Aug 29

—Mi soldado Tamayo pasó por el colegio pero vendiendo empanadas o tirando piedra, no?—dijo el Sargento Viceprimero Reyes
—Si mi sargento, pero… YO PASÉ!
—AHHHHHH, PERO PASÉ, MUY DESCUADRADO MI SOLDADO, VENGA PA CÁ Y ARRANQUE CON 22 DE PECHO!
Vamos a ver si mi soldado coge seriedad mientras hace el turno de las putas*

* Turno de las putas: Dícese del turno de centinela o guardia que se lleva a cabo entre las 0000 y 0300; es decir entre media noche y 3 de la mañana.

Es el horario de guardia más detestado por los soldados: uno termina prácticamente pasando derecho toda la noche, porque se debe estar listo desde antes de comenzar, digamos desde las 11:40 pm, entonces para qué acostarse si uno se va a levantar a las 11 pm.

Pero lo peor viene al terminar el turno de guardia, acostarse a dormir por 2 horitas; y si uno toma café para pasar el turno de guardia, pues después no duerme ni Dios.

En conclusión, uno pasó prácticamente la noche en vela y al otro dia normal como si nada.

Un castigo (tortura?) típico en el ejército era hacer UNA SEMANA el turno de las putas, eso quebraba hasta al más varón, o como me dijeron algunas veces:

—Mi soldado Tamayo va a trasnochar hasta que le salga callo en los ojos

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May 05

A finales de 1994 ingresé al Ejército Colombiano como soldado bachiller (historia de la cual conté un poco aquí y aquí también). En el año que estuve allí me pasaron las más variopintas anécdotas, que desafortunadamente ya se me están olvidando poco a poco. Por eso quiero contar algunas, porque este blog es, a la larga, una ayuda para la memoria.

El ejército, como cualquier otra institución, tiene su propio lenguaje, cultura, reglas, procedimientos. Es un submundo que para los de afuera es raro, pero que tiene mucho sentido para los de adentro. Por ejemplo, en el ejército uno no pide nada, sino que solicita; uno nunca se regala, pero tampoco se niega (nunca hay que ofrecerse para nada, pero si un superior le dice algo, se hace); nunca hay que ser el primero, pero tampoco el último; el aseo es lo más importante (cosa en la que estoy de acuerdo, pero que lleva a que nos autonombráramos los “hombres de acero”…. “de ACER OFICIO), y la virtud más importante en un soldado no es la valentía, ni el arrojo, ni la obediencia, sino el ser perroculo.

Perroculo es un término intraducible al español, es como una mezcla entre sagacidad, astucia, pero no para el bien sino para el beneficio personal, y sobre todo, para la pereza. Es realmente difícil definirla, es mejor verla en acción:

  • Un soldado perroculo es aquel que, cuando el sargento de la compañía la lleva a hacer aseo (y les encanta ponerlo a uno a barrer calles, recoger hojas, limpiar baños…), misteriosamente “fue a llevarle una razón a mi coronel y por eso no estaba, mi sargento”.
  • Un perroculo es aquel que cuando la secretaria está armando las listas con los horarios de centinela para la semana, le hace la charla y nadie sabe cómo pero termina en el horario de 1800 a 2100 (6 a 9 pm para los que no quieren pensar), mientras que a los demás les toca de 0600 a 1800 (delicioso estar parado 12 horas bajo el sol) o un turno más coqueto como 0000 a 0300 (el famosísimo turno de las putas). Las ventajas del horario de 1800 a 2100 son bien conocidas: es corto, de noche entonces no hace tanta calor ni toca chupar tanto sol, no se trasnocha, y no toca formar para la “recogida” (última formación del día a las 2000)
  • El soldado perroculo es aquel que termina como estafeta de mi coronel o como coductor de mi teniente… así no tiene que formar, come en la casa, se la pasa aberrojeando a la hija del coronel… ustedes me entienden la idea.

Aclaro que todo esto me lo contaron.

El maestro de los perroculos, esa criatura mítica a quien nadie conoció pero que todos tenían un amigo de un amigo que era primo de él, era aquel soldado que prestó servicio militar, pero que jugaba tenis, o golf, o alguna pendejada de esas, y ESTABA EN COMISIÓN DE DEPORTES representando al glorioso ejército Nacional: nunca formó, ni tuvo uniforme, ni comió la asquerosa comida del rancho, sino que se la pasó viajando compitiendo por las FFAA, y al final tuvo la mismo tarjeta militar de primera categoría que los demás. Ese tipo si era un capo.

Lo que distinguía a un perroculo profesional de un simple perezoso como la horda de tumaqueños con quien me tocó vivir era simplemente su inteligencia: no se puede abusar del sistema, es bueno estar en la zona gris pero uno no puede ganarlas todas. Como en la vida, uno debe elegir cuidadosamente las batallas que va a luchar, porque no todas se pueden ganar.

Un simple perezoso no hacía bien su trabajo, por ejemplo dejaba el aseo a medias; un perroculo conseguía librarse del aseo por unos dias, pero no por siempre; cuando le tocaba limpiar un prado de hojas o lavar una hilera de baños, los dejaba inmaculados. De esta forma el perezoso se ganaba la volteada (ejercicio) mientras que el perroculo quedaba como un príncipe.

Un perezoso llegaba tarde los días de permiso y de una quedaba castigado para el siguiente; el perroculo estaba uniformado y formando fusil en mano media hora antes del fin del permiso para no cagar la vara.

Un perezoso se dormía de centinela, algo gravísimo en el ejército que puede acarrear desde una putiada del sargento de guardia, hasta simplemente 2 años de cárcel en cuatrobolas (la cárcel del ejército); pasando por la humillación de formar una semana con fusil de palo.

En cambio un perroculo se esforzaba por tener horarios decentes de centinela, pero cuando le tocaba el turno de las putas (e inevitablemente le tocaría alguna vez) se aprovisionaba del combo café, aspirinas y cocacola y estaba listo para saludar al sargento que pasaba revista de guardia. Era un centinela ejemplar, de esos que a uno le gustaría que le velaran el sueño.

No quiero con esto dejar la impresión de que un perroculo es un vulgar lamesuelas, todo lo contrario, siente un desprecio visceral por la autoridad ignorante (en su fuero interno los cabos siempre serán QUEPOS y los subtenientes SWICHES) y se sabe mejor las reglas del ejército que los propios oficiales: no se trata de luchar contra el sistema y gritar “maldito ejército” como el pobre negro designado para cargar la M60 (pesa más que el demonio), sino luchar contra el sistema SIGUIENDO RELIGIOSAMENTE las reglas. Antes de Mockus, los perroculo ya hablábamos de la “Legalidad Democrática”: la sociedad debe cumplir las reglas y quien intenta salirse de las normas pierde.

El perroculo es, por lo tanto, un profundo egoísta, y por lo tanto feliz, porque la felicidad se basa en el egoísmo, en el primero yo y me importa un pito el resto de la humanidad. El perroculo es un perfeccionista, porque nadie lo puede acusar de descuidado o perezoso o de que haga sus tareas mal; por el contrario, cuando hace algo lo hace mejor que nadie. El punto es que prefiere no hacerlo y dedicar su tiempo a labores que lo hagan más feliz que limpiar letrinas o perder su sueño en una garita de centinela.

El perroculo es, sobre todo, un sabio. Como dice la famosa oración: “Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; dame fuerza para cambiar las que puedo cambiar, y dame sabiduría para reconocer la diferencia”, lo más importante en la vida es saber cuándo pelear o no; y cuando toque, hacerlo lo mejor que se pueda.

Este post comenzó con la idea de relatar el proceso de pedir un permiso en el Ejército, pero por lo visto sobre eso hablaré otro dia.

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