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Jul 21
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Hace algunos años leí un cuento de Asimov sobre una sonda espacial que enviaban a Plutón y no sabían cómo comunicarse con ella por las distancias extremas. Y es que si del Sol a la Tierra hay 8 minutos de distancia (a la velocidad de la luz), a Plutón la distancia tan inconcebiblemente enorme hacía que si le mandaban un mensaje desde la base en la Tierra le llegara 11 meses después o algo así. Once meses para que Plutón recibiera el mensaje, y luego de leerlo le respondía a la Tierra, mensaje que tardaba otros 11 meses en volver.
Es decir que si desde la Tierra le mandaban decir a Plutón algo así como: “qué vas a almorzar hoy?”, la respuesta iba a llegar 22 meses después, casi dos años. Y si no se entendía la respuesta y tocaba retransmitir, o si la respuesta exigía otro comentario… pues ya se imaginaran, se iba la vida en eso.
Aunque el cuento al final planteaba una solución, a mi nunca me pareció que lo fuera de verdad, así que ni para qué se los voy a decir. El problema básico seguía siempre en pie.
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Este blog y su dueño se sienten como esa sonda en Plutón, mandando mensajes que pueden perderse en el espacio o tal vez llegarán a su destino, pero eso si seguro de que cualquier información que se reciba o ese envíe es mínimo de hace 11 meses: irremediablemente obsoleta por lo tardía.
Pero sigue escuchando a ver si algún día le llega lo que quiere oir, y sigue enviando aunque la mayoría de las veces crea que es inútil.
Las baterías se acaban.
¿Debería seguir? ¿Tiene sentido?