Dec 15

Yo no tengo un estilo universal, como Spassky, quien atacaba como los dioses, defendía como Petrosian, sacrificaba posicionalmente, y todo lo hacía bien. Tampoco ataco mucho, como Kasparov, el maestro de la iniciativa, el atacante más grande de todos los tiempos; ver a Kasparov atacando al mismísimo Karpov era magistral… de una posición calmada con digamos, ligera ventaja blanca, salía un torbellino de ataque; por ejemplo las partidas de Lyon y New York en el Campeonato Mundial de 1990, o la partida 15 y 19 del Campeonato de 1985… obras maestras.

Tampoco combino como Tal, ni sacrifico, ni hago gambitos. Los finales nunca han sido mi fuerte, la realización de la ventaja me cuesta, y aunque parece que tengo buen conocimiento en las aperturas, quien sepa de verdad se dará cuenta que no es así, que es como todo lo que supuestamente sé, “shallow”.

Pero pensando en la actualidad, vaya si sé jugar en esta clase de posiciones, son las que mejor se ajustan a mi temperamento, aquí si soy muy fuerte, aquí si me da un poco de pesar con el contrario porque nunca pierdo. Me encanta cuando la amenaza es más fuerte que la realización de la amenaza, cuando tengo una posición sólida, cuándo no se tiene ni idea de mi plan en cambio el enemigo está expuesto.

Cuando tengo cara de póker soy muy fuerte, cuando el otro necesita ganar urgentemente y se estrella contra mi defensa, cuando no tengo absolutamente nada que perder porque no he invertido nada.

Dirán ustedes: ¿pues así quien no?

Pero así es: cuándo la posición es especulativa, no tengo ningún debilidad, y la contraparte tiene que mostrar todas sus ideas… estoy en mi mundo, soy un banco de niebla, mi estrategia preferida es hit-and-run, qué no sepan qué fue lo que les golpeó. Me encanta cuando veo cómo se desgastan contra mi defensa: cuanto muestran sus cartas e intentan e intentan, pero no saben que simplemente no pueden, no es su culpa… yo nací para jugar así.

Lo malo es que esa posición se juega sola, no me cuesta ningún esfuerzo, sólo el de poner el trapo rojo para que se venga de frente, es tan sencillo que es a veces aburrido de jugar. Y a veces me da un poco de pesar con el contrincante, porque se le ve en la cara el deseo de ganar… pero está perdido, en esa posición no pierdo, siempre gano, nada que hacer. ¿Algo tenía que hacer bien en la vida, no?

Sólo un par de veces, o una, no estoy seguro, me salí de mi zona de confort e hice un sacrificio posicional bien especulativo.

Creo que perdí… pero el corazón se me quería salir del pecho por la emoción.

¿A qué hora dejamos de hablar de ajedrez?

written by Saudade \\ tags: , ,

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