust…

As time goes by
You will forget me and
All will end, I think.
Yet what you have pledged to me
I still believe…

Together
Have we gazed and gazed again
Upon the Autumn moon;
To do it alone
Will be sad indeed.

Y ahora, el mejor de todos, el que me hizo escribir este post. Disfrútenlo:


Why be bitter
About someone who was
A stranger
Until a certain moment
On a day that has passed…

Después de leer esas cosas, me da tristeza no haber nacido en un país donde hubiese podido ser monje zen.

Llegó el pedido (2)

Posted on April 30th, 2008 in Lecturas, Personal | 3 Comments »

En el último pedido de Amazon pedí unos libros, que la verdad no sé a que hora voy a leer porque están más gorditos de lo esperado, aquí la lista:

  • The Ruba’iyat of Omar Khayyam. Recuerdan el post “About Destiny”? Pues esta es una traducción interesante de la poesía de Omar Khayyam. El libro por alguna razón no sale en la foto, seguramente lo tenía en otra parte en ese momento.
  • Feeling Good: The New Mood Therapy Revised and Updated, junto con The Feeling Good Handbook. Son dos libros sobre terapia cognitiva a ver si logro exorcisar mis demonios o por lo menos amaestrarlos.
  • Fire from Heaven y The Persian Boy. Si hace un par de meses compré “The Nature of Alexander”, pues obviamente ahora debía comprar estos libros de la misma autora, Mary Renault. Son una novela sobre la vida de Alejandro III de Macedonia, o Alejandro Magno para los amigos. Si, si ya se que se nota mi obsesión por el man y que debo dejar de comprar libros sobre él, pero qué puedo hacer? El man sabía lo que quería, hacía lo que quería y era el putas. Adicionalmente todo el mundo, incluso sus enemigos, lo adoraban. Qué más puede pedir uno?
  • Seven Pillars of Wisdom, de T.E. Lawrence. Alguna vez han escuchado de Lawrence de Arabia? Pues esta es su historia, contada por él mismo. Llevo mucho tiempo buscando ese libro y por fin lo conseguí
  • French Stories / Contes Français y Salut, Les Amis! (French For Mastery), más libros de francés para seguir aprendiendo…
  • The Best Short Stories de Guy de Maupassant. Este libro tiene una anécdota interesante: hablaba yo con una amiga y le contaba sobre la literatura y autores que me gustan, entre ellos franceses como Victor Hugo, Stendhal y Balzac. Ella me mira y me dice: “Has leído de Maupassant?”, y al recibir mi respuesta negativa, me miró con cara de : “y dices que te gusta la literatura francesa?”
  • The Decline and Fall of Roman Empire, de Gibbon. Literatura Inglesa de la más alta calidad, de un tema que también me apasiona. El autor tiene un manejo de la ironía y humor negro encantador.

Tambien me llegó un Moleskine porque el anterior se lo regalé a mi amiga más querida en todo el mundo. Y otras cosas como un aparato para medir el % de grasa corporal, mi proteína, etc.

Lo que no se es con la tesis a bordo a qué hora me voy a leer todo eso. Lo único que he leído hasta ahora es lo de Alejandro Magno (obvio no?), ya completé “Fire from Heaven” y voy por la mitad de “The Persian Boy”.

A veces creo que leo tanto… para no pensar…

Una opinión

Posted on April 24th, 2008 in Lecturas, Personal | 3 Comments »

Acabo de comprar el libro “Diez novelas y sus autores”, donde William Somerset Maugham hace un interesantísimo resumen de las 10 mejores novelas de todos los tiempos (según su concepto), acompañado de un retrato del autor y el zeitgeist, o espíritu de los tiempos que llaman.

Ya conocía ese libro y es muy bueno, se los recomiendo a ojo cerrado. Si les gusta la buena literatura, qué mejor que leer sobre las novelas que probablemente ya conocen desde un enfoque fresco y llego de anécdotas, y si nunca han leído bueno literatura, van tomados de la mano del mejor, Somerset Maugham. Le aseguro que después de leer ese libro les será imposible no leer por lo menos 4 o 5 de las novelas descritas allí.

Porqué lo volví a comprar? Primero porque era una promoción y costaba sólo $3000 COP, y segundo porque si leyeron el post sobre mis lecturas de fin de semana, hay pocos placeres tan grandes como leerse un libro bueno ya leído. Es como una caricia ya conocida, puede que el corazón no brinque como la primera vez, pero la seguridad y tranquilidad de saber que seremos satisfechos pagan la boleta. Algunas veces la mente o el corazón no están para la incertidumbre, así probablemente lo desconocido sea bueno; en estas ocasiones nada como la mano o libro ya conocidos.

Volviendo al tema, compré el libro, y lo estaba hojeando hace unos minutos, que a propósito, es otro de los grandes placeres de leer, hojear e ir a donde a uno se le dé la gana… quién dijo que los libros había que leerlos como los autores quieren? Me uno a Daniel Pennac cuando habla de los “Derechos del Lector”, comulgo completamente en cuando a que lo mejor de un buen libro solo se obtiene a la cuarta o quinta releida.

Y estaba en que compré el libro, mire perezosamente el capítulo sobre “Rojo y Negro” y Stendhal y en la parte donde termina la descripción de su vida, me encuentro con esta observación:

Lo llevaron a sus aposentos y murió al día siguiente. Había pasado la vida persiguiendo la felicidad y nunca había aprendido que la felicidad se alcanza cuando no se busca; y además, que sólo se conoce cuando se ha perdido. Es dudoso que alguien pueda decir “soy feliz”; sino sólo “fui feliz”.

Porque la felicidad no el el bienestar, el contentamiento, el sosiego, el placer, el gozo: todos estos son parte de la felicidad, pero no son la felicidad.

Es por esto mismo que los griegos decían que sobre un hombre sólo se podía decir si había sido feliz después de muerto.

Recuerdo que una vez una alumna muy intrigante de Tuluá me preguntó a bocadejarro: “eres feliz?” y yo les respondí con seguridad: “no”, a lo cual me dijo “cómo puede ser eso! yo soy feliz!”

Siempre pensé que, o ella sabía algo que yo no sé, o yo sé algo que ella no sabe. En el primer caso, hubiera dado lo que fuera para que ella me lo diera, en el segundo, ignorance is bliss

Lo cual explicaría, entre otras cosas, porqué los Colombianos consistentemente nos describimos como uno de los pueblos más felices del mundo.

Lecturas de fin de semana

Posted on April 21st, 2008 in Lecturas, Personal | 5 Comments »

Aunque leo mucho, no siempre leo algo nuevo. Hay libros que uno los lee una vez y siente haber perdido su tiempo, pero en cambio hay otros, que son como los amigos queridos: uno ya los conoce, se sabe sus historias de memoria, sabe los chistes y comentarios con los que van a salir, pero no importa, son tan queridos para uno que a pesar de saber lo que va a pasar, se leen incluso con más ganas porque ya no se leen con aprehensión, como esperando que va a pasar, como sin saber si la historia saldrá buena o mala, como con cuidado de no perderse algún detalle que pueda ser importante para después; sino con la tranquilidad de ya saber que pasa, pero con la curiosidad de ver si se captará algún detalle nuevo, incluso después de conocerlos desde hace tanto tiempo.

Ahí perdonarán que cada vez sea más malo para las metáforas, mejor lo digo claro, me gusta releer los libros que valen la pena, a pesar de que ya sé como acabarán, siempre tengo la idea de que de pronto tendrán un resultado diferente, y si no, por lo menos los disfrutaré una vez más.

Algunos fragmentos de los libros que volví a leer este fin de semana:

Este es tomado de “El viajero” de Gary Jennings, el mismo que escribió “Azteca”, se los recomiendo a ojo cerrado, tanto al autor, como a los libros. Este fragmento es de cuando Marco pierde a su amada:

Pero me dije a mismo: “Lo soportaré como un impasible mongol; no mejor como un mercader de mentalidad práctica”.
Si, mejor ser como un mercader, que es un hombre acostumbrado a la transitoriedad de las cosas. Un mercader puede comerciar con tesoros, y puede alegrarse cuando cae en sus manos uno excepcional, pero él sabe que lo tendrá sólo un tiempo antes de que vaya a parar a otras manos, o si no, para qué esta un mercader?. Quizá le entristezca ver que el tesoro se va, pero si es un mercader como debe, será más rico por haber tenido aquello, aunque fuera brevemente.
Y yo lo era, lo era. Aunque Huisheng se hubiera alejado ya de mi, había enriquecido mi vida incalculablemente, y me había dejado un cúmulo de recuerdos que no tenían precio, y quizá hasta el haberla conocido me había convertido en un hombre mejor. Si, me había beneficiado. Esa manera tan práctica de enfocar mi aflicción me ayudo a contener más fácilmente mi dolor. Me felicitaba a mi mismo por mi pétrea felicidad.
Pero en aquel momento Arun me preguntó:
- Os llevareis esto?
Lo que me estaba mostrando era el incensario de porcelana blanca. Y el hombre de piedra se derrumbó.

Este otro es de “Tigre, tigre”, o “The stars my destination”, un libro de Alfred Bester, uno de esos libros que uno encuentra en la vida por pura casualidad, y que afortunadamente llegaron a mi vida:

- Porqué estás ayudándome… después de todo lo que te he hecho?
- Todo está perdonado y olvidado, Gully. Perdonado y olvidado

Y el último es de uno de los libros más interesantes que he leído en la vida, se llama “La Servidumbre humana”, aunque me gusta más el título en inglés “On Human Bondage”, de quién más iba a ser, sino del más grande: William Somerset Maughan. Después de leer esto, no sé porqué creo entender un poco el sentido de la vida. Aunque sea sólo por unos momentos.

Pero la influencia del lugar (Museo Británico) obró sobre él. Se sintió más tranquilo. Empezó a mirar distraídamente las piedras funerarias que adornaban la sala. Eran obras de oscuros escultores atenienses del siglo IV o V A.C. De factura sencilla, pero en las que se percibía el exquisito espíritu de Atenas. El tiempo había suavizado sus contornos y había dado al mármol el color de la miel. Algunas representaban una figura desnuda y sentada sobre un barco, otras la separación del muerto y los seres que lo amaban. Había algunas en las que el muerto estrechaba las manos de los que quedaban. Sobre todo la palabra mágica: “Adiós”; nada más. Su sencillez era infinitamente patética. Siglos y siglos habían pasado sobre ese dolor.

Le vino a la mente que todos los visitantes del museo, toda la gente de cara estúpida, aquellos obesos extranjeros con la guía en la mano, y todos aquellos individuos vulgares que iban al almacén con deseos y preocupaciones mezquinas, eran mortales, y un día deberían separarse de los seres a quienes amaban: el hijo, la madre, la mujer, el marido; y seguramente su suerte sería más trágica porque sus vidas era sórdidas y abyectas, y porque ignoraban todo lo que da belleza al mundo. Había una piedra bastante bella, que representaba a dos jóvenes cogidos de la mano. La sobriedad de la línea, la simplicidad de la ejecución permitían suponer en el escultor la existencia de una emoción pura. Era un exquisito monumento elevado a lo más precioso que el mundo puede ofrecer: la amistad. A Phillip se le llenaron los ojos de lágrimas mientras lo contemplaba. Pensó en Hayward y en la admiración que había sentido por él cuando se encontraron por primera vez. Luego pensó en su desilusión y su indiferencia. Nada los ligaba ya si no era la costumbre y los recuerdos. Aquella era una de las singularidades de la vida. Se veia a una persona cotidianamente por unos meses, en una intimidad tan grande que no podía imaginarse la existencia sin ella. Sobrevenía la separación y todo proseguía igual, dándose uno cuenta de que el compañero que había parecido indispensable no lo era, ni mucho menos. No se notaba ni siquiera su falta.

Phillip se preguntó desesperado porqué era necesario vivir. Todo le parecía vacío y vano.

El esfuerzo era desproporcionado al resultado. Las brillantes esperanzas de la juventud se resolvían en la más amarga desilusión. Sufrimiento, desdicha y enfermedad pesaban mucho en el platillo de la balanza. Cuál era el significado de todo aquello? Le parecía que siempre obro lo mejor que pudo y sin ningún resultado. Otros hombres que valían lo mismo que él habían triunfado. Y otros, mucho mejores, habían fracasado. Seguramente se trataba sólo de suerte. La lluvia caía de la misma forma sobre el justo que sobre el malvado. Para nada existía una razón.

Pensando en Cronshaw, Phillip se acordó de la alfombrita persa. Inesperadamente, la respuesta al enigma apareció delante de él. Se echó a reir. Ahora que había encontrado la solución, veía que era como una de esas adivinanzas que tan difíciles le parecen a uno hasta que encuentra la solución. Una vez hallada ésta, parece imposible no haber comprendido la cosa desde el primer momento.

La respuesta era obvia: La vida…

Y mejor ahí la corto para que ustedes puedan leerse tranquilamente los libros sin contarles qué fue lo que encontré yo. Si la vida de alguien se hace mucho mejor después de leer estos tres libros (como la mía), el propósito de este post fue cumplido.