Oct 09

Si te estrellas, pues simplemente recoges los pedazos y arrancas de nuevo.


Cuando era mucho más joven, la niña que era mi novia en esa época me decía cariñosamente que por favor cuando le fuera a tirar los doberman a alguna mujer no le hablara de mi obsesión doble: Alejandro Magno y la inmortalidad, que les hablara de cosas más suaves, que no las asustara así tan de entrada.

De Alejandro Magno ya he hablado muchas veces, es realmente un personaje extraordinario. En todo. En la antiguedad a veces elevaban a personas a la categoría de dioses después de muertos; él se lo merecía en vida. Tal vez lo que más le admiro es la confianza tan enorme que se tenía.

Pensemos por ejemplo en la batalla de Gaugamela, o Arbela. Alejandro estaba en Asia con un ejército de unos 40.000 hombres, los mejores del mundo, eso si, pero nada comparado con la horda de soldados de todos los confines del imperio persa: medos, sirios, escitas, bactrianos, partos, escitas, y un largo etcétera. Según los historiadores antiguos eran un millón de hombres, pero la verdad los modernos no creen que logísticamente se pudiera mantener un ejército de ese tamaño por mucho tiempo. Los cálculos dan ahora para unos 200.000. Es decir, desventaja de 5 a 1.

Alejandro Magno dejó que su enemigo preparara su ejército durante dos años. Dejó que eligiera el sitio: una planicie en Asiria muy cerca de la antigua ciudad de Nïnive. Dejó que durante meses aplanara ese lugar para que su caballería y sus carros falcados (carrozas con espadas en las ruedas) se pudieran mover sin ninguna traba.

¿Porqué hizo eso? Porque quería tener una batalla definitiva, y que no hubiera ninguna excusa. Tenía que ser una victoria decisiva, sin atenuantes y sin que el ejército enemigo pudiera pelear otro día.

La batalla de Gaugamela enfrentó a 40.000 contra mínimo 200.000. Y los 200.000 no eran mancos, eran los mejores soldados del imperio persa, incluso había muchos escitas, los antepasados de los hunos y mongoles. Si les interesa saber cómo fue la batalla, pueden consultar diferentes sitios de historia militar para que vean la genialidad del plan de Alejandro, pero lo que a mi me interesa contar es un par de cosas:

  • El día anterior a la batalla, Alejandro se reunió en un concejo de guerra con sus generales y les mostró su plan. Yo por lo menos le habría dicho que me parecía una locura pelear superado 5 a 1, en un lugar plano, sin obstáculos naturales, ni rios, ni montanas y máxime cuando el enemigo tenía por lo menos 40.000 soldados de caballería. Conclusión, los iban a rodear, es más, los rodearon, pero Alejadro tenía un plan genial. Convenció a sus generales con su plan , luego hizo reconaissance del sitio donde se iba a pelear al otro día y se fue a dormir.

    ¿Cómo habrían dormido ustedes? A mi la emoción, los nervios, la anticipación, la ansiedad, no me hubieran dejado tranquilo. Sobre todo la responsabilidad, saber que si me equivoco no sólo muero yo sino también los 40.000 que me acompañan desde hace 2 años.

    Pero Alejandro durmió como un bebé. Durmió tan profundamente que cuando lo fueron a despertar al siguiente día… tuvo que ir su general Parmenio con la armadura y el desayuno en la mano porque Alejandro dormía profundamente… el día más importante de su vida y dormía como si al otro día no pasara nada…
    Es o no es tenerse mucha confianza!
  • Ante de cualquier batalla, la costumbre de los griegos era hacer un sacrificio a un dios, normalmente Zeus protector, y luego cantar un peán (himno). Pero Alejandro no sacrificó a Zeus salvador, ni a Apolo, sino al último dios a quien se le ocurriría uno sacrificarle antes de una batalla: sacrificó al Miedo, Phobos.

    En la película de Oliver Stone, que por cierto es buenísima (la versión final del director, no la que pasaron por cine) se ve cuando Alejandro arenga a sus soldados:

    Conquer your fear, and I promise you’ll conquer death

    Y luego, se puso a la punta de su escuadrón de caballería élite, de sus hetairoi, de los que iban a dar el coup de grâce en la batalla y les dió, como de costumbre, el santo y seña del día. Sólo que el de ese día era especial, nada más y nada menos que los dos caballos del dios Ares:

    Phobos ka deimos:Miedo y terror


Adivinen quién ganó ese día.

Conquisten sus miedos, y les prometo que vencerán la muerte.

¿A qué le tengo miedo?

written by Saudade \\ tags: , , ,