Jun 29

En nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso!

Cerca a Damasco vivía un pescador muy pobre con su esposa y cuatro hijos; como única posesión tenía su red, la cual cuidaba y remendaba todos los días al volver de su pesca. Al pescar sólo lanzaba la red 3 veces, y con lo que sacara alimentaba a su familia ese día.

Una mañana el pescador se levantó como de costumbre, tomó su red, caminó hasta la orilla del mar y la lanzó. Esperó unos momentos a que llegara al fondo, juntó las cuerdas y tiró, la red estaba muy pesada y sólo después de varios intentos pudo subirla. Con sorpresa vio que la red estaba llena de basura y suspirando dijo: “Alá es grande!”.

Con mucho cuidado limpió la red y la lanzó de nuevo. Su rostro se tensó cuando tiró de las cuerdas de la red, porque sentía que arrastraba algo en el fondo del mar. Pero su esperanza murió muy rápido al descubrir una cabeza de asno en su red. Con mucho asco la arrojó a un lado, y mientras organizaba su red alzó los ojos al cielo y dijo: “Alá, tu sabes que sólo tiró la red 3 veces y debo alimentar a mi familia”.

Tomó la red en sus manos y con un gesto de tensión en su cara la mandó lo más lejos que pudo. La red se abrió y al tocar el agua se hundió lentamente. Cuando se asentó completamente, el pescador tiró e inicialmente su rictus de tensión se transformó en uno de desconsuelo al darse cuenta que la red no ofrecía mucha resistencia. Puso la red en la arena de la playa y asombrado sacó una botella de vidrio oscuro muy gruesa, con un tapón de plomo en el cual estaba estampado el sello de Soleimán (Salomón).

Qué bien! – se dijo -, en el zoco de los mercaderes me darán unos cuantos dinares y con eso compraré pescado para alimentar a mi familia por una semana.

Tomó la botella en las manos y la agitó tratando de adivinar qué tendría por dentro, entonces pensó en quitarle el tapón para sacar el contenido y así transportarla más fácilmente. Saco su cuchillo y rompió el sello del tapón. Luego tomó el tapón y con fuerza tiró hasta que lo pudo sacar con un ruido como de relámpago.

La botella saltó de las manos del pescador y fue a caer a unos pasos, pero no se derramó ningún líquido; por el contrario, un espeso humo azulado salía de ella continuamente y subía hasta el cielo, cubriendo la superficie de la tierra. Cuando terminó de salir se formaron torbellinos que juntaban el humo y le daban forma.

El pescador mientras tanto estaba en el piso muy sorprendido, como estupefacto todavía porque no sabía que hacer, si tapar la botella, si llevársela o si simplemente salir corriendo. Un grito de horror se quedó en su garganta mientras veía como el humo se solidificaba y tomaba forma humana mientras él apretaba la arena entre sus puños.

Cuando el humo se condensó, el pescador vió aterrado que lo que había salido de la botella era un ifrit (genio) cuyos pies flotaban cerca del suelo y su cabeza iba hasta el cielo. Era terrible, sus piernas eran como mástiles de barco, su cabeza como una montaña, su boca como una caverna.

El ifrit parecía desconcertado y por momentos miraba alrededor como buscando a alguien, hasta que vió al pescador todavía tirado en el piso y le dijo:

- No hay más Dios que Alá, y Soleimán es su profeta. Te ruego, oh gran Soleimán, que no me mates, he aprendido mi lección, nunca más me rebelaré y obedeceré tus ordenes en el nombre de Alá.

- Oh ifrit audaz! Qué cosas son éstas que dices? Si Soleimán vivió hace casi dos mil a nos y ahora estamos en el final de los tiempos! ¿Cuál es tu historia? ¿Porqué estas encerrado en ese jarrón?

- No hay más Dios que Alá. Eleva a él tus ojos, oh mortal, y reza una oración de gratitud porque hoy es tu día y tengo una buena noticia que anunciarte.

- ¿Qué noticia es esa?

- Tu muerte, vas a morir ahora mismo, y de una forma terrible. Pero te dejaré elegir cómo deseas morir, sólo que debe ser ahora mismo.

- ¡Oh jefe de los ifrits! Sólo por eso mereces que Alá se aleje de ti! ¿Porqué deseas mi muerte? ¿Qué hice para merecerla? Si te saqué del fondo del mar y te liberé de esa botella!

- Siéntate ahora y piensa de qué forma quieres morir pescador, porque entregarás tu alma a Dios hoy mismo.

- Oh ifrit, por Alá que es clemente, recapacita y no te apresures en quitar la vida, mira que yo te hice un bien al sacarte de esa prisión y por ese crimen ahora quieres matarme! Cuál es tu historia?

- Escucha pescador mi historia y la razón por la que haz de morir hoy mismo. Soy un ifrit rebelde, me rebelé contra Alá y él envío a su poderoso servidor, Soleimán, a conminarme a volver a los caminos de Alá. Pero yo no quise hacer caso y por eso Soleimán me encerró en esa botella y puso en el tapón sobre mi cabeza su sello, para que siempre que mirara hacia arriba viera el nombre de Alá y sufriera por estar encerrado en desobediencia. Luego unos ifrits fieles tomaron esta botella en sus hombros y me lanzaron al mar. Desde el primer momento estuve desesperado, un ifrit con mi poder encerrado en esa botella y sin que a nadie le importase mi destino.

Día a día me consumía sin saber que pasaría, de Alá ya no esperaba nada pues su castigo había sido justo, la botella era oscura y por lo tanto ni siquiera podía ver qué pasaba afuera. No sabía dónde estaba ni cuánto tiempo estaría allí sólo y encerrado.

Pasaron cien años de esta negra desesperación, y me dije: “Enriqueceré a quien logre liberarme”. Pero nadie me liberó. Pasaron otros cien años y dije: “Concederé 3 deseos, sin importar cuales sean, a aquel quien me encuentre”; pero nadie me encontró.

Pasaron quinientos años de esa horrible espera y pensé: ”Haré feliz por siempre a quien me saque de aquí”. Más nadie me sacó. Entonces mi pecho se llenó de ira terrible y cólera, por todo el amargo tiempo solo sin que nadie me encontrara, esperando lo que nunca iba a llegar, aguardado algo a cada momento, con mi mente incesantemente pensando sólo en salir de allí, en que alguien llegara, en que la botella se moviera alguna vez, pero nunca paso nada.

Entonces levanté mis ojos al sello con el nombre de Alá encima de mi cabeza, con el corazón oprimido por tanto esperar y juré: “Ahora mataré a quien me libere, pero antes le dejaré elegir de qué forma y modo quiere morir”.

Entonces tu, oh pescador! Fuiste quien me encontró y me liberó, y por eso morirás hoy. Elige ahora de que forma quieres morir.

La historia es, evidentemente, de las Mil y Una Noches. Pero no es la versión oficial, es como la recuerdo yo, es mi versión. El resto lo pueden leer después. Lo que me interesa y me dejó marcado desde hace mucho tiempo, fue hasta allí. Como siempre, interprétenlo como quieran, yo sé porqué lo escribo. Para quienes quedaron con la intriga, a la larga no muere el pescador…

written by Saudade \\ tags: , , , , ,

148859 pages viewed, 108 today
91848 visits, 73 today
FireStats icon Powered by FireStats