Oct 14

El sábado me desperté a las 6 am.

Si, ya sé que suena raro, pero eso me pasa desde hace unos años, siempre me despierto temprano, así el día anterior haya trasnochado, rumbeado, bebido, lo que sea. Y lo que más me molesta no es que no pueda dormir más, sino que la falta de sueño me convierte en una piltrafa humana. Como quien dice ni raja ni presta el hacha. Ni puedo dormir, ni puedo ser un ser humano productivo. Las delicias de la vida adulta…

Por eso, cuándo me desperté el sábado a las 6 am, lo primero que pensé fue: “hoy no me va a volver a pasar”, y fui a la cocina, me tomé un par de tazas de café bien fuertes acompañadas de 200 mg de modafinil. (Un día de estos les cuento qué es)

Esperé unos 20 minutos y luego me hice mi acostumbrado desayuno para acelerar el metabolismo: 3 huevos enriquecidos con omega-3 en mantequilla, chocolate y un poco de pan integral con queso. Con esto a las 8 am ya estaba bien despierto. Mientras hacía todo eso, y yo creo que un poco bajo los efectos del modafinil, tuve continuamente tres ideas en la cabeza, que se convirtieron en mi motto por este fin de semana:

  1. La naturaleza aborrece el vacío
  2. Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio
  3. Endowment effect

El primer punto se refiere a que si uno tiene un vacío en su vida, o siente que le hace falta algo, lo llenará con lo primero que tenga a mano: trabajo, alcohol, cheap and meaningless sex, algún vicio, un hobbie, una relación destructiva, etc.

Cualquiera que sea la manera que elija para intentar llenar su vacío, será una equivocación, le ocupará RAM en su vida y hará que sea imposible que funcione bien. Es incluso mejor luchar para mantener el vacío, que dejarlo llenar con lo primero que salga.

El segundo punto tiene que ver con que esas cosas que llenan el hueco se tienen que sacar, y a las malas si es necesario. No puede llegar lo que uno quiere, o lo que uno necesita, si su vida está llena de cosas que cumplen el papel de calmar el vacío sólo por un ratico.

San Agustín escribió: “En el alma de cada hombre hay un vacío que sólo puede llenar Dios” y estoy tentado a creerle. Por esto, y ayudado por la cafeína y modafinil, duré varias horas organizando los archivos, documentos, fotos y todo lo que tenía en mi laptop. Luego saqué medio armario que nunca usaba; y para terminar, organizé todos mis libros y papeles, y boté todo lo que no servía. Papeles viejos, documentos inservibles, basura.

Para estas cosas (y para todo) uso la definición de basura: lo que no se ha usado en 6 meses es funcionalmente equivalente a la basura, con algunas excepciones, por supuesto, pero en general es mu útil esa regla. Sirve para papeles, ropa, contactos del messenger, “amigos” del facebook, para todo.

No se imaginan la paz mental que se obtiene con este sencillo ritual físico que aunque parece ordinario transciende al espíritu, quien se pone en la misma disposición de eliminar lo innecesario, lo que estorba, lo que detiene, lo que ata, lo que drena energía. Lástima que uno puede borrar un archivo innecesario o dañino de un computador con un simple SHIFT+DEL y puede estar tranquilo que se va por siempre; pero no es tan fácil hacerlo con el software de la mente y el espíritu.

Dos cuerpo no pueden ocupar el mismo espacio: si se tiene en la vida/armario/laptop/biblioteca/mente cosas que no sirven, o dañan, o no se usan, no va a llegar lo que de veras se necesita.

El problema de esto, es que muchas veces el muy común sentimiento humano del apego hace difícil desprenderse de las cosas: endowment effect. Esta es la primera manifestación de la cognitive dissonance, el darle más valor a algo, sólo porque creemos que es nuestro.

Para esto, el mejor remedio es el de Epicteto, quien enseñaba que todo lo que tenemos en la vida, sea familia, riquezas, salud, amigos, relaciones, hijos, posesiones, en general todo lo que tenemos en la vida, no nos pertenece, se nos fue dado en préstamo, por la vida, el universo, Dios, como quiera que lo llamen.

Por eso, siempre que se pierda algo, se debe conscientemente hacer el esfuerzo de pensar que no se perdió, simplemente se devolvió. Epicteto decía que si la esposa lo abandonaba, de nada servía sufrir por la pérdida, era mejor decir: “la he devuelto”. De igual forma si un hijo moría, la tristeza normal debia contrastarse con la idea de: “simplemente lo he devuelto a quien me lo confió por un tiempo”.

Nada es nuestro, nada. Sólo puede perder algo, quien cree que es dueño de eso.

Por esto señores, hago memoria de todo lo que he regresado en los últimos tiempos, y respirando con tranquilidad puedo decir:

Ya lo devolví. Gracias a Dios.

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