Apr 24

Acabo de comprar el libro “Diez novelas y sus autores”, donde William Somerset Maugham hace un interesantísimo resumen de las 10 mejores novelas de todos los tiempos (según su concepto), acompañado de un retrato del autor y el zeitgeist, o espíritu de los tiempos que llaman.

Ya conocía ese libro y es muy bueno, se los recomiendo a ojo cerrado. Si les gusta la buena literatura, qué mejor que leer sobre las novelas que probablemente ya conocen desde un enfoque fresco y llego de anécdotas, y si nunca han leído bueno literatura, van tomados de la mano del mejor, Somerset Maugham. Le aseguro que después de leer ese libro les será imposible no leer por lo menos 4 o 5 de las novelas descritas allí.

Porqué lo volví a comprar? Primero porque era una promoción y costaba sólo $3000 COP, y segundo porque si leyeron el post sobre mis lecturas de fin de semana, hay pocos placeres tan grandes como leerse un libro bueno ya leído. Es como una caricia ya conocida, puede que el corazón no brinque como la primera vez, pero la seguridad y tranquilidad de saber que seremos satisfechos pagan la boleta. Algunas veces la mente o el corazón no están para la incertidumbre, así probablemente lo desconocido sea bueno; en estas ocasiones nada como la mano o libro ya conocidos.

Volviendo al tema, compré el libro, y lo estaba hojeando hace unos minutos, que a propósito, es otro de los grandes placeres de leer, hojear e ir a donde a uno se le dé la gana… quién dijo que los libros había que leerlos como los autores quieren? Me uno a Daniel Pennac cuando habla de los “Derechos del Lector”, comulgo completamente en cuando a que lo mejor de un buen libro solo se obtiene a la cuarta o quinta releida.

Y estaba en que compré el libro, mire perezosamente el capítulo sobre “Rojo y Negro” y Stendhal y en la parte donde termina la descripción de su vida, me encuentro con esta observación:

Lo llevaron a sus aposentos y murió al día siguiente. Había pasado la vida persiguiendo la felicidad y nunca había aprendido que la felicidad se alcanza cuando no se busca; y además, que sólo se conoce cuando se ha perdido. Es dudoso que alguien pueda decir “soy feliz”; sino sólo “fui feliz”.

Porque la felicidad no el el bienestar, el contentamiento, el sosiego, el placer, el gozo: todos estos son parte de la felicidad, pero no son la felicidad.

Es por esto mismo que los griegos decían que sobre un hombre sólo se podía decir si había sido feliz después de muerto.

Recuerdo que una vez una alumna muy intrigante de Tuluá me preguntó a bocadejarro: “eres feliz?” y yo les respondí con seguridad: “no”, a lo cual me dijo “cómo puede ser eso! yo soy feliz!”

Siempre pensé que, o ella sabía algo que yo no sé, o yo sé algo que ella no sabe. En el primer caso, hubiera dado lo que fuera para que ella me lo diera, en el segundo, ignorance is bliss

Lo cual explicaría, entre otras cosas, porqué los Colombianos consistentemente nos describimos como uno de los pueblos más felices del mundo.

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Feb 04

En el colegio, en lugar de la sarta de pendejadas que le enseñan a uno sin ser lo suficientemente maduro para comprenderlas, debería haber una clase especial para los hombres dedicada a dos cosas solamente:

  • Leer “Rojo y Negro” de Stendhal. Pero no leerlo por leerlo, sino como si la vida dependiera de ello. Y es que literalmente sus vidas dependerán de leerlo, comprenderlo, interiorizarlo, memorizarlo y aplicarlo. Todo lo que necesitan saber acerca de las relaciones con las mujeres y como sobrevivir a ellas está allí. Todo excepto el final. Si el final lo hubiera escrito Balzac sería memorable, pero el final de Stendhal me parece un poco forzado, además que se tira toda la idea del resto de la obra. Pero créanme, ese libro es el mejor regalo que se le puede hacer a un hombre.
  • Cómo quitar un brassier, sostén o sujetador. Es indispensable saber abrir el broche a oscuras, mientras se da un beso, con la mano izquierda, sin ninguna clase de ayuda y sobre todo furtivamente, como quien no quiere la cosa, y en menos de 3 segundos. Si se demora un poquito más, se expone a que la dueña de la prenda piense en qué está pasando y eso, señores, no se puede dejar pasar. Si hay lucha desabrochándolo, pierde puntos, si tiene que usar las dos manos, crea distracción, y nunca, sobre todo nunca, pidan ayuda. La volteada de ojos clásica mientras la susodicha se lleva las dos manos a la espalda y lo hace quiere decir: “sos un pelmazo”.

La vida de todos los hombres, sobre todo a esa edad, sería mucho más fácil si uno pasara unos años estudiando esos dos temas como si su vida dependiera de ello, y créanme; depende de ello.

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