Si yo no viviera tan lejos de la civilización, usaría transporte público o bicicleta. O mejor aún, si no viviera en Cali. Cuando estuve far away, una de las cosas que me hacía feliz era precisamente esa, el poder usar transporte público e irme tranquilo en el metro escuchando podcasts o leyendo algo. O simplemente viendo la gente y tomándole fotos a las danesas en bicicleta a los edificios y sitios bonitos.
Pero qué se le va a hacer, a mi me toca manejar diariamente 13 kilometros al trabajo y 15 de regreso. La diferencia está en que uso rutas diferentes porque tomar la calle 5 en sentido sur-norte es una tortura gracias al diseño de las calles después del MIO.
Trato de que la manejada siempre sea lo menos estresante posible, llevo un libro para leer en los semáforos, pongo música o las noticias, pero los subnormales que manejan transporte público, especialmente TAXIS hacen que sea casi imposible no alterarse.
Una de sus frecuentes animaladas es no respetar las elementales normas de tránsito, y más aun, romperlas para “ganarle” a los demás. Cosa que me molesta es que haya una fila para un cruce o semáforo y un taxista se salte la fila, con riesgo de causar accidente, sólo para ahorrarse la fila.
Detesto eso, y me molesta que lo dejen meter.
Uno de mis pequeños placeres es hacer todo lo posible para que no puedan cumplir su cometido, acelerar y pegármele al de adelante para que no se puedan meter, frenar cuando se van a meter detrás mio (para que el de atrás se pegue y no se puedan meter), sacar el carro como quien no quiere la cosa para que no les quede ángulo, etc.
Esos pequeños placeres son los que hacen que valga la pena manejar. O si no miren el siguiente gráfico:

El taxi (amarillo) y todos los que estábamos en la fila queríamos girar a la derecha, pero no, él tenía que invadir el carril contrario, saltarse a todo el mundo y meterse a las malas. Afortunadamente manejo un campero, entonces después de pitarle, le atravesé el carro y no dejé que se metiera a la fila, no por lo menos delante mío.
Cuando giramos todos, quedó de último, como correspondía, pero como buen taxista no se iba a quedar con esa e intentó seguir metiéndose en contravía para adelantarnos, yo sólo aceleraba y le sacaba el carro para que no pudiera.
Yo sé que es una estupidez, pero se siente tan bien
como dije, es un pequeño placer.
El día hubiera sido mejor si por adelantarnos se hubiera estrellado, ahí si hubiera pagado la boleta, tomarle fotos a ese animal con su taxi acabado.


