Sep 04

Algunas de las frases que recuerdo de nuestros queridos oficiales y suboficiales del glorioso Ejército Colombiano.

Supongo que ya no las dicen o si no se echan encima a los derechos humanos, a las ONG, y a las feministas:

Primero empezaban con una suave:

Soldados pecuecudos y malolientes, coscos, no merecen ni el aire que respiran ni la comida que comen!

Unos dias después iban subiendo el nivel:

Soldados hijueputas, puras maquinitas de hacer mierda; no sirven pa un culo

Pero insultos más recurrentes venían a la formación: a los suboficiales les ofendía enormemente que los soldados no siguieran correctamente las instrucciones de “orden cerrado”: es decir, como formar y moverse en respuesta a las voces de mando.

Como ejemplo, el famosisimo: “a discreción, atención, FIRMES!!!”. Cada instrucción verbal debía traducirse por unos movimientos precisos y a la voz de FIRMES! todo el mundo debía estar alineadito formando filas e hileras y sobre todo quieto, QUIETO.

Como es normal en una formación de decenas de soldados siempre habrá alguien que se mueve un poquito y esos movimientos se notan instantáneamente porque rompen la simetría.

Esas fallas como ya anoté hacían rabiar hasta la apoplejía sobre todo a los suboficiales, quienes nos rociaban con lo más granado y florido de los insultos castrenses. Es de admirar el nivel de ingenio en la composición de estos insultos, y sobre todo la apelación directa a la santa madrecita de cada soldado:

Se comenzaba suavemente:

Se mueven los semovientes…Van a voltear!!!

En ausencia de resultados las cosas subían de tono:

Mis soldados se mueven en la formación como se mueven sus putas madres cuando pichan…

En casos extremos remataban con finos proverbios como el siguiente:

Mis soldados “nuevos” por no decirles palomas (reclutas triplehijueputas) se mueven en la formación como se movían las putas de sus madres cuando se las culiaban los camioneros de la plaza de mercado a las tres de la mañana para después irse a vender tintos con el niño que ahora es DIZQUE soldado de la patria….

Después de eso ya no quedaba sino voltear, pero ese será tema de otro post…

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Aug 29

—Mi soldado Tamayo pasó por el colegio pero vendiendo empanadas o tirando piedra, no?—dijo el Sargento Viceprimero Reyes
—Si mi sargento, pero… YO PASÉ!
—AHHHHHH, PERO PASÉ, MUY DESCUADRADO MI SOLDADO, VENGA PA CÁ Y ARRANQUE CON 22 DE PECHO!
Vamos a ver si mi soldado coge seriedad mientras hace el turno de las putas*

* Turno de las putas: Dícese del turno de centinela o guardia que se lleva a cabo entre las 0000 y 0300; es decir entre media noche y 3 de la mañana.

Es el horario de guardia más detestado por los soldados: uno termina prácticamente pasando derecho toda la noche, porque se debe estar listo desde antes de comenzar, digamos desde las 11:40 pm, entonces para qué acostarse si uno se va a levantar a las 11 pm.

Pero lo peor viene al terminar el turno de guardia, acostarse a dormir por 2 horitas; y si uno toma café para pasar el turno de guardia, pues después no duerme ni Dios.

En conclusión, uno pasó prácticamente la noche en vela y al otro dia normal como si nada.

Un castigo (tortura?) típico en el ejército era hacer UNA SEMANA el turno de las putas, eso quebraba hasta al más varón, o como me dijeron algunas veces:

—Mi soldado Tamayo va a trasnochar hasta que le salga callo en los ojos

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May 17

En el post anterior comencé con la idea de contar cómo es el proceso a seguir cuando se solicita un permiso a un superior en el Ejército Colombiano.

Todo le sorprende a uno cuando entra al ejército, como les contaba en el post pasado, todo es diferente, es un mundo con sus propias reglas, es como un juego de rol en el que uno comienza nivel 0 y lo sueltan en plena pelea y defiéndase mijo como pueda o si no se lo come el tigre, o mejor aun, lo mordió la vaca, mi lanza.

En el Ejército todo es burocracia, todo tiene un procedimiento. Si usted necesita pedir un permiso por cualquier razón, lo primero que debe saber es que en el Ejército nada se pide, sino que se solicita. Uno nunca dice: “Mi primero, necesito pedirle un favor”, sino “Mi primero, para solicitarle xxxx”, que se abrevia a “Mi primero, pa’tale”. (Primero es la forma de dirigirse a un sargento viceprimero, o primero)

Lo segundo que hay que saber es que, por lo menos cuando uno es cosco (conscripto, recluta, nuevo), uno pide esa clase de permisos al comandante de la compañía, quien suele ser un capitán comemierda a quien uno sólo ve una vez al dia en la formación de la mañana, donde se establece el parte del día y se presentan las novedades.

En ese momento el capitán dice, algún soldado necesita solicitar algo? Uno responde cuadrándose (poniéndose firme) y gritando, “Firme, mi capitán” y corriendo al frente de la compañía para dirigirse directamente al capitán.

Todo eso lo sabíamos porque parte de la instrucción que nos daba el cabo del pelotón consistía en enseñarnos toda esa idiosincrasia castrense, el cabo nos dedicó una mañana completa a que aprendiéramos cómo pedir un permiso:

“Soldados, cuando el capitán pregunte si alguien va a solicitar un permiso, ustedes se cuadran, salen corriendo al frente de la compañía, forman una hilera y ahí el capitán se dirigirá a cada uno de ustedes. Cuando les toque su turno ustedes se cuadran de nuevo y se presentan de la siguiente forma:”

Mi capitán, el soldado XXXXXYYYYYY, que solicita un permiso para ZZZZZZZZZ, se presenta!”

“Y ahí en ese momento, mis soldados, el capitán les podrá hacer más preguntas y conceder o negar el permiso”

A mi me sonaba muy chistosa esa frase. Sonaba muy cortada, para mi sería más natural decir algo así como “Mi capitán, me presento, soy el soldado XXXXX y solicito un permiso para ZZZZZZ”. Pero no, así son las cosas, tocaba hablar en tercera persona y además separar la frase de esa forma tan innatural. Pero bueno, qué se le iba a hacer, así era el Ejército, donde no se conocían precisamente por ser coherentes y lógicos: nos ordenaban hacer aseo y dejar todo pulidito pero no teníamos implementos decentes, ni siquiera una escoba o un trapeador que sirvieran para algo.

Minutos después el cabo nos gritó: “Vamos a ver si entendieron, vamos a hacer una prueba! Quién quiere salir?”. Nadie salió, obviamente, siguiendo una de las normas no escritas del ejército, pero no por no ser oficiales menos sabias: El soldado ni se niega NI SE REGALA.

Quiso mi hado que el cabo me mirara y dijera: “A ver soldado Tamayo, pase al frente y nos muestra como pediría un permiso, PERO MUÉVASE”. Y salgo yo, como no, con las dudas existenciales y gramaticales, sin que se me ocurriera nada digno de pedir permiso, con la incomodidad de hablar en tercera persona y más frente a la horda de tumaqueños que me tocaron como compañeros de curso…

“Permiso mi cabo, el soldado Tamayo… ” (aquí empezó la primera vacilación, no quería decir el soldado Tamayo QUE solicita porque me sonaba horrible, entonces la dudé y cambié el qué por un quien)

“Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, quien solicita un permiso para…” (segunda vacilación, no se me ocurría nada que me llevara a pedir permiso de algo… entonces dije, bueno, si es porque mi mamá se enfermó o algo así si pediría un permiso…)

Lo cual me llevó a terminar la frase así:

Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, quien solicita un permiso para visitar a su madre, se presenta

Me cuadré en posición de firmes y sonreí con la satisfacción del deber cumplido, esperando las felicitaciones del cabo. Pero lo siguiente que escuché fue la risa de los 42 tumaqueños-pastusos (redundancia, lo sé) del pelotón, a quienes les parecía chistosísimo el que yo fuera capaz de mentarle la madre al cabo en plena instrucción.

Tal como lo oyen. Por andar pensando en tercera persona, tampoco me di cuenta de lo que ustedes probablamente tampoco han notado; pero veámoslo más detenidamente

Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, quien solicita un permiso PARA VISITAR A SU MADRE, se presenta

A los soldados les hizo mucha gracia, al cabo, por alguna razón, no. Por más que intenté explicarle porqué dije lo que dije, por mucho que traté de mostrarle que si uno empezaba hablando en tercera persona tenía que seguir así hasta el final, siguió sin hacerle nada de gracia.

Yo voltié mucho en mi año en el ejército, después como buen perroculo aprendí a evadirme y desprenderme de todas las responsabilidades, pero allí estaba todavía demasiado nuevo y pagué mi finesse gramatical con una voltiada de horas y horas y muchas otras de centinela y de aseo.

Tal como la Biblia dice: “las perlas no se deben echar a los cerdos”: en el ejército uno no debe discutir de gramática con los suboficiales.

Por otra parte, tuve mis primeros 15 minutos de gloria en el ejército, mi leyenda se extendió por otros pelotones: yo era el famoso soldado Tamayo, el que se atrevió a arriarle la madre al cabo y burlarse de él en frente de todo el mundo, el que le dijo que quería visitar A SU MADRE.

Yo nunca quise ganar esa inmerecida fama, y créanme que intenté explicarle a todos que gramaticalmente yo no había dicho nada incorrecto y que mi motivación no era burlarme de nadie sino decir las cosas bien. Pero nadie me entendió.

De allí en adelante, siempre que el cabo me decía que pidiera un permiso, decía:

Permiso mi cabo, el soldado Tamayo, que solicito un permiso para visitar mi mamá, se presenta

Así se me revolviera todo por dentro por el atropello al idioma.

Tiempo después aprendería las artes del perroculo y ya no sufriría por esos detalles: ni siquiera tendría que pedir permiso sino que me lo “tomaría por derecha”.

Evadido mi soldado!
– No mi teniente, estaba ayudándole a mi Coronel a imprimir en el computador…

(continuará)

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May 05

A finales de 1994 ingresé al Ejército Colombiano como soldado bachiller (historia de la cual conté un poco aquí y aquí también). En el año que estuve allí me pasaron las más variopintas anécdotas, que desafortunadamente ya se me están olvidando poco a poco. Por eso quiero contar algunas, porque este blog es, a la larga, una ayuda para la memoria.

El ejército, como cualquier otra institución, tiene su propio lenguaje, cultura, reglas, procedimientos. Es un submundo que para los de afuera es raro, pero que tiene mucho sentido para los de adentro. Por ejemplo, en el ejército uno no pide nada, sino que solicita; uno nunca se regala, pero tampoco se niega (nunca hay que ofrecerse para nada, pero si un superior le dice algo, se hace); nunca hay que ser el primero, pero tampoco el último; el aseo es lo más importante (cosa en la que estoy de acuerdo, pero que lleva a que nos autonombráramos los “hombres de acero”…. “de ACER OFICIO), y la virtud más importante en un soldado no es la valentía, ni el arrojo, ni la obediencia, sino el ser perroculo.

Perroculo es un término intraducible al español, es como una mezcla entre sagacidad, astucia, pero no para el bien sino para el beneficio personal, y sobre todo, para la pereza. Es realmente difícil definirla, es mejor verla en acción:

  • Un soldado perroculo es aquel que, cuando el sargento de la compañía la lleva a hacer aseo (y les encanta ponerlo a uno a barrer calles, recoger hojas, limpiar baños…), misteriosamente “fue a llevarle una razón a mi coronel y por eso no estaba, mi sargento”.
  • Un perroculo es aquel que cuando la secretaria está armando las listas con los horarios de centinela para la semana, le hace la charla y nadie sabe cómo pero termina en el horario de 1800 a 2100 (6 a 9 pm para los que no quieren pensar), mientras que a los demás les toca de 0600 a 1800 (delicioso estar parado 12 horas bajo el sol) o un turno más coqueto como 0000 a 0300 (el famosísimo turno de las putas). Las ventajas del horario de 1800 a 2100 son bien conocidas: es corto, de noche entonces no hace tanta calor ni toca chupar tanto sol, no se trasnocha, y no toca formar para la “recogida” (última formación del día a las 2000)
  • El soldado perroculo es aquel que termina como estafeta de mi coronel o como coductor de mi teniente… así no tiene que formar, come en la casa, se la pasa aberrojeando a la hija del coronel… ustedes me entienden la idea.

Aclaro que todo esto me lo contaron.

El maestro de los perroculos, esa criatura mítica a quien nadie conoció pero que todos tenían un amigo de un amigo que era primo de él, era aquel soldado que prestó servicio militar, pero que jugaba tenis, o golf, o alguna pendejada de esas, y ESTABA EN COMISIÓN DE DEPORTES representando al glorioso ejército Nacional: nunca formó, ni tuvo uniforme, ni comió la asquerosa comida del rancho, sino que se la pasó viajando compitiendo por las FFAA, y al final tuvo la mismo tarjeta militar de primera categoría que los demás. Ese tipo si era un capo.

Lo que distinguía a un perroculo profesional de un simple perezoso como la horda de tumaqueños con quien me tocó vivir era simplemente su inteligencia: no se puede abusar del sistema, es bueno estar en la zona gris pero uno no puede ganarlas todas. Como en la vida, uno debe elegir cuidadosamente las batallas que va a luchar, porque no todas se pueden ganar.

Un simple perezoso no hacía bien su trabajo, por ejemplo dejaba el aseo a medias; un perroculo conseguía librarse del aseo por unos dias, pero no por siempre; cuando le tocaba limpiar un prado de hojas o lavar una hilera de baños, los dejaba inmaculados. De esta forma el perezoso se ganaba la volteada (ejercicio) mientras que el perroculo quedaba como un príncipe.

Un perezoso llegaba tarde los días de permiso y de una quedaba castigado para el siguiente; el perroculo estaba uniformado y formando fusil en mano media hora antes del fin del permiso para no cagar la vara.

Un perezoso se dormía de centinela, algo gravísimo en el ejército que puede acarrear desde una putiada del sargento de guardia, hasta simplemente 2 años de cárcel en cuatrobolas (la cárcel del ejército); pasando por la humillación de formar una semana con fusil de palo.

En cambio un perroculo se esforzaba por tener horarios decentes de centinela, pero cuando le tocaba el turno de las putas (e inevitablemente le tocaría alguna vez) se aprovisionaba del combo café, aspirinas y cocacola y estaba listo para saludar al sargento que pasaba revista de guardia. Era un centinela ejemplar, de esos que a uno le gustaría que le velaran el sueño.

No quiero con esto dejar la impresión de que un perroculo es un vulgar lamesuelas, todo lo contrario, siente un desprecio visceral por la autoridad ignorante (en su fuero interno los cabos siempre serán QUEPOS y los subtenientes SWICHES) y se sabe mejor las reglas del ejército que los propios oficiales: no se trata de luchar contra el sistema y gritar “maldito ejército” como el pobre negro designado para cargar la M60 (pesa más que el demonio), sino luchar contra el sistema SIGUIENDO RELIGIOSAMENTE las reglas. Antes de Mockus, los perroculo ya hablábamos de la “Legalidad Democrática”: la sociedad debe cumplir las reglas y quien intenta salirse de las normas pierde.

El perroculo es, por lo tanto, un profundo egoísta, y por lo tanto feliz, porque la felicidad se basa en el egoísmo, en el primero yo y me importa un pito el resto de la humanidad. El perroculo es un perfeccionista, porque nadie lo puede acusar de descuidado o perezoso o de que haga sus tareas mal; por el contrario, cuando hace algo lo hace mejor que nadie. El punto es que prefiere no hacerlo y dedicar su tiempo a labores que lo hagan más feliz que limpiar letrinas o perder su sueño en una garita de centinela.

El perroculo es, sobre todo, un sabio. Como dice la famosa oración: “Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; dame fuerza para cambiar las que puedo cambiar, y dame sabiduría para reconocer la diferencia”, lo más importante en la vida es saber cuándo pelear o no; y cuando toque, hacerlo lo mejor que se pueda.

Este post comenzó con la idea de relatar el proceso de pedir un permiso en el Ejército, pero por lo visto sobre eso hablaré otro dia.

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