Feb 07

Por cosas del destino cayó a mis manos cuando tenía unos 10 años un ejemplar de las 50 o las mejores 100 poesías de la lengua castellana y lo devoré como devoraba y devoro todo lo que caiga a mis manos y se pueda leer.

Incluso desde esa época no me gustaba de a mucho la poesía, normalmente me aburre. Pero reconozco que la buena es buena, y llega al alma, como los haikus, como los tankas japoneses, como la incomparable poesía de Constantinos Cavafis.

En ese libro había mucha poesía rara, elegías a muertos que ya no le importaban a nadie (lo cual me enseño desde muy niño la futilidad de la vida), sonetos con lenguaje arcaico, romances de otras épocas. Pero también encontré muchas buenas, como la que dice “Poderoso Caballero es don Dinero”, o las famosas “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique.

La que les voy a mostrar ahora es de esas, de las buenas.

Yo leí el siguiente romance a esa tierna edad y aunque me pareció chévere, la verdad no lo comprendí realmente, no vi su significado ulterior. De la misma forma como alguien, creo que Tolstoi, dijo que uno no debería escribir novelas antes de los 40 años porque todavía no tiene suficiente experiencia en la vida, uno no debería leer ciertas cosas sino hasta el momento en que las entienda realmente.

Pongamos el romance en su forma original y luego hagámosle la disección a la luz de la experiencia. Léanlo con calma y sobre todo llevando el ritmo en la cabeza, es fundamental para que “suene” bonito:

Servía en Orán al Rey
Un español con dos lanzas,
Y con el alma y la vida
A una gallarda africana,

Tan noble como hermosa,
Tan amante como amada,
Con quien estaba una noche
Cuando tocaron al arma.

Trescientos Zenetes eran
Deste rebato la causa;
Que los rayos de la luna
Descubrieron las adargas;

Las adargas avisaron
A las mudas atalayas,
Las atalayas los fuegos,
Los fuegos a las campanas;

Y ellas al enamorado,
Que en los brazos de su dama
Oyó el militar estruendo
De las trompas y las cajas.

Espuelas de honor le pican
Y freno de amor le para;
No salir es cobardía,
Ingratitud es dejarla.

Del cuello pendiente ella,
Viéndole tomar la espada,
Con lágrimas y suspiros
Le dice aquestas palabras:

«Salid al campo, Señor,
Bañen mis ojos la cama;
Que ella me será también,
Sin vos, campo de batalla.

»Vestíos y salid apriesa,
Que el general os aguarda;
Yo os hago a vos mucha sobra
Y vos a él mucha falta.

»Bien podéis salir desnudo
Pues mi llanto no os ablanda;
Que tenéis de acero el pecho
Y no habéis menester armas.»

Viendo el español brioso
Cuánto le detiene y habla,
Le dice así: «Mi señora,
Tan dulce como enojada,

»Porque con honra y amor
Yo me quede, cumpla y vaya,
Vaya a los moros el cuerpo,
Y quede con vos el alma.

»Concededme, dueña mía,
Licencia para que salga
Al rebato en vuestro nombre,
Y en vuestro nombre combata.»

Para que no se me aburran por lo largo del post y para estimular la interacción lector-escritor vamos a hacer un ejercicio: escriban lo que piensan del poema, y cuando lleguemos a 15 comentarios pongo el post con mi interpretación actual del mismo.

🙂

written by Saudade \\ tags:

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